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Mostrando las entradas etiquetadas como recuerdos

Libros con historia

He estado leyendo el primer libro de Cárceles de mujeres, de Sinclair Lewis. Pertenece a una colección de premios nóbeles que mi abuelo regaló a mis padres en su boda. Libros que mi abuelo ha leído y releído y que han pasado años adornando la estantería del despacho, junto a la entrada de mi casa. Cuando acabé los exámenes, tenía la necesidad de leer, de empaparme de letras novelísticas, de escaparme a otros mundos, otras épocas. A sabiendas de que mi pobre rincón de la Red requería una actualización, mis manos no eran capaces de coordinarse para enlazar las palabras y elaborar algo digno de ser compartido con tan grata compañía como es la de vuestros ojos lectores. Al azar, cogí el libro antes mencionado, con la sorpresa siguiente: no sólo me cautivaban los fragmentos escondidos, que más que historias eran verdades poéticas dignas del silencio del alma; no sólo me enamoraba el hecho de seguir leyendo sus páginas... Ese libro tenía historia, y no era por estar ambientado a principios...

Demetrio, un sapito agradable

¡Hola! Hoy os voy a contar una historia bastante curiosa sobre un sapito llamado Demetrio. Demetrio era muy grande, verde y con manchitas más oscuras en su piel. Tenía unos enormes ojos, aunque siempre estaban cansados y los párpados quedaban a mitad de sus pupilas casi. Su boca era grande, muy grande, y sus patas, cuando se estiraba, larguísimas. Había salido a pasear por el parque cuando un niño pequeño le vio. Entonces, corrió hacia él, alejándose de su padre, para darle un beso fugaz y volver a los brazos de quien había abandonado por un instante. Sus mejillas se hicieron redonditas. Os estaréis preguntando ¿No se puso colorado? Pues no; le crecieron las mejillas. Sí. Cosas de sapos. Resulta que esa mañana yo también había salido a dar una vuelta por el mismo sitio que él, y me lo encontré echado en un banco, suspirando. Se me ocurrió pensar que igual se sentía triste, así que le saludé. -Hola señor sapo. -Hola señora humana. -Puede llamarme Toñi. -Demetrio. -¿Por...

Para siempre

Al día siguiente te ibas de mi lado. Dos meses, nos habíamos dicho, sólo son unas semanas y volveremos a vernos. Sin embargo, ya te echaba de menos. Sabía que me faltarían tus buenos días, los besos antes y después de hacer cualquier cosa, tus desayunos extraños pero bellos en ti, tus brazos y abrazos, tu respiración, tu voz, tus caricias, tus buenas noches... Y no quería. No pude evitarlo. Las lágrimas desnudaron mi fragilidad ante tus ojos que, sencillos, imitaron a los míos. No sé cuánto tiempo pasamos abrazados tomando con lentitud las granizadas de limón demasiado ácidas y caras que habíamos comprado. Tus manos tendrían mi sabor salado y mis dedos, el tuyo. Jamás me he sentido tan unida a una persona ajena a mi familia, tan querida por alguien que no lleve mi misma sangre. Mi mejor amigo antes que todo y, ahora, mi más sincero amor. Aquello era real, verdadero, nuestro. La felicidad que sentía en tu regazo era plena, llena, de ensueño, como cada momento que compartí contigo. Termi...