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Mostrando las entradas etiquetadas como acoso escolar

Ángel de la Red

Ya no había marcha atrás. Verónica iba de un lado a otro. Esmeralda estaba apoyada en la pared, cabizbaja. Fátima la acompañaba con los brazos cruzados. —Saldrá bien. —Ana, la coordinadora, miró con cariño a sus compañeras—. Lo conseguiremos. Julia se encontraba frente a la puerta de la Fundación Prevención de RiEsgos VItales por motivos SOciales, normalmente conocida como PREVISO. Era un edificio modesto, al igual que la entidad. Ésta se encontraba asociada a una empresa de ingeniería biomédica y de las telecomunicaciones, aunque había tantas en la zona que no sabría identificar cuál. El sensor de presencia hizo aparecer un holograma que le dio la bienvenida y preguntó si había leído y entendido las Condiciones de acceso. Al ser un procedimiento habitual y protocolario, las aceptó sin leerlas o escucharlas. Cruzó el umbral de la entrada y un empleado robótico, que la estaba esperando, la guió a una sala situada en el subsuelo. Supuso que Ana, tozuda, querría enseñarle algo nu...

Detective justiciero

-¡Es una trampa! ¡No deberías quedar con ellas! -Todos merecemos una segunda oportunidad ¿no? A ti te la di y ahora somos amigos. -No es lo mismo... -¿Por qué no? -¡Porque no y ya está! -Diego, mira... Mira ese árbol. El muchacho desvió la vista de su amiga al árbol indicado. -Es otoño y sus hojas caen. En primavera será colorido. Si cambian las estaciones, ¿por qué no las personas? -Porque las personas pueden ser malas, Matilda. -Y buenas. -Ellas no lo son. -Todos tenemos un poco de todo, aunque todos elegimos qué alimentar, si el bien o el mal, y eso es lo que crece. A lo mejor han elegido hacerlo diferente. Matilda cogió su abrigo del armario y salió de casa. -No pienso ir a ver cómo te hacen daño. -Lo entiendo. No importa. La joven adolescente llegó al lugar indicado por sus compañeras de clase. Al llegar, dos de las chicas confesaron antes de que Matilda pudiera decir nada. -Admito que te empujé. No quería hacerlo. Me convencieron. Sé q...

Al borde del precipicio

-¡Tiradla por las escaleras! Lucía apresuró sus pasos hasta salir del edificio. Buscó con rapidez a su madre y, al divisarla, corrió hacia ella y la abrazó con ternura. Siempre se alegraba de volver a estar con ella. Carolina besó su mejilla y, de la mano, la dirigió al coche y regresaron a casa. -¿Cómo te ha ido en el colegio? -Bien, como siempre. ¿Y a ti? -También bien. He comprado pizza. -¡Qué bien, mamá! El almuerzo transcurrió sin imprevistos, con risas y a salvo. Al finalizar, Carolina se preparó para marcharse a trabajar mientras Lucía fregaba los platos. Un beso, un te quiero y un hasta luego. La joven, de trece años, acudió a su dormitorio para estudiar. Era demasiado temprano para salir con sus amigos. Sacó la agenda de la mochila y se le encogió el corazón al ver que una hoja de papel doblada caía al suelo. Se mordió el labio, tomó la nota y se dispuso a levantarse para tirarla sin leerla cuando una frase amable la detuvo: "léeme, por favor". ...

Quiérete

Alicia era una joven pedagoga que había encontrado trabajo como orientadora en un colegio de su barrio, concretamente, el mismo donde ella estudió. Le había pedido al director, a mediados de curso, la posibilidad  de estar una hora de cada clase como observadora. Durante este tiempo, Alicia iba anotando en su libreta cuanto creía de interés para su propósito. Después, el docente le facilitaba alguna fotografía para que pudiera identificar a los alumnos que considerase. Tras realizar dicha labor en las aulas de primero y segundo de secundaria, estuvo un par de semanas paseando por el recreo, con su cuaderno y bolígrafo. Y más tarde, citó en su despacho, a veces de forma individual y otras en grupo, al alumnado. La primera reunión la tuvo con un grupo de chicos. −Sentaos, por favor. Los jóvenes obedecieron, con alguna sonrisa burlona. −¿Sabéis por qué estáis aquí? −No –respondió uno de ellos. −Me gustaría proponeros algo. Os voy a narrar una situación, y vosotros imaginaréis...