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miércoles, 31 de agosto de 2011

Miradas distintas

Una pareja de jóvenes se había reunido bajo la Cruz de la Cerrajería, en el Barrio de Santa Cruz de Sevilla y, sentada, bebía, reía y conversaba discretamente.
Sólo les vimos tras las rejas de la base que sostenía el monumento. Él llevaba un pendiente en la oreja izquierda, el cabello oscuro, corto, y hablaba con la delicadeza de quien, enamorado, intenta mantener el encanto de una conversación para ellos mágica. Ella, también morena, con el pelo liso y largo, reía cuidando que ésta fuera suficiente; en volumen, duración y entonación había una armonía que sólo se consigue con los nervios de las primeras citas, esas que nos hacen querer suavizar y resaltar, a la vez, nuestros encantos.
Estimé entonces que no llevarían más de un mes y medio saliendo juntos. Les dibujé con la mente miradas capaces de tocar al otro, que se aferraban a los ojos por temor a la posibilidad de intimidar a tan grata compañía.

Caminábamos ya por el Callejón del Agua, para salir del encanto permanente de las calles del Barrio de Santa Cruz. 
David, que respiraba conmigo la magia de aquella noche, me preguntó qué podía decirle de la pareja que habíamos visto en la Plaza de Santa Cruz. Con sinceridad, le expliqué la imagen que mi mente se había formado tras ver a la pareja, antes descrita.

Él, con una sonrisa, me confesó después su versión de la imagen: "a ver, eran un chico y una chica; la chica a la izquierda del chico. Eran morenos. El chico estaba abriendo con una navaja un paquete de esos en los que se vende la botella de alcohol junto con el refresco; concretamente, era ron y refresco de cola. Llevaban vasos de tubo (cubata) pero en cambio no tenían hielo, por lo que les iba a costar más beber. La chica, a su izquierda, tenía un bote verde de patatas fritas sabor cebolla, aunque en ese momento no estaban comiendo ninguna."

Reí. ¿Cómo podían diferir tanto dos definiciones que pretendían describir la misma escena? Extraño, curioso, pero hermoso. 
Entonces aprendí algo: quizás estemos mirando en la misma dirección y, sin embargo, no veremos el mismo camino.

12 comentarios:

LadyLuna dijo...

¡Yuju!
Empezaría con un "siento la asuencia y demora...", pero eso sería repetirme. Estuve de vacaciones con mi chico y mi familia, así que este agosto casi no he tocado el ordenador. Ahora que ya se normaliza la situación, volveré a las andadas.
¡Espero que hayan pasado unas bonitas vacaciones y que disfruten de lo que quede!
Un besito.

JUAN dijo...

Me alegro de tu regreso, Lady Luna.
Tu relato es de una ternura como sólo tú acostumbras a mostrar. De un lado tu mirada soñadora, indulgente, la que da el amor; del otro, la mirada realista que ve en esos jóvenes una relación espontánea cuyo protócolo son compartir cubatas y besos.
Hay quien mira el bosque, cierra los ojos y aspira hondo, intentando llevarse toda la frescura y el perfume de la Naturaleza; otros sólo ven la leña que podía sacars. Es cuestión del estado emocional en que el observador se encuentre.
Un beso, guapa.

Sese dijo...

Sin duda veías en esa pareja lo que sentías en ese momento (y qué envidia de ciudad que describes)

un abrazo

Ted dijo...

Sin palabras :P

Andrea De Haro dijo...

Me encanta como describes a la pareja *-*
Como siempre, sin palabras!!
Un saludo^^

Xevixeis dijo...

Una forma preciosa de explicar que muchas veces la realidad depende de los ojos que la miran! Lo siento por David, pero me quedo con la tuya!^^

Kate dijo...

Bienvenida ^^
Intuyo esas miradas en la misma dirección pero con diferente resultado xD
He actualizado mi blog con un relato diferente (:

Escritora Laura M.Lozano dijo...

Hola María, veo que has tenido unas maravillosas vacaciones completas y satisfactorias.
Tu relato es de una calidad inmejorable.
Tu descripción de la pareja me ha dejado sumida entre ambos como si pudiera oírlos y sentir sus inquietudes en mi propio ser.
La moraleja, sí podemos mirar en la misma dirección pero ver diferentes caminos, pero es cierto que las mujeres, por regla general, vemos la esencia de las cosas y los hombres el materialismo de las mismas. Es muy común que esto pase entre los puntos de vista masculinos y femeninos. Pero también hay excepciones que confirman la regla.
Un beso, preciosa y bienvenida. Te espero por mi blog donde siempre me encanta encontrarte.
=))

Kotei dijo...

Ciertamente lo ultimo que has dicho es la razón de todo ello. Creo que miramos lo que nuestro cerebro y corazón quiere que veamos, y por eso mismo tu fuiste más alla de lo que se te representaba y tu amigo se quedo en lo superfluo.

Un beso

Inma dijo...

Aunque no comente (básicamente porque no tengo tiempo material para ponerme delante del ordenador) sigo leyendote :) y sigue encantandome!!

David Garcia Felis dijo...

Fue muy bonito descubrir como de diferente puede ser lo que vemos; el mismo instante, la misma escena, y descrito tan diferente. Simplemente mágico.
¡Gracias por compartir conmigo esos momentos en los que te inspiras y escribes!
¡Besitos!

El detective enmascarado dijo...

La realidad varía siempre del ojo que la observa. Lo ideal “ver” en lugar de solo “mirar”.