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Detective justiciero

-¡Es una trampa! ¡No deberías quedar con ellas!
-Todos merecemos una segunda oportunidad ¿no? A ti te la di y ahora somos amigos.
-No es lo mismo...
-¿Por qué no?
-¡Porque no y ya está!
-Diego, mira... Mira ese árbol.

El muchacho desvió la vista de su amiga al árbol indicado.

-Es otoño y sus hojas caen. En primavera será colorido. Si cambian las estaciones, ¿por qué no las personas?
-Porque las personas pueden ser malas, Matilda.
-Y buenas.
-Ellas no lo son.
-Todos tenemos un poco de todo, aunque todos elegimos qué alimentar, si el bien o el mal, y eso es lo que crece. A lo mejor han elegido hacerlo diferente.

Matilda cogió su abrigo del armario y salió de casa.

-No pienso ir a ver cómo te hacen daño.
-Lo entiendo. No importa.

La joven adolescente llegó al lugar indicado por sus compañeras de clase. Al llegar, dos de las chicas confesaron antes de que Matilda pudiera decir nada.

-Admito que te empujé. No quería hacerlo. Me convencieron. Sé que estuvo mal. Lo siento.
-Yo también lo admito y lo siento.

Matilda las escuchó. Aunque había asistido al encuentro, que era en un lugar concurrido y seguro, su corazón latía rápido. Se encontraba en terreno hostil y en desventaja. Debía estar alerta por si Diego tuviera razón.

-Acepto vuestras disculpas si se lo contáis a la profesora.
-Entonces nos expulsarían. Tenemos faltas de comportamiento acumuladas, no como tú o como quien nos convenció para hacerlo.
-Es lo justo. Ahora mismo soy yo quien tiene el castigo. Y eso es injusto. Yo no hice nada.
-No podemos hacer eso. Nuestros padres no nos dejarían salir en una semana tampoco.
-Entonces no habéis dicho la verdad. No lo sentís. Os da completamente igual.

Matilda se dispuso a marcharse pero una de las chicas la asió del brazo. Ella no se giró. Solo podía esperar. 

-Suéltame.
-Te lo tienes muy creído. Piensas que todos deben hacer lo que tú digas.
-No, lo que creo es que hay que ser coherente con lo que se dice y con lo que se hace. Suéltame.
-No me da la gana.

La otra chica soltó una carcajada y Matilda hizo un brusco movimiento con el brazo, consiguiendo desasirse. Sin mediar palabra se marchó a paso firme, rápido pero sin correr, y con la cabeza alta. Empezaron a lloverle piedras. Había gente alrededor, algunos miraban y otros no, pero nadie parecía ver. Todos callaban y dejaban hacer. Entonces Matilda echó a correr.


Al día siguiente había una fotografía colgada por los pasillos, en la clase, en la pizarra, en la mesa del profesor...

-¿Quién sacó esta foto?

La pregunta era una amenaza en el tono. La formuló la parte dominante de la pareja de chicas con las que Matilda se había encontrado la tarde anterior. El resto de compañeros guardaba silencio.

-¡Quién ha sacado esta foto!
-Así que es una foto, no un montaje. Está bien saberlo.

La joven adolescente se giró alarmada al escuchar la voz de la profesora.

-Yo no he dicho eso.
-Ya, claro. Lo que estás haciendo en esa imagen no es legal, por cierto. 

La profesora redactó una citación para las familias de las dos agresoras y se llevó consigo a las dos muchachas.

-Las familias defenderán a sus hijas. Esto no servirá de nada. Seguirá siendo la palabra del grupo contra la mía.
-Esa foto, en la que salen tirándote piedras, aunque no se te ve la cara, está también en la calle y en la puerta del colegio. Y me consta que la han recibido más familias, e incluso la policía. 
-¿Cómo sabes eso, Diego?
-Ya sabes que quiero ser detective justiciero.

Matilda sonrió.

-Eso no existe.
-Existo yo, que por el momento me vale. Además, ahora la profesora te cree.
-Eso es cierto.

La profesora regresó sin las chicas y las clases dieron comienzo con normalidad.

-Diego, que... tienes razón. Existes tú, y eso a mí también me vale.

El muchacho esbozó una ligera sonrisa mientras continuaba tomando apuntes. Ella, imitándolo, tomó el bolígrafo y comenzó a escribir en su cuaderno.

Autora: María Beltrán Catalán (Lady Luna)

Comentarios

Toñi ha dicho que…
Es fiel reflejo de lo que ocurre, en mayor o menor grado, en muchos colegios del mundo. Sutil narración que explica con detalle la angustia que se vive cuando se está inmerso en una situación de acoso y al mismo tiempo un rayo de esperanza al incluir en el relato como finalmente se da a conocer la opresión sufrida y son castigadas por ello.
Como siempre en muy pocas palabras dices mucho.
TKM
Samuel Sopeña ha dicho que…
Sobrecogedor relato de una dura y triste realidad, del día a día que viven muchos chavales en el mundo por culpa del acoso escolar.
Todo el mundo calla, nadie habla pero por lo menos uno fue un super héroe por un día y la mejor acción delatar de forma discreta a los acosadores.
Me ha gustado mucho ojala hubiera mas Diegos y profesores que se implicaran para acabar con esta lacra social.
Me ha gustado mucho y me ha hecho percibir muchas sensaciones.

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