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Mostrando las entradas etiquetadas como estrella fugaz

Promesas, sueños y risas de una triste amapola

Su amistad duró lo que tardó en cruzar mi jardín. Llegó desorientado, sin saber con quien hablar; se había quedado solo. Yo, encantada, le ofrecí sombra en los veranos y refugio en los inviernos. Promesas, sueños y risas que eran nuestras, especiales, de nadie más. Mi corazón se impregnó de sus manías, de todo aquello que le hacía diferente. Mi cabeza, algo más sensata, sabía que algo no iba bien; pero ella también deseaba pensar que aquello era verdad. Empezó a irse al jardín de la casa de al lado. Las amapolas y las margaritas no nos llevamos bien. Él decía que nada cambiaba entre nosotros. Palabras vacías que se clavaban en mi frágil tallo para ir lastimando poco a poco mi alma. A mi pregunta "¿y si te quedas conmigo?" mintió con su afirmación. Un día se fue y no volvió. Se olvidó de mí. Como si todas las promesas, sueños y risas no hubieran existido en su memoria. Yo me quedé aquí, esperándola, como una tonta flor que espera lluvia en agosto. Le envié mensajes: el vient...

¿Volveremos a ser una de esas estrellas?

¿Qué somos? Es una de las preguntas que nos hemos hecho y no hemos "sabido" responder. Tantos sentimientos juntos y todos demasiado mágicos, agradables, diferentes para definirnos, pero hoy he encontrado el nombre perfecto. Dicen que las estrellas más bellas son las fugaces, que cumplen deseos porque ya no los necesitan. He oído que pasan tan rápido por el cielo como el tiempo por ellas, que brillan porque así se sienten. No pasan dos veces por el mismo sitio, no puedes esperar a verlas ninguna noche ni siquiera cuando hablan de la lluvia de estrellas. Inesperadas, hermosas, inolvidables. Los momentos que he vivido contigo cumplen todas esas características. A tu lado no existe nada que no seamos nosotros; la gente, el tiempo y las cosas reales desaparecen perdiendo su sentido cuando nos miramos, me abrazas o sonríes. Me gusta pensar que volveremos a ser una de esas estrellas, que jugaré de nuevo con tus manos, que las horas serán minutos sobre tu regazo. ¿Sabes? Creo que ya...