Al día siguiente te ibas de mi lado. Dos meses, nos habíamos dicho, sólo son unas semanas y volveremos a vernos. Sin embargo, ya te echaba de menos. Sabía que me faltarían tus buenos días, los besos antes y después de hacer cualquier cosa, tus desayunos extraños pero bellos en ti, tus brazos y abrazos, tu respiración, tu voz, tus caricias, tus buenas noches... Y no quería.
No pude evitarlo. Las lágrimas desnudaron mi fragilidad ante tus ojos que, sencillos, imitaron a los míos. No sé cuánto tiempo pasamos abrazados tomando con lentitud las granizadas de limón demasiado ácidas y caras que habíamos comprado. Tus manos tendrían mi sabor salado y mis dedos, el tuyo. Jamás me he sentido tan unida a una persona ajena a mi familia, tan querida por alguien que no lleve mi misma sangre. Mi mejor amigo antes que todo y, ahora, mi más sincero amor. Aquello era real, verdadero, nuestro. La felicidad que sentía en tu regazo era plena, llena, de ensueño, como cada momento que compartí contigo.
Terminamos las granizadas (o los granizados, como dirías tú), y salimos de la cafetería, heladería o lo que fuese. Nos dirigíamos al parque Mª Luisa para atravesarlo y visitar el museo arqueológico que hay junto al parque de las palomas, pero apenas habíamos empezado a caminar cuando te detuviste ante la puerta de una pequeña ferretería, aún en la Avenida de la Constitución. Señalaste un candado de tamaño ideal, ni demasiado grande, ni muy pequeño, lo justo para cumplir una de mis ilusiones, la cual no te habías dignado a olvidar.
Entramos, apenas cabíamos nosotros dos y la mujer detrás del mostrador. Pedimos uno que costaba unos cuatro euros y medio, pero no quedaban, así que probamos con uno de igual valor, muy parecido estéticamente. Nos lo enseñó y lo abrió con el par de llaves que traía la caja. Pagaste y salimos de allí. Al día siguiente materializaríamos el sentimiento más bello que existe.
Cuando despertamos, nos pusimos manos a la obra. Grabaste con una de las llaves nuestras iniciales en el candado, y al otro lado un "te amo" en mayúsculas. Yo lo repasé con un rotulador permanente azul oscuro, añadiendo en cada llave nuestra primera inicial. Sonreí. Esas pequeñas cosas, sueños que cumplía contigo, me hacían muy feliz, bueno, me hacen muy feliz.
Una vez acicalados y desayunados, nos fuimos. Nos bajamos en la estación de metro más cercana al río y nos dirigimos al centro de uno de los puentes que cruzan el Guadalquivir, uniendo así Triana con Sevilla, hasta llegar al centro de éste. Una vista hermosa. La Torre del Oro nos miraba curiosa ante la clara luz del sol en un cielo completamente limpio de nubes. Y tú de primer plano. Tan lindo. Haciendo realidad mis "tonterías", mis ideas, mis ilusiones.
Añadiste a uno de los lados del candado la fecha de aquel día para, luego, dármelo. Lo abrí, me agaché para colocarlo en uno de los barrotes desnudos de la barandilla y lo cerré.
Me levanté y te miré, con una sonrisa de sincera felicidad en mis labios, en mis ojos, en toda yo. Tú también eras feliz, podía sentirlo. Cogimos entonces cada uno nuestra llave (con la inicial correspondiente), las cuales estaban unidas por un aro. Una, dos ¡y tres! Las vimos precipitarse al agua y desaparecer en el río. Una mirada, una sonrisa, un beso, un abrazo y otro beso más con una nueva sonrisa.
- Ahora es para siempre, David.
- Ya lo era antes.
- Pero ahora, si alguna vez te extraño tanto que lo olvido, podré venir aquí para recordarlo.
- Esto es para siempre, María.
- Para siempre.
De nuevo una mirada, una sonrisa, un beso, un abrazo y otro beso más con otra sonrisa, antes de marchar, felices y enamorados, cogidos de la mano.
No pude evitarlo. Las lágrimas desnudaron mi fragilidad ante tus ojos que, sencillos, imitaron a los míos. No sé cuánto tiempo pasamos abrazados tomando con lentitud las granizadas de limón demasiado ácidas y caras que habíamos comprado. Tus manos tendrían mi sabor salado y mis dedos, el tuyo. Jamás me he sentido tan unida a una persona ajena a mi familia, tan querida por alguien que no lleve mi misma sangre. Mi mejor amigo antes que todo y, ahora, mi más sincero amor. Aquello era real, verdadero, nuestro. La felicidad que sentía en tu regazo era plena, llena, de ensueño, como cada momento que compartí contigo.
Terminamos las granizadas (o los granizados, como dirías tú), y salimos de la cafetería, heladería o lo que fuese. Nos dirigíamos al parque Mª Luisa para atravesarlo y visitar el museo arqueológico que hay junto al parque de las palomas, pero apenas habíamos empezado a caminar cuando te detuviste ante la puerta de una pequeña ferretería, aún en la Avenida de la Constitución. Señalaste un candado de tamaño ideal, ni demasiado grande, ni muy pequeño, lo justo para cumplir una de mis ilusiones, la cual no te habías dignado a olvidar.
Entramos, apenas cabíamos nosotros dos y la mujer detrás del mostrador. Pedimos uno que costaba unos cuatro euros y medio, pero no quedaban, así que probamos con uno de igual valor, muy parecido estéticamente. Nos lo enseñó y lo abrió con el par de llaves que traía la caja. Pagaste y salimos de allí. Al día siguiente materializaríamos el sentimiento más bello que existe.
Cuando despertamos, nos pusimos manos a la obra. Grabaste con una de las llaves nuestras iniciales en el candado, y al otro lado un "te amo" en mayúsculas. Yo lo repasé con un rotulador permanente azul oscuro, añadiendo en cada llave nuestra primera inicial. Sonreí. Esas pequeñas cosas, sueños que cumplía contigo, me hacían muy feliz, bueno, me hacen muy feliz.
Una vez acicalados y desayunados, nos fuimos. Nos bajamos en la estación de metro más cercana al río y nos dirigimos al centro de uno de los puentes que cruzan el Guadalquivir, uniendo así Triana con Sevilla, hasta llegar al centro de éste. Una vista hermosa. La Torre del Oro nos miraba curiosa ante la clara luz del sol en un cielo completamente limpio de nubes. Y tú de primer plano. Tan lindo. Haciendo realidad mis "tonterías", mis ideas, mis ilusiones.
Añadiste a uno de los lados del candado la fecha de aquel día para, luego, dármelo. Lo abrí, me agaché para colocarlo en uno de los barrotes desnudos de la barandilla y lo cerré.
Me levanté y te miré, con una sonrisa de sincera felicidad en mis labios, en mis ojos, en toda yo. Tú también eras feliz, podía sentirlo. Cogimos entonces cada uno nuestra llave (con la inicial correspondiente), las cuales estaban unidas por un aro. Una, dos ¡y tres! Las vimos precipitarse al agua y desaparecer en el río. Una mirada, una sonrisa, un beso, un abrazo y otro beso más con una nueva sonrisa.

- Ya lo era antes.
- Pero ahora, si alguna vez te extraño tanto que lo olvido, podré venir aquí para recordarlo.
- Esto es para siempre, María.
- Para siempre.
De nuevo una mirada, una sonrisa, un beso, un abrazo y otro beso más con otra sonrisa, antes de marchar, felices y enamorados, cogidos de la mano.
Comentarios
He demorado un poco en escribir por razones personales. Igualmente, no sabía en qué momento de los tantos tan bellos que he tenido a finales de este mes pasado inspirarme. Escribía y las palabras no conseguían lo que yo deseaba transmitir... ¡hasta hoy!
Hacía tiempo que no escribía nada bonito así alegre del amor, así que ya iba siendo hora ¿no? ¡jejé!
Espero que os vaya todo muy bien, que la vida os sonría y, cuando no lo haga, ¡haced el payaso hasta que os eche cuenta!
¡Un abracito a todos!
pd: gracias por existir :)
...Y...por cierto...tú eras mía antes ¬3¬ Que sepáis los dos que lo de sacaros tantas fotos era para vigilaros...JUM! xDD
Ya fuera de tonterías, el texto es muy bonito pero sin duda cuando me lo cuentes en persona será aún mejor. Esta escena, y otras tantas que ocurrieron en la semana. Me alegro muchísimo por ustedes. ^-^ Y que se os haga leve la espera! Cuando os deis cuenta, ya solo quedarán unas horas para volver a estar juntos =) Muchísimos besooos!!
Te quiero Lady Luna!!!!!! (L)_(L)
by: Souris.
Es realmente bonito ese gesto, por parte de los dos :)
Actue el día 26 de junio en el Gran Teatro de Elche...y ahora me retiraré del teatro hasta que encuentre otro grupo...porque me voy a valencia a vivir u.u
un besoote :)))
Deseo que lo podáis disfrutar al máximo y el mayor tiempo posible, si vuestros corazones lo desean que sea para toda la vida!
Lo del candado me parece un "rito" romántico curioso y se nota, por lo que cuentas, que lo vivisteis con mucha ilusión, complicidad y unidad, eso es fantástico.
Como quizá ya sepas, en Italia, concretamente en el puente Milvio de Roma, existe la tradición entre los enamorados de hacer lo mismo que vosotros. El puente está lleno de montones de candados y el fondo del río lleno de llaves (imagen). Según tengo entendido, todo empezó en 2006, después de la publicación de la novela "Tengo ganas de ti", del escritor italiano Federico Moccia, en la que sus personajes realizan este acto simbólico en dicho puente de Roma. Posteriormente miles de italianos y turistas se sumaron a este "rito contagioso" ya que se ha propagado por otras zonas y lugares de Italia y del mundo.
En Sevilla, como mínimo, ya hay un "lucchetti" de "amor eterno", el vuestro! ;)
Ahora bien, a mi particularmente y sin ánimo de crítica, sólo como observación personal, los candados no me inspiran demasiado, me transmiten una sensación de demasiado "encierro", rigidez, bloqueo, posesión, etc...no sé, supongo que todo depende del punto de vista.
De todos modos, estoy seguro que lo que encierra ese candado simbólico es algo hermoso y que, sin duda, merece celabraciones, metáforas y todo lo que ayude a vivirlo plenamente! (Suspiro...!Ahh l'amore!)
Besitos y abrazos mimosos, como de costumbre, de tu amigo Xevixeis!
Deseo que lo podáis disfrutar al máximo y el mayor tiempo posible, si vuestros corazones lo desean que sea para toda la vida!
Lo del candado me parece un "rito" romántico curioso y se nota, por lo que cuentas, que lo vivisteis con mucha ilusión, complicidad y unidad, eso es fantástico.
Como quizá ya sepas, en Italia, concretamente en el puente Milvio de Roma, existe la tradición entre los enamorados de hacer lo mismo que vosotros. El puente está lleno de montones de candados y el fondo del río lleno de llaves (imagen). Según tengo entendido, todo empezó en 2006, después de la publicación de la novela "Tengo ganas de ti", del escritor italiano Federico Moccia, en la que sus personajes realizan este acto simbólico en dicho puente de Roma. Posteriormente miles de italianos y turistas se sumaron a este "rito contagioso" ya que se ha propagado por otras zonas y lugares de Italia y del mundo.
En Sevilla, como mínimo, ya hay un "lucchetti" de "amor eterno", el vuestro! ;)
Ahora bien, a mi particularmente y sin ánimo de crítica, sólo como observación personal, los candados no me inspiran demasiado, me transmiten una sensación de demasiado "encierro", rigidez, bloqueo, posesión, etc...no sé, supongo que todo depende del punto de vista.
De todos modos, estoy seguro que lo que encierra ese candado simbólico es algo hermoso y que, sin duda, merece celabraciones, metáforas y todo lo que ayude a vivirlo plenamente! (Suspiro...!Ahh l'amore!)
Besitos y abrazos mimosos, como de costumbre, de tu amigo Xevixeis!
La verdad que nunca me podría haber imaginado que un simple gesto como cerrar un candado podía despertar tantas emociones y tener un significado tan profundo.
Ya sabes, esto es uno de esos momentos que siempre recordaré...
Este es el primero de muchos candados...
Sé feliz mami!!
FDO: Gugy.
me ha encantado.....
te deseo que cada dia se multiplique
bst
Besosssssssssssssssssssssssssssss
me ha encantado este texto..se me ha hecho muy cercano también!
Gracias por pasarte por mi blog
dejo la dirección aqui,si no te importa, vale?
www.tamara-93.blogspot.com
Un beso y ¡no dejes de escribir!
Un beso cielo