Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como felicidad

Siempre a tu lado

-Siempre estás feliz. ¡Todo te va bien! -Exclamó de pronto. -Son dos conceptos que no tienen por qué ir relacionados -respondió con una leve sonrisa y un deje nostálgico en la voz.- Ser feliz depende de nosotros; que la vida nos sonría o nos de la espalda, no. -A ti siempre te sonríe, Clarisa, no me vengas con cuentos. -No, Esteban... A ti siempre te sonrío. Clarisa le dedicó una cálida sonrisa antes de retirarse a su habitación. Esteban la observó mientras bebía el último sorbo de su bebida y se marchó del hotel. Compartían amistad desde hacía veinte años y ella jamás había perdido el equilibrio, al contrario que él, quien se había derrumbado incontables veces y había encontrado apoyo en su fiel compañera. Clarisa cerró con delicadeza la puerta de su dormitorio y tomó asiento en la alfombra, junto a la cama de colchas rosadas. Lágrimas brotaron de sus ojos marrones mientras ella recogía sus piernas en un abrazo. Un mechón rizado y dorado se desprendió de las horquil...

Los Reyes Magos

Estela era una niña de nueve años que vivía con su madre Yolanda. Su familia quedaba muy lejos y hacía años que había perdido todo contacto con ella. Se acercaban las fiestas de Navidad, Fin de Año, y el Día de los Reyes Magos; días felices para muchos, pero difíciles para otros. La crisis económica aquel año había hecho perder a Yolanda su trabajo, complicando así el mes de diciembre que tanto le gustaba a su hija. Un día, antes de que finalizaran las clases, Estela llegó a casa muy ilusionada: ya sabía lo que iba a pedirle a los Reyes Magos. Yolanda, que sólo pensaba en cómo conseguir el sustento del día a día, no pudo evitar exaltarse con Estela. - Estela, los Reyes Magos no creo que puedan venir este año. Hay muchos niños que los necesitan más que... nosotras. - Pero los Reyes Magos pueden cumplirlo todo, mamá. - A veces... verás... - Confía en mí, mamá -la joven sonreía, ilusionada. - Estela, ¡los Reyes Magos no existen! ¿Vale? -Yolanda se llevó las manos a la boca y, luego, cu...

Violinista

Había pasado toda la tarde escuchando las notas que hacías bailar entre la gente despreocupada que caminaba de un lado a otro de la ciudad. No era la primera vez que nos veíamos, hablábamos, reíamos o me regalabas una pequeña alegría. Se me había hecho tarde, debía irme si no quería perder el último viaje de metro; lo sabías. Dejaste a medias tu canción habitual para tocar mi favorita tras una sonrisa que te devolví encantada. Cerré los ojos, pude sentir tu mirada deslizándose por la partitura creando magia a su vez. Solo tenía oídos para tu instrumento y mi respiración; lo demás no importaba. Disfruté cada segundo como si fuera el detalle más hermoso que recibiría en toda mi vida. La melodía llegó a su fin. Una mirada tuya me invitó a abrir los ojos y repetir tu gesto sonriente. Me acerqué, besé tus pálidas mejillas y eché a correr después del vistazo al reloj del móvil. Al día siguiente volvería a verte donde y como siempre, pero jamás olvidaría aquellos momentos de sincera felicidad...