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Mostrando las entradas etiquetadas como sueños

Un deseo

A veces desearía ser invisible; otras, formar parte de ese vestido amarillo que cubre la tierra del campo, contrastando con el triste gris de este cielo inglés que no me deja ver el sol. Ahora lo pienso y me resulta curioso: un extremo u otro; pues me encuentro en ese incómodo intermedio de ser visiblemente distinto. Aquellas flores son como modelos hermosas, con sus pétalos perfectamente dibujados y sus tallos altos y esbeltos. Y yo, un solitario diente de león, un pequeño copo de nieve que no se deshace en primavera. Un deseo, eso es lo que soy. Un anhelo imposible, un sueño de los que no se recuerdan al despertar. En conjunto, somos una fotografía congelada en el tiempo, un cuadro de esos que se exponen en los museos, que la gente mira sin ver, en realidad, más allá de las extrañas pinceladas. De repente, una mano me separa de mis raíces, paraliza mis pensamientos. ¿Qué ocurre? Oh, una niña. Más bien, una joven. Detrás de ella aguarda un chico algo mayor que ella. -Cuando era pe...

La boina mágica

— ¡Hola chicos! —Toñi, la joven cuentacuentos, llegó a la zona de juegos en la que los pequeños se divertían.  — ¡Buenos días Toñi!—contestaron varios, mientras el resto avisaba a los demás de que había llegado ya. No tardó en hacerse un corro en derredor de ella. Todos la miraban expectantes, sonriendo. También se acercaron padres curiosos y algún adolescente intrigado. La joven se había sentado en uno de los bancos de piedra, en el Parque de los Pinos. — Mmm... ¿Sabéis qué es esto? —La joven señalaba con su mano derecha un objeto que sostenía con la izquierda. — ¡Un sombrero! —Dijo Irene enseguida. — ¡Una gorra de abuelo! —Exclamó Rafael. La risa general de los más mayores hizo sonrojar al chico. — Tal vez usted pueda responder a la pregunta que he hecho —se dirigió a uno de los padres que contemplaban la escena. — Es una boina. — Exacto. Una boina. Es el nombre que tienen los sombreros planos con los que solemos identificar a las personas mayores. ¿A qui...

Tonta

13 de Oct, a las 16:53 Hoy has vuelto a colarte donde no debías, te has reído conmigo, nos hemos abrazado, todo estaba bien entre las dos. Entonces me he despertado. Y ahora me pregunto por qué, por qué sigo pensando en ti, soñando contigo, echándote de menos y odiándote a la misma vez, por qué a ti te resultó tan fácil olvidarlo todo y por qué a mi me cuesta tanto. Pero nadie responde. Es frustrante.

Para siempre

Al día siguiente te ibas de mi lado. Dos meses, nos habíamos dicho, sólo son unas semanas y volveremos a vernos. Sin embargo, ya te echaba de menos. Sabía que me faltarían tus buenos días, los besos antes y después de hacer cualquier cosa, tus desayunos extraños pero bellos en ti, tus brazos y abrazos, tu respiración, tu voz, tus caricias, tus buenas noches... Y no quería. No pude evitarlo. Las lágrimas desnudaron mi fragilidad ante tus ojos que, sencillos, imitaron a los míos. No sé cuánto tiempo pasamos abrazados tomando con lentitud las granizadas de limón demasiado ácidas y caras que habíamos comprado. Tus manos tendrían mi sabor salado y mis dedos, el tuyo. Jamás me he sentido tan unida a una persona ajena a mi familia, tan querida por alguien que no lleve mi misma sangre. Mi mejor amigo antes que todo y, ahora, mi más sincero amor. Aquello era real, verdadero, nuestro. La felicidad que sentía en tu regazo era plena, llena, de ensueño, como cada momento que compartí contigo. Termi...