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Mostrando las entradas etiquetadas como María LadyLuna

Lo que cuentan las palabras: ausencia, ayuda y paciencia

En el silencio de mi despacho, escuché lo que las palabras ausencia, ayuda y paciencia venían a contarme... 10. Ausencia Terror, angustia, desesperación, dolor, silencio ensordecedor, grito desgarrador, ausencia. Los cristales han caído, los espejos se han roto y a mí me falta la esperanza. Entonces tu voz me llama. No puede ser. Estás en coma. Pero sí, es tu voz. Me giro. Eres tú.  Lloro, lloro y te abrazo con todo el amor del mundo. Vuelvo a mirarte. Y sí, eres real. Mi más bella y despierta realidad. Tranquila, mi amor. Vamos a casa. 11. Ayuda Él era un chico alegre, cariñoso, bueno y leal. Un día, todo cambió. Se alejó de todo, en especial de sí mismo. Por esconderse y defenderse de molinos de viento, atacó a quienes más le querían. Necesitaba ayuda, no lo admitía y no la pedía. Hizo daño y en su voz siempre fue víctima. Mintió y su boca ni se daba cuenta. Traicionó y se traicionó y lo convirtió en hábito de vida. Se quedó solo porque no se aceptaba a sí ...

Si aún te quieres quedar

-¿A qué te refieres? -Lo siento, yo... Había podido sentir la daga imaginaria que cruzaba su pecho, el mar de agua helada cayendo sobre ella, roca pulida hasta convertirse en un insignificante grano de arena. El corazón encogido, el alma alerta y los ojos abiertos, así contemplaba Elena a quien había sido su mejor amigo durante tantas emociones y tantos secretos. Las palabras comenzaban a fluir en su cabeza en medio de la tempestad en la que se encontraba en aquellos momentos: no podía ser verdad, tal vez solo se trataba de un mal sueño, de una pesadilla de esas que reúnen los peores temores para hacer sufrir a quien ose dormirse. Pero ella estaba despierta. -Estás de broma -alcanzó a decir con un hilo de voz. Carlos alzó la vista al techo de la habitación, decorada con estrellas blancas y una luna creciente. Apretó los labios y logró contener las lágrimas antes de bajar la mirada y dirigirla hacia su compañera. La realidad y la ficción no se distinguen cuando se trata d...

El buen caballero y su hijo Yon

Una vez... hace mucho, mucho tiempo, hubo un guerrero cuyo nombre no recuerdo, pero era un hombre muy fuerte, valiente y amable. Había crecido entre la gente pobre, pero su valía se hizo notar en el ejército y no tardó en formar parte de él. En su pueblo natal le reconocían como el buen caballero, pues no participaba en batallas injustas y era fiel a sus principios e ideales, algo que el rey valoraba pero que sus compañeros no. Ellos pensaban que él no merecía estar allí, y entre baches y llanos hizo su vida. Conoció a una inteligente mujer de la que se enamoró, fue correspondido y decidieron tener un hijo. En aquella época los partos eran complicados, y ella murió al dar a luz. Él se quedó desolado y triste, pensando que había perdido a los dos, pero entonces el llanto del bebé le devolvió la alegría. Cuidaría de él doblemente, por su esposa. Eso es lo que ella hubiera querido, se decía. El buen caballero abandonó el ejército para dedicar su tiempo a su hijo. Consiguió mantenerl...

Ese amor de locos

-Creías que nadie vendría -esboza una leve sonrisa, un "lo sabía" se escribe en su mirada. -Me alegra saber que te equivocabas. -Aún no comprendo por qué -se muerde el labio inferior y contiene sus lágrimas con esfuerzo para que no se derramen. -No estás sola, nunca lo has estado. -Cuántas veces me habrás dicho eso... -suspira y sonríe tenue. -Las mismas que tú pensaste lo contrario, querida -saca una mano de su bolsillo y duda un instante si acariciar el rostro de su compañera. -Te he echado de menos. -Lo sé. Vi tus intentos por volver... aunque no me necesitabas. -Guarda su mano. -Te quiero, a mi lado, conmigo, en lo bueno y en lo malo. Él alza la vista al cielo para evitar que alguna lágrima deje al descubierto sus emociones. Luego, le mira. -No te imaginas los días que me he repetido lo mismo, las noches en las que otra parte de mí me decía que debía estar lejos de ti, que no tenía que volver o jamás serías feliz. Ella suspira.  -¿Por eso.....

Lección entre pinceles

Cuando Pau inició sus clases en septiembre de un año cualquiera a comienzos del segundo milenio después de Cristo, no esperaba poder enseñar lecciones a través de sus cuadros o, al menos, no lecciones como las que le enseñó a la pequeña Alícia. Alícia era una joven que se había encontrado con muchas quejas familiares y risas burlonas de amistades al decidirse en voz alta por los estudios a los que pretendía optar, pero eso no impidió que siguiera adelante. No obstante, la batalla diaria le hizo dudar sobre la idea de encontrarse o no en el camino correcto. -Alícia, ¿qué te ocurre? Los dibujos no te salen. Estropeas el lienzo. -No lo sé, profesor. Pau le miró, diciéndole sin palabras su conocimiento acerca de la poca veracidad en su respuesta. -Bueno –admitió. –No sé si hice bien al entrar aquí. Pinto y algunas personas disfrutan de ello; otras, quedan indiferentes. Camino por la calle y gente que es mejor que yo está vendiendo allí mismo sus creaciones. El joven...

Suficiente

Llevaba meses un tanto raro. No me atrevía a preguntarle de qué se trataba por miedo a su llanto, tan desgarrador para mi pobre alma. Después del accidente habíamos intentado seguir con una vida más o menos normal, pero no lo era, y engañarnos a nosotros mismos tampoco estaba bien. Me encontraba en la cocina, pensando esto, cuando su voz, triste, me habló. Me giré. -Carmen... No me gustaba que hiciera eso. Pronunciar mi nombre de esa manera tan desoladora, ya desesperanzada. -Dime, cariño. Él tomó aire. -En los medios siempre andan diciendo lo importante que es la vida sexual en una pareja. Me extrañé. -¿A qué viene eso ahora, cielo? -Yo no puedo satisfacer esa parte de la relación, no puedo hacerte plenamente feliz. Y yo quiero que tú lo seas, pero no puedo, no puedo dártelo todo. -Diego, mi vida... -me acerqué a él y me agaché, posando mis manos en las ruedas de su silla. -¿Acaso no sabes ya, que tu amor es suficiente?

Lo que cuentan las palabras

Anoche, hablando por teléfono con David, recordé la entrada que publiqué hace un tiempo " ¿Qué ven ustedes? ", en la que a partir de una fotografía os pedía que dejarais volar vuestra imaginación. La experiencia fue realmente bonita: de una fotografía salieron muchas historias diferentes. Pues ahora bien, se me ha ocurrido que, para amenizar un poco más el blog, que lleva unos meses bastante apagado, voy a proponer tres palabras, y escucharé lo que tengan que decirme. Lo que oiga, lo escribiré y lo compartiré con vosotros, como haré en esta entrada. La idea es que, después, además de comentar vuestra opinión sobre mis relatos, si os ha gustado alguno más en concreto y por qué, etc., como soléis hacer; los que queráis, escojáis una de las tres palabras propuestas e intentéis escribir una pequeña escena o relato de apenas unas líneas con esa palabra. ¿Qué os parece? He pensando que puede ser divertida, ¡así que os invito y animo a probarlo! Palabra 1: Micrófono La música esca...

El duende de la chaqueta roja

Cuenta la leyenda, que un escritor anduvo por el sendero de Salburúa durante mucho, mucho tiempo. Escribía fantásticas historias en las que paseantes se encontraban con su personaje principal, su protagonista favorito, el duende de la chaqueta roja. La historia narra que al morir el artista, el duende de la chaqueta roja habría de escaparse de sus letras para cobrar vida entre los árboles de Salburúa. Esta fotografía me la hizo David G. Felis Dicen que sólo quienes son niños de espíritu pueden verle. Aparece de repente, entre los árboles, y ríe hasta llamar la atención de quien quiere. Se miran a los ojos mientras el personaje se acerca canturreando sílabas sin sentido en una melodía preciosa y divertida. Entonces, se agacha o salta, según la persona, para ponerse a la altura de la misma, y le susurra algo al oído. El efecto es inmediato y una sonrisa nace en los labios de ambos, justo en el momento en el que el duende de chaqueta roja desaparece entre los árboles otr...