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viernes, 13 de abril de 2018

Ángel de la Red

Ya no había marcha atrás. Verónica iba de un lado a otro. Esmeralda estaba apoyada en la pared, cabizbaja. Fátima la acompañaba con los brazos cruzados.

—Saldrá bien. —Ana, la coordinadora, miró con cariño a sus compañeras—. Lo conseguiremos.

Julia se encontraba frente a la puerta de la Fundación Prevención de RiEsgos VItales por motivos SOciales, normalmente conocida como PREVISO. Era un edificio modesto, al igual que la entidad. Ésta se encontraba asociada a una empresa de ingeniería biomédica y de las telecomunicaciones, aunque había tantas en la zona que no sabría identificar cuál. El sensor de presencia hizo aparecer un holograma que le dio la bienvenida y preguntó si había leído y entendido las Condiciones de acceso. Al ser un procedimiento habitual y protocolario, las aceptó sin leerlas o escucharlas. Cruzó el umbral de la entrada y un empleado robótico, que la estaba esperando, la guió a una sala situada en el subsuelo. Supuso que Ana, tozuda, querría enseñarle algo nuevo sobre su experimento pedagógico-holográfico. Julia no iba a cambiar el voto, lo había hablado en numerosas ocasiones con Víctor. El proyecto era en sí mismo una muestra de osadía irresponsable y ella estaba en una posición jerárquica superior. No lo consentiría. ¿Utilizar imágenes privadas? ¿Intervenir con alguien que no sabe que ha consentido? No resultaba ético.

De repente, estaba sola y las luces se apagaron.

—Hola, Julia. Soy el Ángel de la Red. Voy a mostrarte quién eres para que puedas decidir quién quieres ser. —La voz sonaba en toda la estancia.
—El comité no ha aprobado la implementación del programa —replicó Julia con autoridad.

Un holograma le mostró las condiciones de acceso que había firmado para entrar en PREVISO. Los epígrafes que referenciaban su consentimiento estaban resaltados en negrita. Julia comenzó a sudar. Comprendió que iban a probar el experimento con ella.

—Esto no ha sido... no... No es ético... ¡No puede ser!

Apareció una imagen tridimensional que ocupaba toda la pared. Estaba en movimiento y mostraba a una chica joven sonriendo. Le resultaba familiar pero no la reconocía. Aprovechando la luz que emanaba, Julia miró en derredor. La vista solo le alcanzó a distinguir un aseo, un colchón y comida racionada para varios días. No había salida. La imagen holográfica seguía narrando sin sonido la vida de aquella chica.

Víctor notó la ausencia de su esposa al llegar a casa. Acudió a PREVISO y, aunque lo exigió indicando su cargo público, no le dieron ninguna información. Puso una denuncia de desaparición en la comisaría, pero no tardaron en comunicarle que ésta había sido voluntaria, no forzada, y no podían hacer nada al respecto.

Al cabo de unos días, Julia perdió la noción del tiempo. El holograma se desvanecía una hora en tres ocasiones y durante ocho horas seguidas diarias. Se aseguraban de que estuviera alimentada, hidratada y descansada. Julia no supo identificar cuándo había dejado de pensar en el mundo exterior para centrarse en la muchacha que se desplazaba por la estancia a placer. No sabía si era real o ficticia. Parecía tímida pero era segura. Además, observó que tenía capacidad de liderazgo y que le preocupaba mucho la justicia. Intercedía por los indefensos siempre que tenía posibilidad, aun a riesgo de perder seguridad o reputación. La querían. Vaya, su primer día de trabajo...

Entonces, la reconoció.

Víctor había citado en su despacho a la coordinadora del equipo PREVISO. Intentó sacarle información sobre Julia que le fue negada por la cláusula de confidencialidad. Amenazó a Ana con aires de grandeza. El departamento que dirigía Víctor se presentó al día siguiente con una orden parcial para peinar el edificio y encontrar a Julia, misión que fracasó. Con la firma de Julia difícilmente ganarían una batalla legal. Se sintió desafiado por Ana. En aquel momento estaba dispuesto a destruirla derribando el proyecto. No le importaba que éste pudiera mejorar la sociedad.
Finalmente, con un soborno y una falsa promesa, Víctor hizo que el departamento de informática atacara la red de PREVISO para ver, controlar y bloquear los sistemas. Los ciborg que dirigían la empresa asociada a PREVISO frenaron el ultravirus a tiempo, pero el flujo era continuo. El campo de fuerza cibernético se fragmentaría en cualquier momento.

—Si consiguen entrar van a fastidiar el programa. —Fátima se mordía las uñas mientras miraba a Ana—. ¿En qué fase se encuentra el usuario?
—Avanzada.

Julia había pasado varios días observando a su holograma tratarle con el mismo desprecio con el que ella misma había tratado a esa persona, sin ser consciente de ello, en los últimos meses de estrecha relación. Parecía un teatro en el que ella representaba a quien había sido su víctima. No comprendía cómo había sido capaz de abusar de su posición para menospreciar personalmente a una compañera a la que apreciaba. Ni cómo se había dejado convencer por Víctor para expulsarla del Comité.

—¿So, soy... una... a, acosadora?

Víctor accedió con varias personas a la fundación. Sus informáticos habían hackeado los robots para que les llevaran junto a Julia.

—¡Han entrado! —La voz de Verónica sonó desgarradora.
—¡Bajo a por el usuario! —Esmeralda se marchó a toda prisa.

Esmeralda y Víctor llegaron al mismo tiempo. Ella se adelantó para hacerle un chequeo rápido y comprobar que no hubiera daños. Parecía aturdida. Él se acercó y apartó a Esmeralda con un empujón.

—¡Detente! —Era la primera vez que Julia contradecía a Víctor.
—¿Qué... qué dices? Te tenían secuestrada, Julia. Nada de lo que han conseguido hubiera sido posible sin nuestros permisos, ¡y así lo agradecen!
—No... no, Víctor. Tú... y yo... —Julia sollozó—. Tengo que hablar con Ana —salió corriendo—, ¡tengo que disculparme con ella!

El día de la votación, PREVISO sabía que Julia votaría a favor del programa. Había superado todas las pruebas médicas y encontrado su propia voz. Solo Víctor y sus sometidos votarían en contra de una medida que podría prevenir la principal causa de muerte en jóvenes y adultos: el suicidio debido al acoso escolar y laboral.

—Durante décadas se ha utilizado la realidad virtual para la superación de fobias específicas. La realidad holográfica aumentada puede utilizarse también como herramienta reeducadora de aquellas personas, criminales o no, que abusan de su poder reiterada e intencionadamente para lastimar al prójimo. El consentimiento expreso lo obtendríamos a través de las Condiciones de acceso y uso y las Políticas de privacidad de nuestras nuevas redes sociales, que normalmente nadie lee. La víctima denunciante consciente y el acosador imprudente nos permitirían acceder a las grabaciones de su vida privada. La legalidad vigente sustenta que el gobierno obtiene estas imágenes para velar por la seguridad ciudadana. Este programa las usaría, previo consentimiento, para el mismo fin.

El Comité deliberó y aprobó, por mayoría simple, el programa pedagógico-holográfico Ángel de la Red.

(María Beltrán Catalán)

2 comentarios:

Sami Sopca dijo...

¡Excelente!

Da miedo pensar en la manipulación humana a través de los avances de los avances de la tecnología.

Aunque en este relato fue para hacer el bien.

David dijo...

Me encanta! Al principio pense que le estaban haciendole algo malo y cuando entendi que lo hacian por algo bueno cambie radicalmente de parecer.
El momento que me gusta mas es cuando descubre lo que ha aceptado. Quien no ha temido alguna vex haber firmado/aceptado algo y no entenderlo completamente?
Un texto con mucha densidad y detalles!