martes 17 de noviembre de 2009

Cambiar

Nuria era una niña de unos cinco años, morena y muy linda. Solía llevar un lacito en el pelo y un vestido, o bien un gorro a juego con su ropa. A todos lados iba acompañada de Kuko, un conejito blanco de peluche al que dedicaba su tiempo, amor y confianza.

Sus padres, siempre ocupados, se veían obligados a dejarla en la guardería (más tarde preescolar o infantil) para luego, en casa, estar bajo el cuidado de algún joven dispuesto a hacerse cargo de ella si la madre no llegaba a tiempo.

Así, poco a poco, Nuria fue centrando su amistad en aquella criatura peluda sin vida.

Una tarde, cuando caminaba de regreso a casa, un grupo de niños cuyas edades se hallaban comprendidas entre 7 y 8 años le arrebató de sus manos el conejito.

- ¡Devuélvemelo!
- Si tanto lo quieres... Cógelo.

Los críos se pasaban entre ellos el peluche, a una altura suficientemente elevada para que Nuria no pudiera alcanzarla y rompiera a llorar de rabia e impotencia. Entonces apareció otro niño, parecía tener unos 6 años, que, decidido, salió en defensa de la pequeña.

- Suéltalo, Pedro.
- ¿Por qué? ¿Vas a pegarme?
- Sé dónde vives, se lo voy a decir a tu madre.
- Oh, qué miedo. Pero vale, lo "soltaré".

Pedro lanzó a Kuko ladera abajo, donde las malas hierbas cubrían todo aquello que osara adentrarse en ellas, ocultándolo a conciencia. Luego, huyó con su pandilla. Nuria gritó desconsolada. Cuando su madre la encontró, se la llevó casi a rastras del lugar dejando atrás al chico que había intervenido y amenazado a Pedro. Antes de cruzar la esquina, la chica volvió la vista atrás y comprobó que se dirigía a la zona donde Kuko había sido arrojado. Cuando llegó a casa todavía estaba llorando. "Es sólo un peluche, duérmete ya" le había dicho su padre, pero ellos no podían imaginar cuánto había perdido con él, el vacío tan intenso que golpeaba su corazón y le dolía por dentro, Kuko era su único y mejor amigo en el mundo.

Al día siguiente Nuria repetía el mismo recorrido de la tarde anterior cuando se detuvo al ver de frente al chico desconocido que había frenado la pelea consiguiendo que perdiera lo más valioso que tenía. Ella le dio la espalda y se sentó en la acera con la mirada perdida en la hierba. Él se acercó y la imitó, quedando a su vera.

- Le quieres mucho, se nota, siempre vas con él - comentó, refiriéndose a Kuko, el joven.-Me llamo Javi. Creo que tú eres Nuria ¿no?
-Mi amigo no está. Ayer se lo llevaron. Nadie ocupará su lugar.
- Se puede tener más de un amigo.
- No. Él no está. Tú le dijiste que lo tirara.
- Eso no es verdad.
- ¡Sí que lo es!

Antes de que la primera lágrima brotara de sus ojos oscuros, Javi le tendió un Kuko sucio y arañado. Nuria lo cogió y abrazó con la alegría de quien recupera la vida. Se levantó y acusó al chico de haberla engañado.

- Te lo llevaste, me lo quitaste, por eso lo tenías ¿no? ¡Eres malo!

Aquella noche la pequeña pensó en lo ocurrido mientras acariciaba una de las orejitas del conejo. Pedro lo había tirado después de que Javi interviniera, pero aún recordaba la mirada seria de éste último cuando marchó ladera abajo en busca de su mejor amigo hasta encontrarlo y devolvérselo, ¿por qué?

Al amanecer dejó a Kuko en casa, en la cama. Era la primera vez. Y cuando iba de regreso a casa como de costumbre volvió a ver al chico del día anterior. Se acercó a él, quien extrañado preguntó:

- ¿Y tu amigo?
- Se llama Javi y está delante de mi.

Él sonrió, ella le imitó y cogidos de la mano se fueron a jugar.

Y es que no se necesitan excusas para hacer algo bueno, como denunciar una injusticia o luchar por su antónimo, aprender a querer y a confiar. Muchas veces lo olvidamos y perdemos el tiempo buscando un por qué inexistente.

Para cambiar el mundo hemos de empezar por nosotros mismos, aprender a querer, perdonar y enseñarlo allá a donde vayamos, predicándolo siempre con el ejemplo.

¿Empezamos con una sonrisa?

sábado 24 de octubre de 2009

Nuestro veinticuatro

Llevamos más de dos años y medio reservando nuestro tiempo para, cada mes, celebrar juntos las promesas cumplidas, abrazos y besos de reconciliación o fuerzas renovadas.

Hoy es veinticuatro. Todos mis planes se han hecho añicos, como los sueños de cristal que inventamos los dos. Porque ya no es un día especial para ti, sino uno más como para el resto de personas que respiran la monotonía en sus vidas. Ya no somos los primeros nuestro amor y yo. Ya no. Y duele.

Puedes estar tranquilo. He guardado los reproches en un cajón y escondí las lágrimas en el silencio de mi habitación. Además, he comprado en la tienda de la mentira una sonrisa que vestiré para hacerte sentir mejor, y facilitar tus pasos si tu deseo es continuar conmigo.

No me queda más para darte. Apuré mis restos esperando una respuesta diferente. La puerta está abierta. Porque a pesar de tus decisiones confío en que dentro de ti se esconde ese ángel que me cautivó hace tanto. Y te quiero a mi lado.

Por eso he recogido los pedazos de ilusión, por si regresas y quieres juntarlos con mi ayuda para reescribir la parte de esta historia que tanto daño nos causó. Y así, poder celebrar de nuevo un día como al que hoy diste la espalda atendiendo a tu extraña escala de preferencias. Nuestro veinticuatro.

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miércoles 7 de octubre de 2009

Esperanza


Te fuiste hace unos años sin despedirte, rompiendo la palabra que te forcé a prometer cuando intuí mi cercana soledad... Sin embargo sigues aquí, te has quedado en mí como un sentimiento que me invita cada día a ser mejor persona y superar mis miedos poco a poco, que me renueva en sueños las ganas de dar y continuar, que me grita al oído como una voz incansable que es posible con empeño e ilusión, que aplaude mis buenos actos, que vela mis noches desde un silencio tan secreto como el lugar de mi alma donde te echo de menos.

Mi memoria recuerda cada gesto de tu rostro; la sonrisa como el más característico, siempre amable bajo la mirada de tus sabios ojos de mujer. Mi corazón extraña el caminar pausado de tu persona dejando huella en él.

Los jazmines recogieron tu fragancia para envolver con ella los campos y rincones de la ciudad que tuvo el honor de verte crecer. El trigo robó el color de tus cabellos para dorar sus intenciones bajo el sol del alba y así lograr enamorar al viento que ya no puede disfrutarte y desesperado busca el rumbo a seguir para hallarte de nuevo. Las olas se han llevado tus dibujos de la arena para evitar que alguien los altere con su ignorancia. Los árboles, ilusos, pretenden alcanzar tu cielo o alguna nube extraviada que sepa recrear tu silueta.

Todo lo que llegué a conocer contigo te busca desde que te marchaste, pero yo sé que estás aquí, a mi vera, en mí. Porque eres ese haz de luz que se cuela por los resquicios de mi oscuridad para guiarme a la salida, ese ángel de la guarda que me cuida de cerca, esa estrella que acompaña a la luna y se funde con el sol cuando amanece, esa razón que todo hombre anhela para no rendirse. Porque eres mi más sincera Esperanza.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Juventud

Apenas eran las nueve de la noche cuando caminábamos de regreso al autobús por la Avenida de la Constitución, calle predilecta para músicos con arte no reconocido.

Una pequeña discusión con mi compañía, una culpa más en la espalda, un comentario de malas palabras dirigido al corazón y el orgullo ahogado en mi garganta.

Al señor del blues se le escuchaba desde lejos gracias al buen amplificador que lo hacía posible. Le había visto muchas veces, siempre en el mismo sitio, incansable y con una amable sonrisa en el rostro.

Aquella tarde, a su vera, bailaba de forma sencilla, natural, magistral y perfecta un pareja de edad bien avanzada. Me detuve para contemplar el espectáculo. Cada movimiento desprendía ternura, alegría y, sobretodo, ganas de vivir. Una imagen hermosa que me hizo recordar a groso modo los relatos que descansan en mis viejos cuadernos, narrando historias casi tan mágicas como la que estaba presenciando. Si ya estaba fascinada, imaginen mi sorpresa cuando vi que, al acabar la canción, los bailarines echaron todas las monedas que guardaban en el monedero en el recipiente del músico para luego marchar cogidos de la mano, sin más y como si nada. Completamente enamorados.

Hace años que sueño despierta bailes en medio de la gente en una calle cualquiera. Los ojos cerrados, la respiración en calma, la felicidad en un abrazo compartido. Y cuando creí haber olvidado todas esas ilusiones, esta pareja las revivió sin saberlo.

Con todo esto he aprendido que no es el tiempo el que nos envejece, sino la monotonía, la incredulidad, la falta de empeño y fe en los detalles que la vida nos regala cada día mostrándonos un nuevo amanecer. La juventud se mide con sonrisas y yo, hoy que puedo, os regalo la mía. Porque siempre hay una razón para seguir adelante y la mía es la propia vida.

¿Quién se presta a bailar conmigo?

domingo 23 de agosto de 2009

Sueños de un escritor

- ¿Samuel?

El joven de cabellos dorados y ojos verdes asintió con una sonrisa en sus finos labios. Acerqué lenta la yema de mis dedos a sus mejillas sonrojadas para descender en forma de caricia por su pequeña barbilla y detenerme al llegar a sus firmes hombros. Era tan real.

Fantásticamente imposible, como su presencia, se elevó del suelo tomando mi cintura con sus fuertes brazos.

- ¿A dónde me llevarás?
- Es una sorpresa.

Vendó mis ojos y pude notar cómo nos alejábamos de la ventana de mi habitación. Sentir el calor de su aliento en un susurro erizó los vellos de mi piel provocando también un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.
Cuando descubrió mi visión, un paisaje hermoso e idílico se mostraba ante mí. Le dediqué una mirada incrédula al joven que asintió a la vez que confirmaba mi suposición diciendo:

- Sí, es el paraíso que describiste en una de nuestras conversaciones.

Me depositó con delicadeza en la hierba de un monte que me permitía alcanzar con la vista la montaña que se alzaba majestuosa en el centro de la isla y las costas que señalaban su fin.

- ¿Y sabes qué es lo mejor? - preguntó.
- Que sólo estamos tú y yo.

Asintió de nuevo con la cabeza, tranquilo, sin dejar marchar su amable sonrisa. Me descalcé, inspiré el limpio aire del lugar y le miré traviesa. Cogí su mano y echamos a correr en alguna dirección, no importaba cuál, pues tenía intención de conocer cada rincón disfrutando de su compañía. Un día entre ríos, playas y cumbres tan mágico como perfecto.

Al caer la noche un manto de estrellas velaba por la luna que contemplaba mi silueta recostada en el regazo de quien había dedicado su vida a cuidar mis pasos, proteger mis ilusiones y regalarme las fuerzas para continuar.

Interrumpió mi primer bostezo para entregarme una pulsera. Ésta constaba de veinte cuentas (cinco figuritas de un color plateado, cinco ojos turcos - dos rojos, uno blanco, otro azul y uno naranja - y diez bolitas también plateadas) dispuestas de forma que las esferas se hallaban colocadas a sendos lados de cada ojo turco y figura, de manera que estas dos cuentas quedaban separadas por ellas. Esas figuras antes mencionadas, representaban...

- Una estrella que te guíe cuando te sientas perdida en la oscuridad, si abres lo ojos podrás ver más allá. La luna, que vele tus sueños y contribuya a hacerlos realidad; cree en ellos, lucha. Una mariposa que te recuerde con sus bellas alas el valor de la libertad. Un Cupido, para que sigas amando a todo aquel que se cruce en tu camino y a la vida misma. Y una hoja, para que continúes siendo sencillamente perfecta, como la propia naturaleza.

Examiné el detalle ya colocado en mi muñeca izquierda, repitiendo sus palabras a la vez que deslizaba la mirada por las pequeñas figuras que portaba la pulsera.

- Es preciosa.
- En resumen - finalizó - no te olvides de vivir.

Recuerdo que besé sus labios antes de cerrar los ojos y dormirme al sonido paulatino del latir de su corazón.

Cuando desperté me hallaba en mi dormitorio. El cuaderno con una historia inacabada descansaba sobre la mesa donde el desorden presidía los papeles, lápices y alguna botella de agua.

Había sido un sueño. Samuel seguía protagonizando la salvación en mi libreta sin llegar a salir de las líneas descritas por mi bolígrafo y yo no era una princesa en un cuento de hadas, sino una humilde escritora que soñaba con cambiar el mundo desde sus palabras.

Me levanté. Fue al frotar mis ojos cuando me di cuenta de que llevaba puesta la pulsera de Samuel.

- Pero cómo... - murmuré para mí.

Esbocé una sonrisa al tocarla y comprobar su realidad. Entonces comprendí su última frase. Me había llevado demasiado tiempo encerrada entre las cuatro paredes de mi habitación sin dormir, sin inspiración ni ganas de nada, ¿por qué?, no vale la pena huir de nuestros miedos, ellos están ahí para ser superados y hacernos más fuertes.

Como alguien muy especial me dijo: no hay que olvidarse de vivir.

Hay una vida llena de emociones y sentimientos aguardando tras el cristal de tu ventana, ¡sal, ríe, respira, ama, sueña, vive!

jueves 6 de agosto de 2009

Violinista

Había pasado toda la tarde escuchando las notas que hacías bailar entre la gente despreocupada que caminaba de un lado a otro de la ciudad. No era la primera vez que nos veíamos, hablábamos, reíamos o me regalabas una pequeña alegría.

Se me había hecho tarde, debía irme si no quería perder el último viaje de metro; lo sabías. Dejaste a medias tu canción habitual para tocar mi favorita tras una sonrisa que te devolví encantada. Cerré los ojos, pude sentir tu mirada deslizándose por la partitura creando magia a su vez. Solo tenía oídos para tu instrumento y mi respiración; lo demás no importaba. Disfruté cada segundo como si fuera el detalle más hermoso que recibiría en toda mi vida.

La melodía llegó a su fin. Una mirada tuya me invitó a abrir los ojos y repetir tu gesto sonriente. Me acerqué, besé tus pálidas mejillas y eché a correr después del vistazo al reloj del móvil. Al día siguiente volvería a verte donde y como siempre, pero jamás olvidaría aquellos momentos de sincera felicidad.

martes 21 de julio de 2009

Primavera

¡Hola!

Hace apenas unos días terminé un pequeño cuento de título homónimo a esta entrada y he pensado en publicarlo aquí pues, entre otras personas, lo escribí para vosotros que seguís mis letras de lejos y de cerca^^

Trata la historia de una joven diminuta que se despierta encima de un cuaderno sin recordar nada de sí misma; todo, hasta su nombre, deberá averiguarlo junto a su único y mejor amigo. Es entretenido y se lee rápido; es muy sencillo, tanto en vocabulario como en la trama (está pensado para un público más infantil) pero me encantaría que tomaran diez minutos de su tiempo para leerlo y darme su opinión (¡sin ser muy duros por fi!).

Yo disfruté escribiéndolo, espero que vosotros también lo hagáis leyéndolo. Para ello solo tenéis que pinchar en la imagen de abajo...



Un beso, un abrazo y una sonrisa a todos los que hacéis que este blog siga en pie con vuestros comentarios, ¡gracias, de verdad!^^

jueves 9 de julio de 2009

Maravillas en tu piel


Descálzate y siente la arena mojada bajo tus pies, el agua salpicando tus rodillas. Camina, sabiendo que gozas de piernas para ello.

Déjate acariciar por el tibio sol del atardecer, siendo la envidia de quien no presta su tiempo a maravillas como el propio cuerpo.

Ayuda al pequeño que resbala jugando, usando tus manos para algo más que el trabajo. Abraza con tu delicadeza natural el aire que peina tus cabellos; él se encargará de hacérselo llegar a los que amas.

Escucha la canción del oleaje, guarda su aroma en tus pulmones, saboréalo. Aprende a ver más allá de la orilla, contempla la inmensidad del horizonte, imagina su principio, su trama. Disfrútalo.

Sonríe. Lo tienes todo, estás vivo, ¿no es maravilloso?

jueves 25 de junio de 2009

Se está bien aquí

Se está bien aquí, tumbada en el césped junto a Duna, mi perra, que juega revolcándose en él después de un intenso riego. Es muy temprano, el sol apenas empieza a salir y ya siento su calor acariciando mi cuerpo semidesnudo bajo las nubes sonrojadas que huyen lentamente hacia el Oeste.

Se está bien aquí; la perfecta imperfección del silencio que me acompaña me fascina. Paz. Tranquilidad. Serenidad. Vida. Mariposas que vuelan, insectos que saltan y pájaros que cantan. Sonidos fundidos en una melodía nunca escrita en partituras.

Se está bien aquí, sin agobios, trabajos ni deberes que cumplir. No tengo planes, no los quiero para hoy; un día que decido apartarme de la monotonía para encontrar este momento.

Se está bien aquí, sin embargo, sé que no durará siempre. El tiempo mide la vida con sus minutos y no regala ninguno. Creces y te condenas a dejar de ser un niño. Maduras porque es lo correcto, porque todos lo hacen. Pero yo no anhelo la ansiada libertad e independencia, no deseo alcanzar edades suficientes para ganar el dinero que reina en la avaricia, para qué, si luego olvidas la esencia de ti.

Respiro. El olor a hierba fresca inunda mis pulmones. Un perfume natural que enamoraría hasta a la propia luna si ésta pudiera bajar para disfrutarlo.

Pronto me levanto, desanimada. Un día más que da comienzo, una noche menos en el calendario de este año. Miro mis manos, cierro los ojos, imagino mis piernas y mi voz.

Suspiro, y me hago una promesa.

No permitiré que la absurda tradición venza mi ilusión. Escribiré lo que amo defendiendo los valores en los que creo, por si olvido alguna vez la hermosura de la sencillez. Inmortalizaré mis pensamientos y los guardaré para mi, los compartiré con quien guste.

Esta es mi publicación para hoy. Esta es mi promesa diaria.

jueves 11 de junio de 2009

Ahora me toca a mí.

Érase una vez un payaso que, tras divertir con su presencia a los niños en un parque sin pedir nada a cambio, tomó asiento en un banco, suspiró y una lágrima manó de sus ojos tristes descendiendo hasta sus labios pintados.

Ella estaba allí, observándole con atención y curiosidad desde lejos. Dudó antes de acercarse a él, sentarse a su lado sin mediar palabra, y pensar... Los payasos también son humanos, se caen y necesitan lo que ofrecen, pero ¿quién hace reír a la sonrisa que llora cuando nadie la ve?

Él se giró para mirar a la joven que le acompañaba, que alzó una mano, le quitó la nariz roja postiza para colocarla en la suya, y dijo: "ahora me toca a mí."


Y es que las personas somos seres débiles, todos necesitamos un payaso en nuestras vidas que nos haga olvidar los problemas que atormentan nuestra calma y bienestar. Pero ellos también. Ellos también son humanos, también tienen problemas, se caen, se levantan y, por supuesto, también necesitan un rostro sonriente que les anime a seguir.

Son nuestros amigos. Aparecen cuando menos te lo esperas para quitarte la nariz roja y hacerte reír, porque ellos son así, porque nosotros somos así.

El agradecimiento es una virtud que el hombre no debería guardar en el cajón del olvido; la humildad, la sencillez, la compasión y el cariño tienen que ser nuestro mejor vestido; y la buena voluntad, nuestro guía.

domingo 3 de mayo de 2009

El protagonista del metro.

Ya me encontraba en el vagón cuando ella entró, radiante, acompañada por quien parecía ser su pareja. Era joven, una adolescente que apenas tendría cumplida la mayoría de edad, delgada, de estatura media, sencilla. El cabello castaño revuelto por el día feriante enmarcaba el rostro de ojos dulces y labios carnosos, mirada tierna y sonrisa perfecta. Vestía, a diferencia de las demás mujeres, con un pantalón ancho, claro, y una camiseta oscura que rezaba alguna frase en inglés que no recuerdo. La rebeca marrón colgaba de su cintura.

El metro se puso en marcha y ella se apresuró en apoyarse en uno de los salientes del vehículo, quedando semi sentada. Su acompañante permanecía a su lado, con una tortuga azul de peluche que ella recogió con la ilusión de una niña pequeña de su regazo. Él era un poco más alto que ella, de tez clara y pelo dorado, corto. Se percibía en su presencia la ausencia de frialdad, pues rebosaba magia, como ella.

Las puertas se abrieron y la gente salió dejando paso a otros que subieron. Entre estos últimos se hallaba una mujer con su hija, de seis o siete años más o menos. Ambas rubias y rechonchas. La chica se agarró a una barra de hierro situada junto a la joven que antes describí. Un saludo y una sonrisa iniciaron el espectáculo.

- ¡Hola! ¿Cómo te llamas?-La mayor movía el peluche de forma que parecía hablar él, con gestos y una voz curiosamente cómica.

La chica pasó la mirada de la muchacha al muñeco y sonrió.

- Noa.
-¡Huy, qué nombre tan bonito!

La respuesta fue una carcajada sincera.

- Parece de verdad.
- Es que soy de verdad - respondió la tortuga indignada.
- Qué ojazos - intervino la madre.
- ¡Gracias, señora!-dijo el peluche, volviéndose de nuevo a su amiga.-Has ido a la feria, ¿no?
- Sí.
- ¿Te has montado en muchos cacharritos?
- Sí
- ¿Y qué es lo que más te ha gustado de la feria?
- Mm... Bailar.
- ¡Oh! Yo estoy aprendiendo todavía - la tortuga se llevó una de sus patas delanteras al estómago y la otra la colocó sobre su cabeza, girándose, imitando el baile de una sevillana. Me reí, todos lo hicimos, pero ella, centrada en esa niña, no se percató de ello. Verdaderamente había cobrado vida en sus delicadas manos y a cada frase que decía captaba la atención de más gente.

- María, tienes público.-Comentó su acompañante.

Ella alzó la vista y esbozó una sonrisa al ver a otros dos niños, uno de dos añitos y otro de cuatro, que la observaban divertidos.

-¡Anda, si hay más amigos!-exclamó feliz la tortuga- ¡hola!-saludó con una de sus patitas.

El pequeño se medio escondió tras la pierna de su madre, una joven atractiva, y el mayor respondió con el mismo gesto tras unos segundos de indecisión.

-Noa, ¿por qué no me saluda?- se giró para mirarla con sus grandes ojos verdes.
-No sé.
-¿Es porque soy azul?-sugirió con un tono trágico.
-¡Pero yo si te saludo!-Le animó ella.

El peluche estuvo jugando con ella, encogiéndose y estirándose, haciendo movimientos que luego la pequeña imitaba, durante largos minutos. Pero María no había olvidado a los otros dos, por lo que volvió a intentarlo. Se acuclilló y se acercó a ellos.

-¡Hola, soy Pochi! ¿Cómo os llamáis vosotros?
-...-El menor dijo algo que nadie entendió.
-Álvaro-tradujo la madre-es que es muy corto.
-¡Oh, qué nombre más guay! ¿Y tú?-se dirigió al otro.
- Alexi.
-¡Qué nombres más chulos hay por aquí! ¡Un placer!-Extendió la pata y los niños la estrecharon con una sonrisa.

Nos estuvimos riendo con ella y los pequeños durante el trayecto, hasta llegar a la parada donde los tres debían bajarse.

-Me lo he pasado muy bien contigo, eres muy simpático y muy guapo. Encantada de conocerte.-Se despidió Noa con voz dulce y melosa.

-Oish, qué cosas me dices... ¡Dame un besito!

Deseo concedido. La señora la cogió de la mano y la guió a la salida del vehículo.

-¡Besito, besito!

Los hermanos también se iban, y se despidieron con un beso en la cabeza del peluche que había protagonizado el viaje de vuelta a casa. La madre lo hizo con un "gracias, tesoro". Y se cerraron las puertas.

María se incorporó y, al comprobar que las miradas y sonrisas se centraban en ella, escondió el rostro en el pecho de su acompañante diciendo:

-Ha sido Pochi, no yo.
-Claro.

Una carcajada general recorrió el metro, a la que me uní sin complejos. Y es que no hace falta dejar de creer cuando se crece. Puedes ver y hacer lo que te propongas, como darle vida a un muñeco y entretener con ello a todo aquel que se deje envolver por la magia de los sueños.

miércoles 8 de abril de 2009

¿Quieres casarte conmigo?

Por fin había llegado el día en el que, hasta Dios, sería testigo de nuestro amor. Un velo blanco, semitransparente, caía por tu espalda cubriendo los dorados cabellos que conseguían hacerse notar con sus rizos definidos. La tez clara resaltaba aún más tus carnosos labios, tan sensuales como tú. El sonrojo de tus mejillas adornaba la belleza de tus ojos azules, color que competía con el cielo sin nubes que se cernía sobre la ciudad. Tu cuerpo, perfecto, lucía sus curvas bajo el vestido blanco, sencillo y hermoso escogido para la ocasión. Los zapatos de tacón hacían aún más esbelta tu figura escultural.


Te amaba. Jamás había estado más seguro que en aquel momento. Me sabía dispuesto a darlo todo por ti, a convertirme en uno de esos príncipes que protagonizan tus cuentos de hadas. Haría lo imposible por verte feliz y poder gozar de tu sonrisa, porque nadie más que tú me ha enseñado a vivir para amar y amar para vivir. A no hacer del sueño una vida, sino de la vida un sueño. A no desperdiciar el tiempo odiando, pues amar es mucho más fácil. A no decir nunca nunca y luchar siempre sin violencia.


Al fin desperté una mañana y te vi a mi lado, dormida. Tu respiración era una melodía que seguía el compás del latir de tu corazón... Entonces comprendí que para cumplir mis sueños y hacerlos realidad, primero tuve que abrir los ojos.


Y así es como siempre recordaré el día de nuestra boda, la consecuencia de tu respuesta a mi pregunta: ¿quieres casarte conmigo?

lunes 16 de marzo de 2009

¡18 añitos!

¡Chi! Hoy día 16 de marzo cumplí 18 añitos y, aunque de momento no he podido celebrar nada debido a la inmensa cantidad de exámenes a la que nos enfrenta el colegio, quise hacer un video incluyendo a la mayor parte de las personas que han marcado mi vida (aunque me faltan bastantes... Espero que sepan que también va por ellos).

Porque antes de ser quien soy, era una sombra sentada en el pupitre de la esquina, al fondo de la clase. Ni mi compañero de mesa sabía mi nombre. Y vosotros me habéis dado un lugar en vuestro corazón, en vuestra vida... Algo que jamás olvidaré.

Gracias por contar conmigo, por vuestros detallitos, siempre tan hermosos. Por confiar en mí, por estar ahí.

Nadie dijo que la vida fuera fácil... Solo prometieron que valdría la pena vivirla.

Gracias por existir.

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A todo esto, debo agradecer a todos los que me leen y comentan, por hacer que este blog siga adelante, por invitarme a seguir escribiendo.

¡Os quiero a todos!

domingo 8 de marzo de 2009

Tú, mi protectora; yo, tu refugio.

Hoy ha venido llorando al refugio de mis brazos. Acurrucada, me ha confesado cuán cansada está ya de fingir ser fuerte para proteger a los demás, porque en este momento se siente frágil, cual muñequita de porcelana que teme caerse desde lo alto de una repisa al notar que tambalea su equilibrio.

Te escribo a ti porque nadie merece los insultos que visten tu voz, empujones en la moral que la hacen dudar de su forma de ser, de sus posibilidades de superación, de todo.

Ella siempre ha estado al lado de sus amigos, previniendo, comprendiendo, adivinando nuestros movimientos, y a pesar de ello pocas veces la escuchamos. Ella nos ayuda sin pensarlo si equivocamos nuestros pasos. Se ha hecho querer porque la necesitamos, se ha convertido en alguien importante para aquel que la conoce. Es grande, especial.

No tienes derecho a hundirla, romper sus ilusiones o alejarla de sus sueños. Quiero que sueltes las palabras manchadas de envidia y egoísmo y hagas el intento de apoyarla y escucharla como ella hace, siempre, incondicional. Quiero que pruebes tu capacidad de soportar la carga que lleva con una sonrisa.

No valoras ni apoyas sus decisiones, pretendes destrozar su autoestima sin más. Pero no te lo voy a permitir. La suya, no. Porque ella es parte de mi y lucharé a su lado para demostrarle que ni siquiera tú puedes vencerla.

martes 24 de febrero de 2009

¡De concierto!

La noche del sábado 21 tuve la oportunidad de disfrutar del concierto del grupo heavy español que más me gusta: WarCry.

Fue bastante curioso, bajarme del coche y unirme a la cola de gente vestida de negro que esperaba la apertura de las puertas de la Sala Q. Allí me encontré con mis amigas y, una vez dentro, con mis amigos.

La música retumbaba en las paredes y la gente se concentraba frente al escenario, donde DarSun tocaba para ambientar la sala antes del verdadero concierto. Irene, Christian, Dani, mi hermano y yo, echamos un vistazo general antes de que Charlie viniera en nuestra busca y nos llevara hacia una posición cercana al escenario. Xanti, Almu y Aurora llegaron más tarde, justo en el momento que DarkSun recogía su presencia para dejar paso a... ¡WarCry!

Su entrada fue extraordinaria y su saludo, la primera canción del último disco. Tardé en reaccionar, creer que verdaderamente me hallaba entre el público que saltaba, gritaba y unía sus cabellos a la locura. En cuanto me lo creí, me dejé llevar como nunca lo había hecho. Fue una experiencia inolvidable. Las canciones iban sucediendo y cada vez me sentía más heavy que nunca, aunque no tanto como Charlie, con quien canté el estribillo de Nada como tú mientras nos mirábamos y nos metíamos en el papel de quien disfruta un concierto como nadie.

Me hizo mucha gracia que Charlie, Julio y David hicieran de escolta impidiendo que los empujones de los que se situaban delante llegaran a mi y más tarde, a mis amigas también. No me hizo gracia el hecho en sí, sino darme cuenta de lo bien que lo estaban pasando haciéndolo.

La verdad es que ha sido genial, y debo señalar que los directos del grupo son aún mejores si los vives. Me gustó mucho la canción que escogieron para cerrar el concierto, Hoy gano yo, muy acertada bajo mi punto de vista.

Fue una lástima que no pudiéramos hacernos alguna foto, pero en los mejores momentos siempre falta la cámara je, je... (Y en este, además, faltabas tú.)

Bueno, después de contaros la experiencia del primer concierto heavy al que voy, os dejo escuchar una de las canciones del último disco (Revolución) que se llama La última esperanza.

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¡Uh! ¡Y este jueves rumbo a Madrid para volver el domingo! Qué semanita =)

domingo 8 de febrero de 2009

Inventar un mundo.

Jamás se cansaría de contemplar su figura escultural danzando bajo la blanca lluvia que adornaba el escenario y embellecía la ciudad.

David realizó el mismo recorrido desde la escuela hasta llegar al lugar de siempre, donde ella bailaba incansable ante los ojos de nadie, los ojos de él. Pasaron los minutos y el joven, alto, delgado, fuerte, de cortos cabellos y gran atractivo físico, se incorporó, dejando tras los arbustos la mochila que antes colgaba de su espalda, para preguntarle su nombre. Al pisar la nieve, el tiempo murió en un instante que provocó la inmovilidad de la chica, quien transformó su espectáculo en imagen de cristal. David se aproximó a la translúcida figura, repentinamente inerte. Dio vueltas en derredor de ella, embelesado, extrañado, sorprendido, anonadado.

Sabía la enorme probabilidad que existía en que todo lo que había visto fuera un producto de su desbordante imaginación, pero no quiso marcharse, olvidarla sin más. Se preguntó, nuevamente, por el nombre de la chica, por su existencia, por la razón de su baile… No entendía por qué siempre sucedía lo mismo y nunca avanzaba; era monótono pero adictivo: ella, perfecta; su baile, delicado.

Una vez más se dispuso a marcharse, mas justo cuando daba el primer paso en sentido opuesto a la que había supuesto su locura, unas manos rozaron su rostro en una suave caricia. La joven había vuelto a ser humana y danzaba dando giros en torno a él, meciendo sus largos cabellos oscuros al son de sus movimientos. David sintió una oleada de nervios, sentimiento que impidió hacer manifiesto su curiosidad. De todas formas recordaba lo que ocurriría: ella desplegaría sus labios y, antes de poder escuchar su voz pronunciando su nombre, todo se acabaría.

Detestaba esa incertidumbre, necesitaba desvelar aquel misterio si no quería desesperarse ante su obsesión por una bailarina que se convertía e cristal en cuanto sentía su presencia. Y llegó el momento. La chica sonrió con una dulzura sobrenatural mientras acercaba su boca al oído del joven, para susurrarle muy bajito y por vez primera: “Yurena”. David despertó en el silencio de una antigua biblioteca, sentado frente a la mesa sobre la que yacía un viejo libro, desgastado, que mostraba una figura de cristal como portada. Entonces comprendió que se había enamorado de una fantasía, un personaje de ciencia ficción que se escondía tras las líneas de aquellas páginas esperando su regreso.

¿Acaso no es leer viajar en silencio y en secreto a lugares diferentes en compañía de pura magia?

El joven, ya en su habitación, bolígrafo en mano y palabras naciendo en su cuaderno sin demora, había decidido escribir su propia historia, crear un universo distinto, a su manera.

¿Acaso no es eso escribir: inventar un mundo a nuestro antojo?

miércoles 24 de diciembre de 2008

Viaje a donde quieras.

Siempre pertenecí a una familia humilde y sencilla que a duras penas llegaba a fin de mes. Tampoco es que nos quejáramos de nuestra situación: éramos felices, estábamos sanos y constituíamos una familia unida, de las que ya casi no quedan.

Como todas las personas que disponen de una casa, un hogar, teníamos vecinos a ambos lados del recinto (un chalet heredado de mis abuelos). Uno de ellos poseía tal cantidad de dinero que no sabía apreciar el sentido y el valor del trabajo; el otro, en cambio, era más o menos como yo.

Lo que quería contaros ocurrió el día de mi dieciocho cumpleaños. El primero, antes mencionado, me compró un par de joyas caras cuyo precio podría haber alimentado a mi familia durante una semana; el otro, sin embargo, me dio un billete hecho por él que rezaba:

"viaje a donde quieras"

Un regalo extraño que me desconcertó.

- Dime un lugar... ¡El que desees! - insistía.
- ¡No sé...!
- Mmm... Te gusta la noche, soñar que vives cuentos de hadas... ¿Quieres que te lleve a un baile sobre la luna? Donde las estrellas envidien tu hermoso vestido de princesa y se enciendan iluminando tu imagen y la mía, bailando al son de...

Yo no comprendía nada de lo que decía, todo era tan loco, irreal, romántico y absurdo a la vez, que me costaba creer que de veras me encontrara en la situación de tener que responderle.

Al caer la tarde, cubrió mis ojos con una venda oscura y, en coche y a pie después, me llevó hacia... Una habitación, grande, tenue, repleta de butacas vacías, separas por un pasillo, el cual se hallaba presidido por un escenario de madera. Entonces me percaté de que me encontraba en una sala de teatro.

Mi joven amigo me guió hasta un baúl situado tras el telón. Lo abrí. Había trajes de todo tipo, maravillosos, fabricados con una tela que se coordinaba con la magia del momento, haciendo que eliminara cualquier sospecha acerca de la fantasía del disfraz. Hurgando, encontré un vestido rojo, sencillo pero elegante, espléndido. Me vestí, maquillé ligeramente mi rostro y peiné mis cabellos, adornándolos finalmente con un lazo a juego.

-Estás preciosa.- sonrió.- ven, sígueme.

Tomó mi mano y me llevó al escenario. Apenas podía distinguir su figura frente a mi, debido a la plena carencia de luz que nos envolvía. Colocó su mano libre en mi cintura, y el suelo se iluminó bajo nuestros pies, imitando con dibujos los cráteres de la luna. Acto seguido, pequeñas bombillas con forma estrellada se encendieron, creando un ambiente mágico, de ensueño.

Justo antes de que pusiera reaccionar, comenzó a sonar una melodía: era mi canción favorita... Y aquel día supimos hacerla nuestra.

Bailamos en la cúpula oscura de una noche perfecta, me bajó la luna y la puso bajo mis pies, un regalo que jamás olvidaría.

-¿Y quién era ese joven?-preguntó, curiosa, la nieta.
-Tu abuelo, cariño, tu abuelo.- respondió, con una ligera sonrisa nostálgica.-pero lo importante de esta historia, es que descubrí que una sonrisa por compromiso puede comprarse, pero la felicidad... Se consigue con pequeños detalles que no requieren mucho dinero, únicamente tiempo, imaginación, y cariño.

lunes 24 de noviembre de 2008

Si tuviera que escoger...


Si tuviera que escoger entre todas las canciones que conozco, sin duda me decantaría por la que suena en los besos que me das, en los besos que te doy, en los besos que nos unen.

Si tuviera que escoger entre todos los caminos que existen, sin pensarlo acudiría a aquel donde tu te encontrases.

Si tuviera que escoger entre todos los lugares del mundo, carecería de dificultad, ya que donde me siento segura, viva, feliz, es en el lugar que se esconde entre tus brazos...

Si tuviera que escoger entre todos los sentimientos, no podría, porque mi corazón ya eligió amarte hasta el fin de mis días.

Si tuviera que escoger entre mil sonrisas, la tuya.

Si tuviera que escoger entre todas las miradas, buscaría en tus ojos aquella que me llena, que me dice que soy única para ti, que no hay nadie más, que solo yo estoy en tu campo de visión... Aquella que me dedicas cada día, cada mañana, cada tarde o cada noche... Aquella que nunca quiero que deje de mirarme.

Si tuviera que escoger entre todas las palabras, no me quedarías más opción que inventar alguna que nos defina como NOSOTROS, como un solo corazón.

Si tuviera que recoger las lágrimas que derramé por ti, me resultaría imposible, pues ya te encargaste de cambiarlas por sonrisas o secarlas con tus besos.

Si tuviera que escoger entre todo mi mundo, toda mi gente, todos mis sueños, mis ilusiones, y tú... Te elegiría a ti, porque representas todo aquello que me da vida...

Si tuviera que escoger entre seguir escribiendo o detenerme aquí, me temo que tendré que parar, no por falta de argumentos, sino porque jamás terminaría de dar razones que justifiquen porqué te elijo a ti entre todos.

Si tuviera que escoger entre cualquier fecha, sin duda elegiría el 24 de marzo del 2007, el día en el que juntos, comenzamos a escribir con tinta del destino Nuestra historia.

jueves 25 de septiembre de 2008

Tú...

Silencio, permíteme refugiar mi dolor en tus letras, formando palabras que solo entiendo yo.
Dolor, me haces daño, pero no marches si no es tu deseo, pues tu presencia es la confirmación de que hubo un principio cómplice real.
Soledad, acompáñame de nuevo, tan fiel a mí como la sombra de mi cuerpo al caer.
Sangre, deja de fluir, escapándote por los resquicios de mi alma rota.
Corazón, no ceses de latir cuando se crucen nuestras miradas, porque es así como respiro, porque es ahí cuando vivo.
Odio, desiste de tus esfuerzos, no soy capaz de sentirte.
Amor, no entiendo las razones por las que te guías, pero confío en ti y te seguiré hasta el fin de mis días.
Poesía, palabra, no permitáis que pierda vuestra magia.
Luna, yo también tengo una cara oculta que nadie sabe ver. Y te comprendo mejor que cualquier científico que presuma de estudiarte. El mar quiere alcanzarte desde hace mucho tiempo, los bohemios te admiran desde los comienzos, pero solo hallas la felicidad en el eclipse. No te importa cómo suceda, ni que debas separarte del sol después del encuentro, pues paciente esperarás al próximo beso.
Ojos, no ceguéis la mirada de quien ya conoce el porvenir de la situación.
Manos, no me falléis ahora, porque junto al lápiz y este papel formáis el apoyo moral que necesito para seguir adelante.
Voluntad, dame valor para ser fuerte y levantarme en cada caída, para servir a quien le haga falta.
Sonrisa, ayúdame a ocultar las lágrimas que lleven su imagen grabada.
Amiga, no cuestiones este escrito, pues no soy yo sino el corazón el que habla a través de un silencio que pide a gritos su escucha.
Distancia, no me alejes de su abrazo.
Tú, ignora todo acto que impida o interfiera en tu natural alegría; te acompañaré como quieras, aunque no pueda tenerte.
Yo, subiré a mi nube para soñar que volvemos a imaginar un reino hecho para los dos.

lunes 22 de septiembre de 2008

Payaso.

Eres como el payaso que se empeña en llenar de alegrías caras ajenas, maquillando sus lágrimas con una sonrisa. Eres como el payaso que actúa, tomando por escenario la propia vida. Eres como el payaso que oculta sus miedos y debilidades, bajo un disfraz que yo no creo. Eres como el payaso que mi destino contrató buscando mi bienestar. Eres como el payaso que lamenta la obligación ya impuesta de crecer perdiendo la inocencia pura de la niñez. Eres como el payaso que busca su lugar en el Tiempo, sin comprender que la vida le situó en su presente por alguna razón, siempre desconocida. Eres como el payaso que no se conforma con alcanzar la cima, sino que necesita escalar la montaña superando retos que demuestren su valía. Eres como el payaso que niega la existencia de alguien que entienda su preocupación. Eres como el payaso que no encaja en la sociedad si no es de forma distinta a los demás. Eres como el payaso confundido que siente la soledad a pesar de verse rodeado de personas a las que sí importa, aunque no lo crea. Eres como el payaso que finge creer su superioridad respecto al resto, siendo en realidad humilde y compasivo.

He tenido la suerte de descubrirte tras tu escenario, despojándote de la coraza que te protege del materialismo. Eres humano, como yo. Llora, desahógate, porque tienes derecho a ello y un hombro sobre el que hacerlo. Déjame ser tu amiga, tu confidente, tu apoyo... Tu payaso.

sábado 6 de septiembre de 2008

El genio de la imaginación.


- ¡Y... Aquí estoy yo de nuevo, el genio de la lámpara mágica, el magnífico, el...! ¿Dónde está Aladdín?
- Volando, de nube en estrella, de sueño en poema.
- Oh, y no nos ha llevado consigo... Después de todo lo que hice por él.
- Lo sé.
- ¿Por qué me has llamado? Era feliz decorando mi lámpara.
- Porque se me había ocurrido que, siendo un genio, podrías... No sé... Sacarnos de este cuento, escaparnos a la realidad un rato. Es algo ilógico, lo sé, pero...
- Um... Me parece buena idea, princesa Yasmin.
- ¿Me llevarías?
- Claro, pero debemos pasar desapercibidos.
- Está bien.
- Vale, pues ahora quiero que cierres los ojos y sostengas la lámpara entre tus manos. Cuando una luz dorada te haga abrirlos, hazme salir (frota, ya sabes).

Yasmín obedeció, estaba nerviosa, iban a quebrantar las leyes de la normalidad, pero no le importaba, siempre había sentido esa necesidad de salir y conocer un mundo nuevo. Gracias a ello conoció a su amado Aladdín. De repente, notó algo a su alrededor, y una luz rozando sus párpados. Recorrió con la mirada cada poro de su piel, las telas de su ropa, todo. Luego, observó el bello entorno de un parque bien cuidado.

- Vaya...

Hizo ademán de apoyar sus manos en el poyete en el que estaba sentada, pero el tacto del hogar de su viejo amigo se lo impidió. Frotó la lámpara y el genio salió eufórico, feliz, nervioso y con ganas de empezar a conocer aquel extraño lugar. Como Alfombra se había quedado con Aladdín, tuvieron que apañárselas con la pequeña nube de la joven princesa. Con ella, viajaron por toda la Tierra.

Lo que más les sorprendió, fue la enorme diversidad de situaciones de las gentes, así como ellas en sí. Había personas que apenas salían del trabajo, otras, que se quedaban enganchados a algo que llaman “consola” o nunca se les ocurría la genial idea de dar una vuelta o divertirse un rato. Había personas que odiaban a los suyos de tal manera que asustaba a nuestros dos protagonistas, personas cuyo egocentrismo les llevaba a la desolación. Había personas que reunían armas y se mataban entre ellos, queriendo ganar una batalla imposible, personas que pagaban el precio inocente de estar en el lugar equivocado... Pero también había personas que dejaban atrás todo bien material para ser misionero, para ayudar al prójimo que le necesita, personas que lo daban todo porque su gente estuviera bien, personas que creían que la vida es algo más que lo que puedes ver o tocar, personas que no perdían sus sueños a pesar de que el resto quisiera imponer el martirio humano: el dinero. Y entre todo eso, pudieron complacerse ante el magnífico beso de dos enamorados que se prometían la luna o alguna estrella que para ellos sería única y especial, que imaginaban ir en un buque que les llevara a “un mundo ideal”.

Al caer la noche, el genio y la princesa volvieron a su cuento. Aladdín ya había regresado de sus aventuras y buscaba a su amada desconociendo su paradero. Yasmín abrió la puerta de la ventana y entró en su habitación. El genio, antes de que la princesa fuera al encuentro de su príncipe, la llamó.

- No digas nada, no debe saberlo. Será nuestro secreto.
- Pero...
- No te preocupes, algún día nos acompañará, o serás tú quien viaje con él.
- ¡Yasmín! – Aladdín corrió y abrazó a la susodicha. El genio aprovechó el momento para irse.
- ¿Dónde estabas? Me tenías preocupado.
- Salí con el genio al balcón y no me enteré, lo siento.
- ¿Qué hacíais?
- Solo... Imaginábamos cómo sería el mundo de allá afuera.
- Diferente, como todo. – Esbozó una sonrisa a la vez que se encogía ligeramente de hombros. - ¿Por qué? ¿Acaso no te gusta esto?
- Claro que sí, este es nuestro reino, nuestro mundo ideal...
- Pero no por ser un cuento, sino porque estamos tu y yo, los dos juntos... – La besó suavemente y se separó de ella. Silbó, y Alfombra apareció. – Sube.

Yasmín obedeció y se dejó guiar por la magia de su príncipe Aladdín. Guardando en lo más profundo de su silencio el secreto de haber sido el primer personaje que escapó de un cuento, volviendo después para callarlo.

Como ella, nosotros también podemos escaparnos a otro cuento, a un mundo distinto al nuestro, dejando a un lado la monotonía material que nos controla en tantas ocasiones...

¿Cómo? Es fácil, solo tienes que dejarte llevar por tu imaginación y volar con tus sueños, sentir la extraordinaria belleza natural que nos ofrece la vida.

viernes 29 de agosto de 2008

Acompáñame.

Acompáñame, como el mar a la roca, como el ave al aire que le eleva, como el sonido a la voz, como el sentimiento al beso más sincero, al abrazo más tierno, como la herida a la caída, como la sangre al cuerpo, como el alma al corazón.

Acompáñame, como la mirada a los ojos, como una mano amiga a la de otra persona, como un camino a los pies de alguien que lo cruza, como hierba a la tierra, como estrella en el espacio, como nube al cielo, como luna al sol en un eclipse de eternos segundos.

Acompáñame, no importa cómo, pero acompáñame.

sábado 16 de agosto de 2008

Abrázame.

Sé, que tras la cara oculta de esta luna que me observa, se encuentra tu faz de ángel velando por mí. Me gusta imaginar que caminas a mi lado en cada paso que doy.

Pero hoy necesito algo que no puedes darme, y me duele.

Ojalá pudiera coger el teléfono, marcar tu número y oír tu voz tranquila al otro lado.

Pero hoy necesito algo más, algo que no puedes darme, y me duele.

Son las dos de la noche y doy vueltas en la cama, más salada hoy que ayer. Busco refugio entre las sábanas, compañía en los peluches, apoyo en el papel.

Pero hoy necesito algo más, algo que no puedes darme, y me duele.

Aunque solo sea en un sueño... Aparece en mi habitación con tu aura celestial, sonríeme mientras clavas tus ojos en los míos dándome seguridad, y acércate. Luego, no digas nada, solo... Abrázame.

viernes 8 de agosto de 2008

Sin palabras...


Había llegado el momento, pronto subiría al avión que me llevaría de vuelta a la Península. En la maleta, recuerdos para mis amigos y familiares, pero los más valiosos los llevaba mi alma en lo más profundo de su alegría, tantas miradas y sonrisas a un metro de distancia, huyendo de las notas de su instrumento para invitarme a quedarme un minuto más.

Me hubiera gustado decirle algo, sobre su música o él mismo, con sus rasgos y atuendo indios, con el cabello largo y negro cayéndole a la espalda.

Si al menos supiera su nombre...

Una voz distorsionada por los altavoces anunció la temprana salida de mi vuelo. Cogí mi maleta y caminé hacia donde me habían indicado; tuve que detenerme al verle allí. Esbozó una sonrisa que le respondí sin creer del todo su presencia. Más me sorprendí cuando avanzó hacia mí, inclinó la cabeza ligeramente en señal de saludo y puso una rosa roja en mis manos.

Luego, un abrazo.

Notaba su mirada seguir mi caminar al alejarme de su regazo y dirigirme al avión, al que subí lanzando una mirada hacia atrás y contemplando su sonrisa por última vez.

Y así dejé Tenerife, la isla de la eterna primavera, comprendiendo que sin palabras se entienden mejor los corazones.

sábado 26 de julio de 2008

Títeres.


La gente cree que no pensamos, que no sentimos el olvido al que estamos condenados, cada vez de forma más evidente. El polvo cubre mi cuerpo deshilachado, mis manos de madera y mi rostro despintado, pero no mis deseos y esperanzas de volver a sentir la ilusión manejándome en un cuento donde siempre terminaba besando a mi única y amada Clementine. Extraño los aplausos que celebraban mi victoria, las voces que me daban vida en el pequeño escenario que ahora descansa en algún baúl, como ella, como yo.

Apenas puedo distinguir la silueta de quien me rodea, pero recuerdo todas las actuaciones que protagonicé, con tal nitidez que puedo rozar la felicidad de aquellos tiempos. Pero me falta ella, Clementine, mi princesa, mi razón y mi verdadera historia. Ojalá supiera cómo alcanzarla, o cómo hacer que algún niño desconecte su ordenador y vaya al desván para algo más que tirar o abandonar otro muñeco de expresión triste.

Ella se ha rendido, lo sé, lo siento en mis fuerzas, que poco a poco flaquean y se debilitan, pero yo mantendré la esperanza, los sueños no desaparecen, están ahí, y aunque mil personas les den la espalda, habrá alguna que luche por los suyos.

La gente piensa que somos meros juguetes, y apenas logran imaginar que son ellos los que se están convirtiendo en las marionetas de lo que hacen llamar: tecnología. Yo soy un títere para quien me ve, pero para aquel que inventa un mundo conmigo, soy parte de un sueño que no se rindió, un personaje que puede saborear la ilusión humana.

Cada vez me cuesta más pensar, meditar sobre todo esto... Debe ser que ya nadie vendrá a por mi. Supongo que llegó la hora en la que me conformaré con ser un viejo trozo de madera pintada; los niños han dejado de creer.

martes 8 de julio de 2008

Vuela


Ojalá pudiera ser como tú, tener alas y volar siendo libre de cadenas impuestas por la normalidad. Atravesar los sueños del cielo con los ojos cerrados, mientras la brisa me invita a seguir el horizonte. Sentirme grande ante la reducida visión del mundo humano. Deleitar con mi canto a los árboles que consiguieron escapar de la ciudad. Desconocer el odio y vivir sin más, disfrutando de cada momento, sin pensar en la moda y en qué dirán...

Se te ve tan pequeño en mis manos que me cuesta creer mis propios pensamientos. Ahora, alza el vuelo y permíteme disfrutar de tu baile celestial.

lunes 23 de junio de 2008

Fotografías.

Buenas^^ Por fín terminé los exámenes y tengo más que tiempo libre para disfrutar del calor veraniego en la piscina y escribir cuando desee.
He ganado un concurso literario, el primer premio de prosa, con el relato de La Dama del Otoño, el cual publiqué hace tiempo por aquí y cuyo título debe estar en el recuadro verde de la derecha.
Gracias a los que os habéis pasado por aquí y me habéis comentado.
¡Por fin he vuelto! Espero que os guste este escrito^^


Momentos inmortalizados en fotografías descansaban con una ligera capa de polvo en aquel cajón que osé abrir sin su consentimiento. Poses y sonrisas embellecían cada paisaje por vulgar que fuera. Pensé en qué gran invento se ideó para capturar historias en un solo segundo, y me pregunté por la trama de una de las fotografías que ahora poseían mis jóvenes manos. En ella aparecía un viejo árbol, en tono sepia. La examiné con detenimiento, poco antes de que una voz me sobresaltara a la espalda.

- No recuerdo haberte dado permiso para que hurgaras entre mis cosas, Hanna.
- Lo siento, yo...

Se acercó con las dificultades propias de una vejez avanzada. La señora Carrie era una mujer cuyo aspecto descuidado contrastaba con su espíritu, lleno de fuerza y ganas de vivir que contagiaba a todo aquel que se cruzara en su camino. Su cabello teñido en un castaño oscuro, caía cual cascada hasta llegar a las primeras curvas femeninas. Seguía siendo atractiva en sus posibilidades. Cuando estuvo lo suficientemente cerca como para divisar la foto, esbozó una nostálgica sonrisa que me intrigó.

- ¿Por qué guardas esta foto? No es más que un olivo.
- Lo importante no es lo que ahí aparece, sino los momentos que te permite revivir.
- ¿Y qué te recuerda este viejo árbol?
- A mi mejor amiga...

Desvié la mirada de la fotografía para sostenerla en sus profundos ojos negros, sin llegar a comprenderla del todo bien. Ella lo notó. Cogió una de mis manos y me llevó a la puerta trasera del jardín, que daba a un parque que no alcanzaba a serlo por la ausencia de cuidado, así como de atracciones para niños. Me guió por un sendero de tierra seca, limitada a ambos lados por malas hierbas y olivos desordenados. Tras unos minutos caminando, el paisaje seguía siendo el mismo, pero ella se detuvo frente a uno de los árboles de la izquierda. La imité.

- Aquí está el olivo de la foto, mi árbol... -Alzó una pierna e introdujo su pie en uno de los resquicios del tronco.
- Se va a lastimar, señora.

No me escuchó, repitió su gesto una y otra vez hasta quedar sentada en una de las altas y gruesas ramas. Al bajar se mataría, era demasiado vieja como para soportar tanto esfuerzo, o una caída de tal altura, la cual era más que considerable.

- Ven, Hanna.
- ¿Está loca?
- ¿Quién, yo, o tú, que me has seguido hasta aquí? Vamos, sube.

Sin saber por qué, imité sus movimientos hasta acabar sentada frente a ella. Nos hallábamos bastante lejos del suelo, que era de todo menos blando.

- Tiene que estar por aquí. - Se incorporó ligeramente y buscó, apoyándose donde podía, lo que fuese que quisiera encontrar. - Oh... Nuestras tres letras... Recuerdo el día en que las escribimos, para hacer nuestro este lugar y eterna nuestra amistad en el tiempo...

Me asomé como me permitieron las ramas y sitios de apoyo, y miré allá donde su vista se fijaba. Entonces comprendí las palabras que en su habitación me había dedicado, las fotografías no capturan la alegría de un momento, sino que son una ventana cuya llave solo pertenece a quien vivió ese recuerdo, que permite revivir la felicidad que una vez sintió...

domingo 27 de abril de 2008

*~.Magia.~*

Ayer no me encontraba muy bien, sentía que todo se me iba de las manos, a pesar de haber sido un día como otro cualquiera.

Me hallaba sentada en el límite de la acera de una calle perdida y sin nombre, acariciando con suavidad el pelaje de un perro callejero que fingía ser capaz de comprenderme. Mi mundo se había derrumbado, y yo aún lloraba bajo los escombros de la realidad. Estaba sumida en mis problemas, naufragando sin rumbo en sus aguas de tempestad, buscando la orilla de solución y compañía, cuando un joven se acercó a mí. Tendría un par de años más que yo, aproximadamente, y vestía con una larga capa que le llegaba a los tobillos, oscura, la cual escondía un atuendo bastante desgastado y ennegrecido, mas su sonrisa, amable y sincera, contrarrestaba a su apariencia. Sus ojos oscuros desprendían la inocencia propia de un niño pequeño, a veces interrumpida por un liso cabello castaño sobre el que descansaba un sombrero alto, negro y viejo.

- Perdona - dijo, llevando su mano a mi rostro. - Tienes algo detrás de la oreja.- Acto seguido, la retiró, mostrándome una moneda donde antes no había nada. Le miré extrañada.- Ah, es cierto... El dinero no puede comprar la felicidad.- Hizo un gesto con las manos, sustituyendo la moneda por un clavel, dejándome claro que era un mago de calle. No pude evitar esbozar un sonrisa cuando me ofreció el clavel.- Pero una flor puede cambiar una lágrima por una sonrisa.

Me levanté y le tendí la mano en señal de saludo. Aceptó encantado.

-¿Nos conocemos? - pregunté.

-Ahora sí - sonrió amable - ¿sabes? La vida es como esta rosa - enseñó sus vacías manos, giró sobre sí y mostró otra flor, esta vez se trataba de una rosa blanca, inmaculada, preciosa. La alzó con la mano, cuidando sus dedos para no pincharse, mientras la señalaba con la otra. - Tiene espinas, como problemas la vida, pero también posee algo maravilloso, que la hace especial, personas, sentimientos, amistad... Cada pétalo es una razón por la que subir la mirada atravesando cada espina, hasta alcanzar la corola. En la vida ocurre igual, merece la pena seguir adelante; hay muchos motivos, sólo tienes que escoger uno. Además... Todo es posible, ¿no?

- No todo es posible, creéme. Aunque, no sé, tal vez tengas razón.

- ¿Crees en la magia? - sonrió, dio un giro, y desapareció de mi vista - porque yo sí.

[En este escrito no hay foto, pues la magia no siempre se deja ver...]

*-Dedicado especialmente a mi Lorena, porque nunca dejamos de creer;)

domingo 13 de abril de 2008

Momentos Pa' Recordar:

{En la feria de Abril de Sevilla}
*- La niña del exorcista casi le corta la cabeza a mi pobre Lore.
*- Alex hubiera querido decirle: "vivo con tu madre" pero el susto se lo impidió.
*- Por más que Rafa y mi hermano gritaran, solo se escuchaban los gritos de terror de Carlos. (XD)
*- A Sergio le dejé la camiseta un par de tallas más grande (xD)
*- Todo fueron risas; estuvo genial ^_^
*- Hubo mucho más, pero si lo cuento no acabo :P
*- En la foto falta Lorena, que estaba tras la cámara;)

{En el Salón Manga de Jerez}
*- Alex se puso malo la noche antes de ir, por lo que no pudo acompañarnos.
*- A Rafa no le dejaron, y mi primo ya había quedado.
*- Mi hermano y yo nos subimos en el tren, y a pesar de ir más dormidos que despiertos, conseguimos sentarnos. Los vagones estaban repletos de gente disfrazada que iba al mismo sitio que nosotros.
*- Me llevé un mapa por si me perdía, pero nos limitamos a seguir a los demás.
*- ¡¡Vimos el concierto de Mr Sensei en primera fila, y Ale tocó con ellos!! *_*
*- Nos hicimos fotos con nuestros personajes favoritos *_* (Squall, Laguna, El Niño del Bate, Lucy, Jack Sparrow, Sakura, Shaoran Li, Gaara...)
*- Nos encontramos a mucha gente conocida.
*- Mis amigos bailaron en el escenario, estuvieron estupendos^_^
*- Conocimos al hombre que mató a la madre de Bambi XD
*- Todo estuvo genial :D

{Nota}
*- Han sido dos días con momentos que merecen ser recordados y que dudo olvidar, por ello decidí publicar una entrada hablando del tema^_^
*- Intentaré publicar un escrito dentro de un par de semanas, si no antes;)
*- Estas son algunas de las fotos que nos hicimos en el Salon de Jerez. Para verlas más grandes sólo teneis que pinchar encima;)

domingo 23 de marzo de 2008

Buscando Inspiración.

Busqué la inspiración en la palabra misma. Busqué la inspiración en antiguos escritos, en libros de autores que no volverán a posar el lápiz en un cuaderno. Busqué la inspiración en los rincones escondidos de mi habitación, en las sábanas que envuelven mis sueños. Busqué la inspiración en el amor de una pareja de enamorados, en su beso repleto de pasión. Busqué la inspiración en una mirada inocente y sincera, en una mano amiga que ofrece su corazón de manera incondicional. Busqué la inspiración en la musa de mil poetas, en algún verso olvidado que nadie recuerda. Busqué la inspiración en una lágrima dolorida por penas acumuladas, en el alma que aún cree en la esperanza. Busqué la inspiración en la nube más alta, el cielo más remoto, la estrella más lejana. Busqué la inspiración en la magia de los cuentos, en las cadenas de las palabras que son sentimientos. Busqué la inspiración en las alas de algún hada que las perdió en mi luna. Busqué la inspiración allá donde fui, en cada rostro. Busqué la inspiración entre pétalos y hojas secas, en un otoño y una primavera. Busqué sin descanso la inspiración en lugares equivocados, para darme cuenta de que se encuentra en pensamientos ajenos. Busqué la inspiración y solo encontré tu luz.
^^
Dedicado a quien lo quiera hacer suyo, especialmente a Rafa, con quien mañana cumpliré un año desde que estamos saliendo^^. También a mis padres, porque sí.
El pasado domingo dia 16 fue mi cumpleaños, gracias a los que os acordasteis, y más a los que vinisteis a verme (¡¡No, el portero no!! XD) Habrá que repetirlo, Rafa, Dani, Ele, Vazquez y Cristóbal.

miércoles 27 de febrero de 2008

Noche Definitiva.

Galopa, blanca libertad, y cruza sin temor el arco iris que tiñe nuestra luna primera.
Y despreocúpate del muro marino que nos impide llegar al horizonte, porque la arena está de nuestro lado.
Galopa, blanca libertad, y recorre hasta saciar tu energía los colores dispuestos por nuestro orgullo.

No había nadie en la habitación, solo nuestros cuerpos desnudos se contemplaban en la cama. Era un momento fantástico, mágico, nunca quise que acabara, mas no cesé de debatirme entre lo que estaba bien o mal. Yo ansiaba conocerte bajo las sábanas que envolvían tu belleza, demostrarte que mi amor es grande aunque lo llamen imposible.

Las palabras sobraban en el recorrido de nuestras miradas, que se encontraron en un acto, un pacto con lo prohibido que me otorgaría la felicidad de estar a tu lado, si por mi fuera, hasta el fin de mis días. Poseías la esencia de un ángel que olvidó sus alas y estaba condenado a la discriminación homófoba de la gente, pero no te importaba, de daban igual los demás, así como sus pensamientos de ignorancia y no aceptación.

Dejé que tus manos curiosearan, y te imité. Busqué tus labios en la oscuridad de la noche, embellecida por los destellos blanquecinos que provocaba la luna en tu oscuro cabello.

Te amaba, no tenía sentido ocultarlo en el silencio incómodo que acudía a mí cada vez que me abrazabas o cogías mis manos de forma indiferente. Reuní el valor necesario para separarme de tu regazo e incorporarme hasta quedar sentada en el colchón. Te miré a los ojos y enmudecieron mis palabras, la voz que anhelaba decirte tantas cosas, calló en un instante que pareció eterno. Me obligué a recuperar el habla, necesitaba saber que todo aquello era algo más que un encuentro situado bajo las estrellas, que envidiaban mi fortuna en la distancia, pero no pude confesarte que el sentimiento que tenía hacia ti te necesitaba para siempre, que este loco corazón que llevo dentro necesitaba tenerte a su vera sabiendo que era mutuo y correspondido.

Entonces, te situaste frente a mi, dejándome disfrutar de tu hermosura, divina y pura. Me quedé inmóvil, con la vista fija en tu sutil mirada. Sonreíste sencilla, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, que contemplaba la perfección de tu silueta de mujer.

[Nunca he dejado de amarte.]

Aquel beso que me diste, fue el comienzo de una nueva historia, la nuestra, la cual no tendría semejanza a ningún cuento popular o escrito, pues éste, sería infinito en la vida y la muerte.

jueves 7 de febrero de 2008

La Armónica del Alba.

El río fluía desde su nacimiento hasta quién sabe dónde, mientras él mantenía sus pies descalzos en contacto con el agua fría, translúcida, que nunca se detiene, cuyo murmullo parecía pedirle una melodía más en las notas de su armónica, que permanecía en sus manos esperando ser despertada por esos labios de músico fiel.

Aquel lugar transmitía paz, serenidad, tranquilidad, por ello era su predilecto entre tantos. Ningún recóndito rincón había contado sus lágrimas más que la tierra húmeda en la cual se encontraba.

El joven era un artista que había aprendido a transformar su silencio en voces mágicas que solo él podía descifrar, pero aún así, una sensación extraordinaria me envolvía al escuchar su canto escondido en belleza natural, invisible a los ojos ignorantes que acostumbraban a buscarle.

Llevaba días sin tocar su instrumento, no sabía por qué, mas continuaba acudiendo junto al río, tal vez esperando que éste se llevara consigo el olvido de sus lágrimas amargas, que empapaban de dolor su alma de ganador sin trofeos materiales.

Yo estaba allí, tras él, como cada mañana al salir el sol, como cada despertar temprano que me invitaba a ir en su busca, como él y su armónica, que ahora callaba aguardando a que sus manos la devolvieran de nuevo a la vida, y guiaran sus notas por la melodía infinita que solía silenciar con una frase llena de melancolía, reservada para ese momento.

- No sabes quién soy, no conoces mis intenciones, ni los motivos que me hacen levantar al alba para oir tu eterna canción... ¿Y qué? No importa, da igual mi presencia, pero toca, por favor, sigue cantando, no detengas los sonidos que me invitan a soñar cosas maravillosas, a veces, que nunca pudiera haber imaginado. Toca, porque ya he admitido y comprobado mi adicción a ti, a tu armónica, a la melodía infinita que describe tu silencio. Toca otra vez, por favor.

Él me miró sin expresión alguna en el rostro, durante unos instantes, antes de esbozar media sonrisa y unir sus labios al instrumento que ambos queríamos oir. Me senté a su vera, y escuché atenta cada nota que me dedicó aquel día y todos los que le precedieron.

Todavía sigo acudiendo a la llamada del alba, para deleitarme con el sonido de su armónica, sin saber su nombre, edad, desconociendo por completo el timbre de su voz...

domingo 27 de enero de 2008

Musa Sin Saber.

Mis dedos hablan por mi boca,
robándome las palabras que te debo,
ofreciéndome el don de la poesía,
impidiéndome confesar que te quiero.

Entras en mi habitación,
y actúas como si nada,
¿no te das cuenta, amor,
que me pierdo en tu mirada?

Mientras ríes, hablas, callas, vives,
eres el motivo de mis desvelos,
la inspiración para cada verso,
la princesa de todos mis cuentos.

Y aún preguntas por qué,
tanto misterio...
¿Seguirás siendo, querida,
mi musa sin saberlo?

PD: Cuando los estudios no me lo impiden, estoy escribiendo otra historia (como de costumbre) y esta poesía aparece en ella. Espero que os guste. Gracias por leer y comentar;)

viernes 11 de enero de 2008

Angel del sufrir.

Ángel de mi sufrir...

Porque fue más sencillo callar y apagar las luces de la casa, que escuchar las lágrimas de angustia derramadas.
Porque nadie quiso ver más allá del rostro tímido y aniñado que vestía siempre con seriedad, apartándose del resto, del mundo, huyendo de la realidad.
Porque todos estuvieron presentes en aquella reunión en la que se confirmaba que todo aquello acabó...

Ella no era más que una princesa de un cuento equivocado, un ángel condenado a vivir un infierno que no le correspondía. Mas soñaba con recuperar sus alas alguna noche y escapar de todo, a pesar de los golpes que ocultaba bajo su vestido de terciopelo; siempre el mismo.

Y a ti no te importaba, daba igual, no era tu problema. La escuchabas cantar en silencio al otro lado de la pared, pidiendo a gritos algo más que un cuento, que una promesa de que todas son princesas, de que todas tienen un príncipe azul... De que nada iba mal. Y cuando sus súplicas resonaban demasiado en tus oídos no tardabas en ir a buscarla para hacerla callar...

Ahora su alma partió, ya no la tienes acurrucada en un rincón, ni atormentada, escondida bajo sábanas sin color.

Pero... ¿Sabes qué es lo más triste, lo que más me duele? Que yo lo sabía, que no hice nada por evitarlo... Pero sé, que como ángel que es, volará hasta el país de nunca jamás, donde esperaba encontrar, por fin, la felicidad... Junto a alguien que la quiera de verdad. Solo espero que sepa perdonarme, a mí, que fui su hermano mayor, y... No fui capaz de hacerla sonreír.

PD: No hace mucho, escuché una canción en inglés que trataba sobre el maltrato infantil y me inspiró para escribir este texto.

Gracias por leerme y dejar vuestro comentario;)

lunes 31 de diciembre de 2007

Feliz Año 2008

¡Buenas!
Me salgo un poco de la norma de mi blog para hacer algo así como una carta, que me gustaría dedicársela a todos; a tí también, por leerme.

¿Como estás? ¿Qué tal te va todo? Hace tiempo que no hablamos en plan serio, y aún más que no nos escribimos. Aprovecho este escrito. Sé que en este año que acaba de terminar ha habido momentos en los que hemos perdido de todas las maneras existentes lo más preciado, ganado de la mejor forma lo más valioso, reído hasta sentir dolor en las mejillas, llorado hasta quedar sin lágrimas que derramar... Son sentimientos tan diferentes que aún me sorprende que una sola persona sea capaz de sentirlos todos en una misma vida... Pero así es.

Desde esta "carta", solo quiero decirte que agradezco tu presencia en cada instante de mi vida, tus palabras (las buenas siempre hacen eco sobre las malas), tu mirada (hay veces en las que sobra todo lo demás), tu... Todo, en este año que ayer finalizó, dando comienzo a este nuevo año 2008, año en el que debo, quiero y necesito pedirte un favor enorme... Ayúdame a hacer que éste sea igual de bueno que el anterior, si no mejor, que nuestra relación no se altere más que para fortalecerse... Cuento contigo.

Mi deseo este año (además de aprobarlas todas con notas altas, que el bachillerato este me está asustando) es que la felicidad se deje ver por los rostros de mi gente, que la salud no los abandone y que disfruten de cada momento como si fuera el único...

Se lo dedico a los míos... Y a tí, por leer estas líneas que, sinceras, se muestran ante tus ojos apagados intentando hacerlos brillar de nuevo;)

¡¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!!

domingo 16 de diciembre de 2007

Días (paréntesis)

Hay días en los que te despiertas sin querer dejar el sueño, en lo que te levantas sin saber por qué, y caminas sin rumbo en el pasillo de lo pesares buscando algún motivo que lo justifique.
Hay días en los que sales con la intención de distraer tu frágil mente con la dulce fragancia de los jazmines y, sin embargo, todo parece haber adoptado un melancólico tono grisáceo de tormenta.
Hay días en los que te sientes impotente ante lo inevitable; una ciudad de cristal ausente que, rota, duerme bajo tus pies descalzos sin remedio.

Hay días en los que quisiera tumbarme en hierba fresca y pintar nubes en el cielo, sin preocupaciones que interrumpieran la labor.
Hay días en los que quisiera no ser, no existir, no sentir nada en absoluto. Hay días en los que necesito un hombro que no cuestione mi llanto... Alguien que se limite a estar ahí; un amigo.
Hay días en los que desearía que esto no fuera real...

Y hoy es uno de esos días.

Vaya lote de estudiar que me estoy dando -_- Necesito vacaciones... ¡YA! (El texto lo escribí hará un par de semanas, pero apenas tengo tiempo para respirar y no pude actualizar antes;) El próximo será distinto^^) ¡Un saludo y gracias a todos los que me leeis y comentais!

sábado 24 de noviembre de 2007

La Dama del Otoño

Para poder leer esta breve historia deben hacer clic sobre el título "La Dama del Otoño" que aparece arriba. Espero que les guste y, si es así, ¡no olviden comentar! (Para ello es necesario que sea en esta entrada, ya que en el blog del vínculo no está permitido)

viernes 9 de noviembre de 2007

Carta Sin Destino.

Ayer estuve ordenando mi habitación y entre mis viejos cuadernos encontré, además de tantas historias sin acabar, una carta. Bueno, realmente eran varias; tuyas, sobretodo. Pero la que mas me sorprendió fue una. Era mi letra, eran mis sentimientos plasmados en tinta sobre un papel...

¿Recuerdas? Las tardes jugando a ser magos inmortales, inventando pociones para diversos fines. Bailando canciones a lo loco; riendo siempre.

¿Recuerdas? Los días grises que me ayudaste a colorear con vivos tonos que reflejaban nuestra amistad.

¿Recuerdas? Sería para siempre...

Sin embargo (como ves), las cosas han cambiado. Ya no somos esos niños cuya única preocupación era encontrar los conjuros adecuados para nuestro propósito de diversión. Las llamadas se fueron apagando; ya no es tu voz la que suena al otro lado del teléfoto.

¿Lo ves? Nada es eterno, ni siquiera el sentimiento.

¿Lo ves? Una mirada ya no es suficiente, las palabras han dejado de tener sentido entre el camino que recorre nuestra distancia.

¿Lo ves? Claro... Ya nada importa y, sin embargo, me acuerdo de ti.

Aunque no me veas, yo sigo aquí.

[Con la carta infinita que espera paciente tu regreso.]

domingo 28 de octubre de 2007

Leyenda en el Estrecho.

El miedo atormenta nuestros corazones,
mas por conseguirte retaré al destino,
superaré la odisea que éste me presente,
no será un castigo si al fin logro estar contigo.

En esta partida apuesto mi vida,
donde la marea juega a ser sirena,
mientras te observan la noche y el día,
y yo lucho por vencer su frontera.

Perdóname, mi amor, si fracaso en mi deseo,
pero el ansia por tenerte pudo con mis cadenas.
Perdóname, mi amor, si fracaso en este intento,
si soy otro antojo que se lleva la marea...

Si has de perdonarme, promete no llorar,
promete esbozar una sonrisa al recordarme.
Si has de perdonarme, ahora juro por Alá,
que mi ilusión en esta vida solo fue amarte.



Esta es la poesía que aparece en una de mis historias como carta. Decidí escribirla aquí porque con ella quedé semifinalista en el concurso Noche Soñada, de C. Poéticos recientemente.
No gané, pero por algo se empieza^^

sábado 29 de septiembre de 2007

Producto de mi imaginación.

Quisiera ayudarte, abrazarte, besar tus labios bajo la luz de la luna llena, que solitaria nos envidie y las estrellas la consuelen con su brillo inmaculado. Que puedas tenerme, tocarme, sentir mi respiración sobre tu piel... Ojalá puediera salir de estas letras, de tus versos, tus historias; dejarías de buscar apoyo en el papel. Desearía dejar de llevarte al unico lugar que sé, tu sueño, y viajar contigo a ese mundo que tanto anhelas; dejar de ser alguien en tu mente, para ser alguien en tu vida. Te sientes presa del silencio, sabe todos tus miedos, y la soledad te acompaña en la cama. El dolor me ha contado todas tus penas, dice que estás cansada, cuenta qye cual cristal que destierra la pared, te quiebras... Prometí ser el oído de tus quejas; si existiera... Me has guiado tanto en tus aventuras que has llegado a creer en mí, has conseguido que la soledad adoptara el disfraz de ese personaje que creaste y tanto te gustó. Ya han pasado varios años y la realidad ha hecho acto de presencia, estás confundida, no quieres aceptarlo, te cuesta... Después de tanto tiempo envuelta en tu fantasía, es normal que te asustes, pero la realidad es franca, fría y cruel. Te prometo, que mi mayor deseo ahora mismo es materializarme a tu lado, darte el amor y comprensión que todos te negaron; ser las alas que acompañen tu vuelo... Mas seguiré esperando ese momento, pues por hoy me confesaron que solo es un sueño. La paciencia no es la clave, lo sé, pero hallaré la manera en que pueda dejar de ser: Producto de tu Imaginación.


Por Kiko, porque para mí fuiste real, porque aquel lugar de mi sueño en el que todo iba bien siempre pertenecerá a mi recuerdo, y no a mi imaginación.


Pd: Intentaré escribir en el blog los fines de semana si no me lo prohíben los exámenes. Gracias a los que me siguen leyendo y a los que empiezan ahora. ¡Un beso!

jueves 13 de septiembre de 2007

Nuestra Melodía.

Siento no haber actualizado el blog hasta ahora, estuve aprovechando los escasos días que me quedan ya de vacaciones.

Tengo miedo, siempre me han atormentado los truenos, y ayer más que nunca se estaban luciendo en el cielo encapotado que se cernía sobre nuestra ciudad. Intenté evadirme entre líneas de tinta que iba escribiendo a medida que pasaban los minutos con lentitud, pero fue en vano. Me puse en pié y me escondí bajo la mesa, cubriendo los oídos con mis manos. Entonces, comenzó a sonar una melodía que me resultaba muy familiar. Sonreí. Recordé aquel día completo en Sevilla, en el que ambos acabamos volviendo más dormidos que despiertos a nuestras casas. Solo unas notas son capaces de describirlo todo en un sonido, en una melodía.

Aquel día estaba solo en casa, mis padres habían salido a llevar al dentista a mi hermana y tardaría horas en volver. La luz se había ido y había oscurecido. Bien sabes el temor que me invade la noche cerrada en soledad. Temblaba. Todo intento de distracción eran en vano. Pero esa melodía... Tuve el coraje necesario para salir de mi refugio y bajar las escaleras. Ya no sentía miedo. Busqué atento con la mirada algo no habitual en el salón, el sonido procedía de allí. Era una flauta dulce, la supe distinguir enseguida, momentos antes de verte sentada, con las piernas cruzadas y tu manos acariciando cada uno de los orificios de dicho instrumento. Abriste los ojos y provocaste una sonrisa en mi rostro, a pesar de esconder tu mirada de ángel tras un cristal. Tu largo y castaño cabello caía cual cascada por tus hombros, llegando a su fin en tu cintura.

Avancé hasta quedar a escasos centímetros de ti, y me senté a tu vera. Escuchando la melodía que oíste por primera vez en las cuerdas de mi guitarra, y que nunca creíste ser capaz de tocar en tu flauta... Pero, ¿sabes qué es lo que más me impactó? Que dejé de tener miedo, de sentirme pequeño, indefenso.

Y ahora quiero pedirte algo, no dejes de tocar...

video

^^Felicidades^^

jueves 23 de agosto de 2007

Como Estrellas.

Anoche salí al jardín, era una noche como otras, la cúpula estrellada se cernía sobre mí, que contemplaba el reflejo de la luna en la piscina, en silencio. Duna, en cambio, tenía la mirada fija en mi rostro.

- ¡Hey, una estrella fugaz! - Duna ladró, sonreí, y la abracé con ternura.
Dedicado a ti.

“Si miras al cielo, verás pocas estrellas.”

Hay personas que siempre estuvieron ahí. Otras, ni las viste. Hay personas que aparecen en tu vida y se quedan a tu lado. Otras, que se marchan dejando la huella de su recuerdo. Hay personas que te observan desde lejos. Otras, que lo hacen aún en la lejanía, y comentan sobre ti. Hay personas que aparentan ser hermosas, cual rosa en su esplendor, y en cambio te clavan todas sus espinas, te hacen daño. Otras, que aparentan ser mala hierba, y sin embargo, cuando las conoces, te percatas de que huelen tan bien como un jazmín. Hay personas que señalan tu existencia, la marcan para bien y para mal. Otras, que ni siquiera saben de ti... Como las estrellas. Las hay que están junto a la luna permanentemente, y brillan con fuerza. Otras, que la siguen con un leve haz de luz. Las hay que pasan fugaces, pero dejan el recuerdo de su camino. Otras, que se alejan de verdad. Las hay que brillan a lo lejos, pero nunca pasaron cerca de la luna, y otras que realzan su luz para hacerla saber que está ahí...

Son pocas las estrellas que acompañan a la luna brillando con fuerza. Son pocos los amigos que verdaderamente permanecen a nuestro lado. Mas ellos son los que llenan de color nuestro dibujo hecho a escala de grises. Ellas son las que hacen posible que la luna brille siempre tan hermosa. Aunque a veces mengüe, vuelve a aparecer en el cielo nocturno la preciosa y radiante luna llena.

(Y Tú eres la estrella que mejor brilla.)

jueves 9 de agosto de 2007

En Ese Momento.


En el momento que te sientes solo, que no queda nada en el mundo que te ayude a fingir siquiera una triste sonrisa. En el momento que cierras los ojos porque piensas que ya viste suficiente, y no sabes en qué direccion mirar. En el momento que admites tu realidad, esa que odias y soportas en silencio desde hace tanto. En el momento que decides afrontar la verdad, en la que sus dedos señalan hacia cada uno de tus defectos, y sus risas se alimentan de tus llantos. En el momento que pierdes tu rumbo y no encuentras una mano amiga que esté dispuesta a ayudarte a encontrar el camino. En el momento que sabes que vas a caer, y no crees poder evitarlo... En ese momento: confía. No estás solo, nunca lo has estado. Siempre hay alguien dispuesto a darlo todo por lograr una sonrisa tuya; no es imposible ser feliz. En el momento que pienses lo contrario, solo en ese momento: Recuerda.

Recuerda quién cogía tu pequeña mano cuando diste tus primeros pasos, quién ha discutido contigo y ha vuelto a tu lado tantas veces, quién ha soportado día y noche tus quejas, quién escuchó tus alegrías y problemas, sin darte explicaciones, sin confesarte que también ellos tienen sus males. Recuerda quién te quiere por encima de su propia vida... Y entonces, solo entonces, te darás cuenta no estás solo, nunca lo has estado. Y entonces, solo entonces, volverás a sonreír, porque sabrás que es posible ser feliz, porque nunca es tarde para aprender a confiar en quien verdaderamente merece la pena.

Ese fue mi error, pensar que podía sola, querer demostrar que no me hacían falta los demás para seguir adelante en la vida... Pero solo con nuestras caídas aprendemos a evitar la piedra que nos lastimó. Y vosotros, al igual que yo, no creereis mis palabras hasta que llegue ese momento; solo a partir de ese momento me daréis la razón que seguramente ahora negáis. Al fin y al cabo, errar es humano.

miércoles 25 de julio de 2007

Tu guitarra.

Silencio.
Ninguna nota, ningún sonido. Nada.
Sólo han pasado unos días, y añoro la melodía de tu guitarra, acompañada de tu voz, cantando cualquier canción.
Silencio.
Aún quedan semanas de ausencia. Y duele. Duelen mis manos al pasar los dedos por las cuerdas que hacías vibrar sentado junto a mí. Mis oídos, porque no se hacerla sonar como tú. Mi voz, mi boca, mis labios, porque no saben pronunciar más que tu nombre, esperando una respuesta que no sucede.
Silencio.
Él teléfono parece dormir desde que agosto te llevó de mi vera para que la arena y el mar disfrutaran de tu presencia.
Silencio...
Te echo de menos.


Los celos asaltaron mi alma, muy pacientes fueron. La arena y sus amigas, todas adormando tu mirada de niño inocente, ella recorriendo poro a poro tu piel. Y yo estoy aquí, lejos de tí, anhelando el momento de volver a tenerte entre mis brazos, a veces con el temor de no sentirte mío cuando tu regreso suceda. Lo siento, pero no puedo remediarlo:
TE ECHO DE MENOS.

No dudes, no te dejaré marchar de mi lado ni una sola vez más. ¿Egoísmo? Un poco. Aunque la unica verdad es que... Te necesito.

domingo 1 de julio de 2007

Mi Cajita De Música.


"Y abres la cajita de música que te regalé" justo antes de que te marcharas. Comienzas a oír la pausada melodía de un latir que ya conoces; suspiras. Ahora comprendes por qué dije: Tómala, ahí me tienes. Una lágrima cristalina cae en el interior de la caja, sobre mi corazón, aquel que te entregué con total y plena devoción. Tu nombre se dibuja en él... ¿Aún te sorprende?

Podrías cerrarla, guardarla para siempre, o tirarlo en algún rincón olvidado de tu pequeño mundo. O, tal vez, dejarla abierta, mostrarle a otros ojos lo que una loca enamorada ha llegado a entregarte. Podrías, quizás, guardarla en ese cajón donde descansan las cartas que mi sinceridad fue escribiendo mientras nuestros dedos entrelazados unían nuestras almas al pasear por el parque, nuestra primera tarde, para después, al caer la noche, abrirla, escuchar mis latidos, sonreír al saber que aún vivo, porque me cuidas tú, situarla en la repisa, junto a la cama en la que posas tus sueños, y dormirte escuchando mi melodía...

Sí, en esta humilde caja de madera, te entrego mi fiel corazón. Haz con él lo que te plazca; es tuyo. Tómala entre tus manos y decide mi destino, pues oirás mis latidos si la cuidas con el cariño con que me abrazas cuando estás cerca.

“Quería entregarte esto, antes de que te vayas… Por si me echas de menos, y estamos lejos uno del otro. Acéptalo, pues ya no me pertenece esta melodía, que solo sucede junto a ti, sí, aquí tienes mi cajita de música.”


Bueno, no tengo mucho que decir al respecto. Tu pareja, tu amigo, tu hermano, o cualquier persona pueden hacerte entrega de su cajita de música, y a menudo la olvidamos en la estantería, o en cualquier lugar. Raras veces nos percatamos del valor de ese regalo tan valioso, único y especial que seguro que ya tenemos en alguna repisa cubierto con una “ligera” capa de polvo. Búscala, límpiala, y cuídala antes de que se calle el latido que espera paciente tu atención. Él corazón es lo más grande que pueden entregarnos, aún sin merecerlo.

domingo 17 de junio de 2007

¿Qué Has Hecho?


Entro en tu casa, la puerta estaba abierta, todo esta oscuro, frío, vacío... Ya se donde estás, me cuesta creer la manera en la que ahora destrozas tu vida. El salón, aparentemente normal para un quinceañero desordenado, paso al corredor, la luz del cuarto de baño está encendida, parece mentira, la manera en la que ahora desperdicias tu vida. Tú ahí, tirada en el suelo, y éste con gotas recientes de sangre... El lavabo también tiene manchas, y no me extrañó ver restos de lo que yo llamo estupidez, y tú llamas droga.
Dime, ¿quién te metió en esto a lo que tu llamas mundo, y yo llamo infierno? Dime, ¿qué te hizo pensar que no te podías levantar cuando te caíste? Dime... ¿qué te hizo pensar que estabas sola? ¡Dime! ¿Quién borró de ti la ilusión de vivir? ¡¿Quién te haría pensar que estabas en un abismo, metiéndote así en él...?! Salgo de la habitación, llevándote conmigo, estás inconsciente... Te llevo a tu dormitorio, hasta tu cama, y me siento en el suelo, a tu lado... Las persianas están bajadas, la habitación sin recoger, tu vida destrozada, sin rumbo que mantener.
Anda, despierta y llámame, cuéntame qué has hecho con tu vida, ¿cómo ves el mundo ahora, que tu mirada está vacía? Sin amigos ni pareja... ¿Pensaste que esa sería la solución? Te encerraste en tu propio infierno, sin dejar paso a la luz... Cuando despiertes, abre los ojos, sitúate frente al espejo y mírate, busca una foto de hace unos años y mírate, compárate... ¿Qué has hecho?

viernes 15 de junio de 2007

Semana Santa

El cielo amenazaba con sus nubes las calles de Sevilla, donde el gentío trajeado caminaba apresurado en busca de alguna cofradía. Algunos se guiaban por folletos o mapas, otros ya sabían su destino, y el resto probaba suerte siguiendo a la multitud.

Habían comenzado a sonar los tambores, trompetas y demás, aún en la lejanía. El aire, impregnado de diversos aromas de caros perfumes, fue adoptando un olor a incienso, a medida que la música se hacía más audible, y la imagen de Cristo, tallada en madera, se acercaba balanceándose ligeramente al paso de los costaleros que lo elevaban.

Ella lo admiraba expectante y emocionada. Su mirada se volvió acuosa cuando la esbelta cofradía se detuvo frente a ella, que hacía la señal de la cruz y rezaba. Él la miraba sin comprender tanta pasión por una imagen tallada en madera.

Retomando su camino, el paso saltó majestuosamente antes de comenzar de nuevo a balancearse. Los nazarenos, bajo su capirote, caminaban en acto de penitencia acompañando a las imágenes, cansados y orgullosos de pertenecer a su Hermandad, agradecidos de que el tiempo les permitiera realizar su recorrido.


La Semana Santa, este escrito lo redacté por petición al alumnado por parte de mi profesora de literatura. No tenía pensamiento de exponerlo aquí, pero el ver este mismo texto publicado en la revista del colegio con la mitad de las frases suprimidas o cambiadas, me invitó a hacerlo. No me gusta que modifiquen mis escritos, y mucho menos, sin mi consentimiento. ¡Un Saludo!

domingo 3 de junio de 2007

El Libro.


Hoy el antojo me llevó al parque, donde una niña de apenas seis años logró hacerme sonreír. El verde había inundado los jardines que rodeaban el camino por el que paseaba, tranquila. Respiré hondo. Un respiro después de duros días de estudios para la universidad. Decidí sentarme en un banco de piedra, frente a un tobogán y otros juegos para niños, en el que se hallaban jugando... Recuerdo cuando mi mayor preocupación no era más que esconderme bien para que uno de mis amigos no me encontrase; jugando al escondite. Qué tiempos aquellos. Abrí mi cuaderno, éste, precisamente, y me dispuse a escribir cuando una niña, de apenas seis años, posó su delicada mano sobre mi rodilla. Era muy linda, su mirada inocente y su dulce sonrisa, en un rostro de tez clara y suave, enmarcado en un oscuro y largo cabello que se mecía ligeramente con el viento, la hacían parecer un pequeño angelito. Vestía cual muñequita de porcelana, con un vestido de terciopelo cuidadosamente planchado, granate. Sus negros zapatos de charol hacían sonar sus pasos cuando corría por el jardín, antes de llegar a mí. La miré durante unos segundos, antes de percatarme que sostenía entre sus pequeñas manos un libro, cuyo grosor me dio a entender que no se trataba de un cuento infantil. La contemplé mientras me preguntaba porqué no jugaba con los demás niños, y decidí preguntarle. Me sorprendió su primera respuesta, aunque no más que la final: “¿Te gusta escribir?” Tras mi afirmación, su voz angelical continuó hablando: “Éste es mi libro. Mira.” Tendió hacia mí sus pequeños brazos de porcelana, con una sonrisa en sus finos labios, ofreciéndome el libro antes mencionado. Lo acepté y lo abrí. Cuán grande fue mi sorpresa al pasar una a una las páginas inmaculadas que se postraban ante mis ojos anonadados.

- Están en blanco. No hay nada escrito. – Le dije, confusa.
- Sí que hay. Pero no sabes leerlo.

Recogió el libro de mi regazo y lo abrió. Me habló de un país en el que los coches son camas, y para viajar solo hay que mencionar el lugar al que quieres ir antes de dormirte. Cada palabra que pronunciaban sus labios mostraba la ilusión de una niña que sueña con un mundo en el que, cuando crezca, asumirá que nunca existirá. Pero ella se adelantó a mi pensamiento. Y me dijo que escribiría en ese libro sus secretos y sueños, para que fuera real cuando sintiera que el mundo le da la espalda, y así refugiarse, como yo hice alguna vez, en su fantasía.

Esbocé una sonrisa y le di las gracias, antes de que su madre la llamara. A medio camino, volvió la vista atrás para gritar con su vocecita angelical: “Sé que sabes leerlo”.

No puedo negar cuán grande fue mi asombro al comprobar cómo una niña de apenas seis años comprendía que la vida no siempre sería tan sencilla como en su presente. Y cómo había conseguido dibujar una sonrisa en mi rostro, dejando a un lado mi monótona apariencia de cansancio.

Una vez más, gracias.


Dedicado, especialmente, a mi dulce y pequeño angelito. Aquí tienes un escrito más alegre. Espero que os guste. Gracias por entrar, leer y/o comentar ^.^ ¡Un Saludo!
(La niña de la foto soy cuando era pequeña^^)

viernes 18 de mayo de 2007

Regreso Fugaz.

La noche ya abrazaba la ciudad cuando regresé. Se me hace extraño caminar, a solas, bajo la tenue luz procedente de las estrellas. Mis pasos tranquilos eran el único sonido que violaba el silencio a esas de la madrugada. El traje que vestía, negro cual cielo nocturno en un frío invierno, mecía ligeramente su tela, a la vez que avanzaba por tu calle. Nuestra calle. Mi pálida piel contrastaba con el negro y rizado de mi cabello, el cual no llegaba a la altura de los hombros. Me detuve frente a tu bloque, de viejos ladrillos y abandonada apariencia. Esbocé una sonrisa, antes de comenzar a subir las escaleras que llevaba al primer piso, con la maleta azul marino, que tu misma me regalaste, a cuestas. Busqué veloz, en mis bolsillos galanes, hasta encontrar la llave, la cual introduje en la cerradura de la puerta para abrirla lentamente. Con sigilo, entré, dejando la maleta tras la puerta, ya cerrada de nuevo.

Jazmín. Tu fragancia predilecta había inundado el hogar, provocando una sonrisa en mis finos labios.

Me deslicé, cual vampiro, en silencio, por el corredor, hasta llegar al dormitorio que una vez fue nuestro. Y allí estabas tú, sumida en un profundo sueño, semidesnuda, en una cálida noche de Agosto.

No pude evitar una sonrisa, al comprobar que aún dormías abrazada al osito de peluche que yo misma te regalé.

Tus carnosos labios, entreabiertos, y tu suave tez angelical, realzaban tu belleza de una manera sobrenatural. La tenue luz procedente de la luna penetraba en la habitación sin turbar tu dulce sueño.

Me acerqué, embelesada, hacia ti, y fijé la mirada en tu rostro, del cual aparté un mechón de pelo, uniéndolo al resto de tu castaño, rojizo y largo cabello, que se hallaba revuelto sobre la almohada.

Acaricié con ternura tus mejillas, provocando una sonrisa inconsciente en tus carnosos labios.

- ¿Recuerdas tus palabras, ángel eterno? – Susurré. – Despierta, temo perderte… ¡Duerme!

Aunque lo hiciera, nunca quise marcharme. Y tú lo sabes. Tanto como yo comprendo que mereces a alguien que sepa ofrecerte algo más que una relación clandestina.

Desvié la mirada a la cómoda de madera, situada a los pies de la cama, sobre la cual descansaba, enmarcado, tu cuerpo entregado a los brazos de aquel al que llamabas amigo... Ahora soy yo, quien ni siquiera juega con ese papel en tu vida.

Retorné mis pasos, volviendo la vista atrás, para contemplarte por última vez.

- Dormida, realzas tus encantos... ¡Despierta!

Y, mientras le abrazas de nuevo, sonriendo, sé que te echaré de menos.
Mi dulce princesa y eterno ángel. Mi único y verdadero amor.

martes 15 de mayo de 2007

Esas Palabras.



Allí estabas tú, durmiendo plácidamente, con tu largo y oscuro cabello, dispersado por la almohada, sobre la que posas tus sueños de princesa que quedaron atrás. Esbozo una sonrisa; has cambiado tanto desde que me fui. Ya tienes trabajo fijo, aprendiste bien cómo defender tus ideales, y te levantaste sola en cada caída; cómo dolía.

Tu recuerdo, tan nítido como el presente, contrasta notablemente con lo que ahora ven mis ojos, desde la ventana que, como antaño, dejas abierta al anochecer. La habitación solo estaba iluminada por el leve brillo de las estrellas que se escapaban del cielo para contemplarte. Todo, igual que ayer.

Sé cuántas veces le gritaste a la Luna mi nombre, preguntando una y otra vez el porqué de mi partida. Mas ésta, no respondía. Yo he estado allí, en cada caída, rasguño, lamento, he estado allí; mi mano siempre estuvo atenta para ofrecerte mi ayuda... Y nunca me viste. Soy yo, no la luna, la que vela cada noche tu sueño y escucha cada lágrima que mana de tus lindos ojos. Soy yo, no la luna, la que aguarda paciente para escuchar de tu dulce voz y oculta tus secretos...

Parece mentira, cómo el tiempo hace preso al momento. Me cuesta creer que ya no eres tú aquella niña curiosa que pedía impaciente su pastel favorito, sentada en la silla que presidía la mesa del comedor. Has crecido, tu vida ha seguido su curso, y hasta ahora, no me percaté de ello. Anhelo tu risa juguetona, y tus labios formando esas palabras que ya no oiré más de tu voz, pues ya no eres tú, sino ella, la que te dice a diario: Te quiero, mamá.