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Mostrando las entradas etiquetadas como María

Siempre a tu lado

-Siempre estás feliz. ¡Todo te va bien! -Exclamó de pronto. -Son dos conceptos que no tienen por qué ir relacionados -respondió con una leve sonrisa y un deje nostálgico en la voz.- Ser feliz depende de nosotros; que la vida nos sonría o nos de la espalda, no. -A ti siempre te sonríe, Clarisa, no me vengas con cuentos. -No, Esteban... A ti siempre te sonrío. Clarisa le dedicó una cálida sonrisa antes de retirarse a su habitación. Esteban la observó mientras bebía el último sorbo de su bebida y se marchó del hotel. Compartían amistad desde hacía veinte años y ella jamás había perdido el equilibrio, al contrario que él, quien se había derrumbado incontables veces y había encontrado apoyo en su fiel compañera. Clarisa cerró con delicadeza la puerta de su dormitorio y tomó asiento en la alfombra, junto a la cama de colchas rosadas. Lágrimas brotaron de sus ojos marrones mientras ella recogía sus piernas en un abrazo. Un mechón rizado y dorado se desprendió de las horquil...

Lección entre pinceles

Cuando Pau inició sus clases en septiembre de un año cualquiera a comienzos del segundo milenio después de Cristo, no esperaba poder enseñar lecciones a través de sus cuadros o, al menos, no lecciones como las que le enseñó a la pequeña Alícia. Alícia era una joven que se había encontrado con muchas quejas familiares y risas burlonas de amistades al decidirse en voz alta por los estudios a los que pretendía optar, pero eso no impidió que siguiera adelante. No obstante, la batalla diaria le hizo dudar sobre la idea de encontrarse o no en el camino correcto. -Alícia, ¿qué te ocurre? Los dibujos no te salen. Estropeas el lienzo. -No lo sé, profesor. Pau le miró, diciéndole sin palabras su conocimiento acerca de la poca veracidad en su respuesta. -Bueno –admitió. –No sé si hice bien al entrar aquí. Pinto y algunas personas disfrutan de ello; otras, quedan indiferentes. Camino por la calle y gente que es mejor que yo está vendiendo allí mismo sus creaciones. El joven...

Lo que cuentan las palabras: acuarelas, calle y beso

A ver, recuerdo así de manera breve en qué consiste esto de las palabras: 1.- Se me proponen o escojo tres palabras, de cada una, hago un microrrelato y lo comparto en mi blog con vosotros. 2.- Comentáis: vuestra opinión general del juego, de los micrrorrelatos. 3.- Participáis (solo si así lo deseais^^ ¡yo os animo!). Es decir, escogéis UNA de esas tres palabras, y creáis otro microrrelato. Palabra 8. Acuarelas Genial. No podía haber llovido mientras dormía, sino ahora, a las siete y veinte de la mañana. Acabo de desayunar, recojo las cosas y me marcho. El solo hecho de salir de mi casa al coche le ha bastado al tiempo para conjuntar mis ropas con el clima, empapándolas de agua. Los días así no me gustan. Son tristes. Agradables para estar en casa escribiendo algún poema, pero no para salir a trabajar. Arranco y me pongo en marcha. Enciendo la radio, pero la publicidad parece haber tomado el lugar de las canciones que podría estar escuchando en los minutos que he de conduci...

Lo que cuentan las palabras: latido, cuchicheo y pintalabios

Palabra 4: Latido  Recuerdo aquellos meses con mucho cariño. Amaba con más facilidad, con menos excusas. Reía por detalles pequeños y, aunque lloraba de la misma forma, sentía intensamente... Era como vivir, también, intensamente. Cuando la gente me decía palabras tan bonitas como "tienes un corazón muy grande", yo respondía con sinceridad "no, cariño, tengo dos corazones". El día del nacimiento de mi hijo lo pasé... bueno, con dolor, pero ver su sonrisa me hizo olvidar todo lo que no fuera felicidad. Hace poco me preguntaron cuál es el sonido más bello que he escuchado en mi vida. La respuesta es sencilla: el primer latido de mi pequeño corazón. Palabra 5: Cuchicheo  ¿Sabes usted? Yo siempre he pensado bien de la gente, ignorando rumores, cuchicheos; en general, las malas lenguas. Las divisiones de los de abajo provocadas por los de arriba nunca me interesaron. Sin embargo aquella noche, estando yo de visita en un pueblo (eran fiestas) de mi amigo, me sorprend...

Lo que cuentan las palabras

Anoche, hablando por teléfono con David, recordé la entrada que publiqué hace un tiempo " ¿Qué ven ustedes? ", en la que a partir de una fotografía os pedía que dejarais volar vuestra imaginación. La experiencia fue realmente bonita: de una fotografía salieron muchas historias diferentes. Pues ahora bien, se me ha ocurrido que, para amenizar un poco más el blog, que lleva unos meses bastante apagado, voy a proponer tres palabras, y escucharé lo que tengan que decirme. Lo que oiga, lo escribiré y lo compartiré con vosotros, como haré en esta entrada. La idea es que, después, además de comentar vuestra opinión sobre mis relatos, si os ha gustado alguno más en concreto y por qué, etc., como soléis hacer; los que queráis, escojáis una de las tres palabras propuestas e intentéis escribir una pequeña escena o relato de apenas unas líneas con esa palabra. ¿Qué os parece? He pensando que puede ser divertida, ¡así que os invito y animo a probarlo! Palabra 1: Micrófono La música esca...

Miradas distintas

Una pareja de jóvenes se había reunido bajo la Cruz de la Cerrajería, en el Barrio de Santa Cruz de Sevilla y, sentada, bebía, reía y conversaba discretamente. Sólo les vimos tras las rejas de la base que sostenía el monumento. Él llevaba un pendiente en la oreja izquierda, el cabello oscuro, corto, y hablaba con la delicadeza de quien, enamorado, intenta mantener el encanto de una conversación para ellos mágica. Ella, también morena, con el pelo liso y largo, reía cuidando que ésta fuera suficiente; en volumen, duración y entonación había una armonía que sólo se consigue con los nervios de las primeras citas, esas que nos hacen querer suavizar y resaltar, a la vez, nuestros encantos. Estimé entonces que no llevarían más de un mes y medio saliendo juntos. Les dibujé con la mente miradas capaces de tocar al otro, que se aferraban a los ojos por temor a la posibilidad de intimidar a tan grata compañía. Caminábamos ya por el Callejón del Agua, para salir del encanto permanente de las cal...

Pensamientos de un día cualquiera

Cansada de estrellas fugaces , busco una real y constante, que a mi lado aguarde cuando la oscuridad, apagada  en su plenitud, se cierna sobre la ciudad en la que vivimos las dos, los dos...  Amistades efímeras que se piensan eternas, que dañan el alma, el corazón y qué sé yo.

Lamento lunar

¡Tierra! ¡Mírame! ¿Es que no te das cuenta de que soy el único satélite real que vela tus sueños, quien te arropa con la marea de agua salada, quien mueve los vientos para que despejen tu bello rostro? Los demás no existen, son máquinas creadas por tu afán de conocerte en un espejo lo suficientemente preciso como para observar tus detalles en su plenitud. Mi atracción hacia ti es real, natural, y antes de que todas esas sensaciones invadieran tu cabeza, yo te amaba. Y te amo. ¿Por qué me has olvidado, oh Tierra mía? Anoche me escondí en una luna nueva y no añoraste mi presencia. ¿Es porque soy fría y estoy muerta? ¿Es porque ya no te vale que brille a través del astro Sol? ¿Le envidias por aquel eclipse? Sólo fue una noche, tú eres mi verdadero amor. Oh Tierra, dónde están tus versos y poetas, esos ojos con los que me adulabas... La Tierra ha respondido a este lamento, puedes leerlo haciendo clic " aquí ".

Libros con historia

He estado leyendo el primer libro de Cárceles de mujeres, de Sinclair Lewis. Pertenece a una colección de premios nóbeles que mi abuelo regaló a mis padres en su boda. Libros que mi abuelo ha leído y releído y que han pasado años adornando la estantería del despacho, junto a la entrada de mi casa. Cuando acabé los exámenes, tenía la necesidad de leer, de empaparme de letras novelísticas, de escaparme a otros mundos, otras épocas. A sabiendas de que mi pobre rincón de la Red requería una actualización, mis manos no eran capaces de coordinarse para enlazar las palabras y elaborar algo digno de ser compartido con tan grata compañía como es la de vuestros ojos lectores. Al azar, cogí el libro antes mencionado, con la sorpresa siguiente: no sólo me cautivaban los fragmentos escondidos, que más que historias eran verdades poéticas dignas del silencio del alma; no sólo me enamoraba el hecho de seguir leyendo sus páginas... Ese libro tenía historia, y no era por estar ambientado a principios...

Eran maniquíes

Eran maniquíes. Esculturas de plástico condenadas a posar en los escaparates con prendas ideales. Objetos inanimados, decía la gente. Mauricio era uno de ellos, nuevo, pero preso de la misma tienda. Fue al instante de llegar cuando se fijó en ella, en Adelaida.  Mauricio era joven, inexperto, desconocedor de las reglas inquebrantables de cada puesto de ropa. Así que al caer la noche, suspiró y buscó a la bella silueta que había robado su atención desde el primer momento. Allí estaba ella, inmóvil, perfecta, luciendo un sencillo traje primaveral, o veraniego, eso no importaba: la esencia era ella. Se acercó con el torso al descubierto, sus vaqueros rotos y una gorra.  -¿Qué haces aquí? Si te pillan pueden acabar contigo en menos que... -¡Hola! -Estás loco. -Por ti. Cásate conmigo, vayamos a la sección de bodas. Ella rió ante la ocurrencia disparatada del nuevo chico. Entonces, alguien encendió la luz del pasillo.  Mauricio corrió a esconderse entre la ropa, cui...

¿Punto final?

−Se acabó la función. −No habrá punto final en nuestra historia mientras me acuerde de ti. Todo ese tiempo te estaré esperando, por si vuelves. −Segundas partes nunca fueron buenas. −Siempre nos han gustado los retos. −Y llevarle la contraria al mundo. Tienes razón. −Quédate esta noche. −Si lo hago, no podré marcharme. −Entonces no te vayas. María Beltrán Catalán (Lady Luna)

Quiérete

Alicia era una joven pedagoga que había encontrado trabajo como orientadora en un colegio de su barrio, concretamente, el mismo donde ella estudió. Le había pedido al director, a mediados de curso, la posibilidad  de estar una hora de cada clase como observadora. Durante este tiempo, Alicia iba anotando en su libreta cuanto creía de interés para su propósito. Después, el docente le facilitaba alguna fotografía para que pudiera identificar a los alumnos que considerase. Tras realizar dicha labor en las aulas de primero y segundo de secundaria, estuvo un par de semanas paseando por el recreo, con su cuaderno y bolígrafo. Y más tarde, citó en su despacho, a veces de forma individual y otras en grupo, al alumnado. La primera reunión la tuvo con un grupo de chicos. −Sentaos, por favor. Los jóvenes obedecieron, con alguna sonrisa burlona. −¿Sabéis por qué estáis aquí? −No –respondió uno de ellos. −Me gustaría proponeros algo. Os voy a narrar una situación, y vosotros imaginaréis...