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Mostrando las entradas etiquetadas como flores

Un deseo

A veces desearía ser invisible; otras, formar parte de ese vestido amarillo que cubre la tierra del campo, contrastando con el triste gris de este cielo inglés que no me deja ver el sol. Ahora lo pienso y me resulta curioso: un extremo u otro; pues me encuentro en ese incómodo intermedio de ser visiblemente distinto. Aquellas flores son como modelos hermosas, con sus pétalos perfectamente dibujados y sus tallos altos y esbeltos. Y yo, un solitario diente de león, un pequeño copo de nieve que no se deshace en primavera. Un deseo, eso es lo que soy. Un anhelo imposible, un sueño de los que no se recuerdan al despertar. En conjunto, somos una fotografía congelada en el tiempo, un cuadro de esos que se exponen en los museos, que la gente mira sin ver, en realidad, más allá de las extrañas pinceladas. De repente, una mano me separa de mis raíces, paraliza mis pensamientos. ¿Qué ocurre? Oh, una niña. Más bien, una joven. Detrás de ella aguarda un chico algo mayor que ella. -Cuando era pe...

Promesas, sueños y risas de una triste amapola

Su amistad duró lo que tardó en cruzar mi jardín. Llegó desorientado, sin saber con quien hablar; se había quedado solo. Yo, encantada, le ofrecí sombra en los veranos y refugio en los inviernos. Promesas, sueños y risas que eran nuestras, especiales, de nadie más. Mi corazón se impregnó de sus manías, de todo aquello que le hacía diferente. Mi cabeza, algo más sensata, sabía que algo no iba bien; pero ella también deseaba pensar que aquello era verdad. Empezó a irse al jardín de la casa de al lado. Las amapolas y las margaritas no nos llevamos bien. Él decía que nada cambiaba entre nosotros. Palabras vacías que se clavaban en mi frágil tallo para ir lastimando poco a poco mi alma. A mi pregunta "¿y si te quedas conmigo?" mintió con su afirmación. Un día se fue y no volvió. Se olvidó de mí. Como si todas las promesas, sueños y risas no hubieran existido en su memoria. Yo me quedé aquí, esperándola, como una tonta flor que espera lluvia en agosto. Le envié mensajes: el vient...

Mi Navidad

Apenas faltaban unas horas para la Noche Buena. Mis vecinos habían insistido en invitarme a las cenas con sus respectivas familias, para celebrarlo, pero yo hacía tiempo que no tenía nada por lo que brindar. Mi familia se había ido reduciendo cada año, pasando de ser veinte personas alrededor de la mesa, a verme completamente sola. Supongo que es normal; una anciana como yo, sin hijos ni nietos. La gente parece feliz, incluso quienes no lo son, lo fingen. Las calles se visten de luces de colores para recordarme que el mundo está de fiesta, que yo no estoy invitada a ella. Es triste. Aquella noche ni siquiera preparé la cena. Echaba de menos la sencillez de la que preparaba mi hermana; en paz descanse su alma. Me acosté, intentando mantener la mente alejada de los villancicos navideños. Al día siguiente me levanté, como siempre. Mientras desayunaba, pensé en el consumismo masivo de estos días festivos. La gente no se planteaba si creía o no en la historia de Jesús, en los Reyes Magos,...