¿Quieres estar al tanto de las actualizaciones y nuevos relatos?

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Notas del recuerdo

El sol lucía sus últimos suspiros cuando caminaba de regreso a casa, tras el largo paseo en solitario que había realizado aquella tarde. Se trataba de unos de esos días en los que echaba de menos a todo el mundo, incluso a mí misma. Buscaba también, en el ruidoso silencio de mis pensamientos, un motivo, una razón, aunque no sabía bien para qué.

Crucé Tetuán y la Plaza Nueva de Sevilla. El sol ya se había marchado, como la mayoría de la gente, como si las estrellas y la luna no ofrecieran luz suficiente, magia suficiente. Y entonces oí el sonido de su violín.

Era fácil distinguirle entre los demás músicos de calle. Mecía las notas con la misma suavidad con la que éstas tocaban el corazón y la mente de quien pudiera escuchar. Sonreí y me sonrió. Había olvidado cuántos meses llevábamos saludándonos desde lejos y las tardes que había pasado frente a él dejándome envolver por su música, pero él pareció recordar algo y, enseguida, empezó a tocar aquella melodía que tanto me gustaba en su violín.

Las luces, la gente, los edificios e incluso la calle, todo desapareció. Sólo estaba él, con su violín, y yo con los ojos cerrados y el alma abierta. Al terminar me miró. Yo estaba conmocionada.

-Pero no te pongas triste -dijo, preocupado, con su acento extranjero.
-No estoy triste -respondí tratando de retener las lágrimas, con éxito. -Gracias.

Ese mismo chico recogió sus cosas y me acompañó a la parada de autobús. De unos euros que había ganado, dio la mitad a un señor que hacía ceniceros y marcos con latas de refresco alegando que "él también tenía que comer". Me escuchó y le escuché, y aprendí tanto que no podré olvidar aquella tarde, ni querría.

Hará ya unos seis años de aquel día. También hace seis años de aquella tarde en la que estuvimos hablando tanto tiempo que, ni él pudo ganar lo que quería ni yo pude comprar el regalo de cumpleaños que buscaba. Y pidiéndole disculpas mil veces cuando nos dimos cuenta, no sólo no le dio importancia, sino que sacó una pulsera preciosa y me la dio "por si no encuentras nada mejor, para tu amiga".

Y perlas así. Esta es la melodía que tanto me gustaba y me gusta, y que tocaba cada vez que me veía: A time for us, de la BSO de Romeo y Julieta.

Aún recuerdo, también, a esas personas que alguna vez me han dicho "ten cuidado con "esa" gente", "¿no te da "miedo" juntarte con "ese tipo" de gente?" y mis respuestas... "el mismo miedo que me da estar contigo ahora, lo único que te diferencia es que has tenido más dinero y probablemente una vida más fácil que él".

Aprovecho, aunque ninguno de ellos pueda leerme, para recordar a Igor, Lidia, Joaquín, Antonio, Ángel, Patricia, Philiph y a todas esas personas, tantas veces invisibles, que tantas veces me han devuelto la vista.

María Beltrán Catalán (LadyLuna)

3 comentarios:

María (LadyLuna) dijo...

Hacía tiempo que no escribía en primera persona, pero al escuchar de nuevo esa melodía me han venido los recuerdos y quería compartirlos con ustedes.
Gracias por leerme y disculpen la demora en publicar, paso tiempo alejada del ordenador y, cuando estoy en él, estoy con investigaciones.
En mi cuaderno sigo escribiendo; procuraré seguir haciéndolo por aquí también y tardar menos entre una publicación y otra.
Espero que estéis todos bien.
¡Un abrazo!

Toñi dijo...

como siempre me hace pensar cada frase que escribes, con esa dulzura y al mismo tiempo crítica con lo que te rodea.
Me culpo porque yo soy una de esas personas que pasan sin mirar ... voy a intentar ver más allá de lo puramente estético aunque ya te digo que me va a costar mucho trabajo alcanzar tu capacidad para penetrar en el alma de los que te rodean, un beso muy grande. TKM

A S C dijo...

María esta historia me ha llegado muy dentro, es preciosa.
La ciudad es aquel lugar donde mas gente hay y mas soledad existe.
Las personas van por la calle como estrellas fugaces, no se paran a escuchar los sonidos de la ciudad, no se detienen a contemplar lo que sucede a su alrededor, no aprecian lo que tienen.
La pobreza es una linea tan delgada que cualquiera pueda estar en ese lado, la vida en un momento no te puede ir bien, tener alguna desgracia y abandonarte hasta llegar a este punto, como estamos viendo ahora los embargos por culpa de la crisis...
Andar entre ellos a mi no me da miedo, puedes aprender mucho e incluso quien sabes puedes ayudar de algún modo, y una simple sonrisa le puede hacer feliz.
Siempre da mas el que menos tiene, que el que mas tiene, porque sabe que no es tener nada.
Yo prefiero tener un trozo pequeño de pan,que una barra si con ello pueden comer varios.
Me ha gustado mucho.