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Mostrando las entradas etiquetadas como no rendirse

Yo no puedo, ¡yo sí puedo!

            Érase una vez una clase que se impartía al aire libre, en un circuito cerrado donde había parque, selva, acantilados y un entorno parecido a la Antártida, con hielo y agua alrededor. Había en ella cinco estudiantes: un guepardo, una jirafa, una cigüeña y dos pingüinos. Sus nombres eran Gerardo, Jimena, Cinta, Pin y Quino respectivamente. Tenían una profesora llamada Niebla, que era una nube sonriente y muy entusiasta, y durante el curso le propuso a sus alumnos y alumnas una serie de pruebas que consistirían: la primera, en recorrer un sendero del parque; la segunda, coger una flor situada en la rama de un alto árbol de la selva; la tercera, cruzar un acantilado situado muy cerca de otro; y la cuarta, pescar en las aguas  situadas alrededor y bajo el hielo que simulaba la Antártida.             La primera prueba le resultó muy sencilla a Gerardo, el guepardo, quien corrió llega...

Lección entre pinceles

Cuando Pau inició sus clases en septiembre de un año cualquiera a comienzos del segundo milenio después de Cristo, no esperaba poder enseñar lecciones a través de sus cuadros o, al menos, no lecciones como las que le enseñó a la pequeña Alícia. Alícia era una joven que se había encontrado con muchas quejas familiares y risas burlonas de amistades al decidirse en voz alta por los estudios a los que pretendía optar, pero eso no impidió que siguiera adelante. No obstante, la batalla diaria le hizo dudar sobre la idea de encontrarse o no en el camino correcto. -Alícia, ¿qué te ocurre? Los dibujos no te salen. Estropeas el lienzo. -No lo sé, profesor. Pau le miró, diciéndole sin palabras su conocimiento acerca de la poca veracidad en su respuesta. -Bueno –admitió. –No sé si hice bien al entrar aquí. Pinto y algunas personas disfrutan de ello; otras, quedan indiferentes. Camino por la calle y gente que es mejor que yo está vendiendo allí mismo sus creaciones. El joven...

Castillo de arena

No solía ir a la playa y, cuando lo hacía, las ganas de jugar con la arena y crear castillos se escondían, tímidas, en sus ojos oscuros. "Yo no sé hacerlos, nunca los he hecho" se decía para justificarse a sí misma, sin embargo, llegó una mañana y se enteró de que aquella tarde habría una especie de exposición de esculturas de arena, ¿por qué no iba ella a construir su castillo? Al fin y al cabo, no era algo tan raro. En un par de horas y media Almudena había terminado su obra. Había quedado bastante bien, un edifico pequeñito, con un par de ventanas y dos torres a los lados. La puerta era grande. Aplaudió para sí, riéndose. Es lo que ocurre cuando se tienen cuatro años: saben encontrar la felicidad en cualquier parte. Se imaginó entrando en él, caminando por una alfombra roja para llegar al trono de su padre y al de su madre. Luego subiría unas escaleras a una de las torres y se asomaría a un balcón. A lo lejos, divisaría a su príncipe azul galopando veloz para casarse con e...

Palabras de aliento

Supe que jamás te marcharías de mi memoria el día que rozaste mi mejilla con un beso inocente que robó mi lágrima última y vio nacer la más sincera de mis sonrisas en mi rostro. Creo que englobas en tu persona todo aquello que se puede desear, pura magia encerrada en un cuerpo de mujer capaz de iluminar con su presencia la ciudad más oscura. A veces he pensado en la posibilidad de que no seas de este planeta; una criatura tan extraordinaria pierde su sentido en este mundo donde reinan la avaricia, el miedo y la destrucción. Das la impresión de no derrumbarte nunca, te vistes de invencible para que la gente se apoye en tu hombro cuando el cansancio le venza, pero he descubierto que también eres humana. Anoche noté tu alma herida a través de las líneas que me escribías sin querer contarme nada. Lo eres todo para mucha gente, aunque no lo admitas; sin embargo, yo sólo soy alguien para ti. Con eso ya me basta para seguir adelante, a tu lado, por ti, me has dado tantas razones para plantarl...