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martes, 12 de julio de 2011

Libros con historia

He estado leyendo el primer libro de Cárceles de mujeres, de Sinclair Lewis. Pertenece a una colección de premios nóbeles que mi abuelo regaló a mis padres en su boda. Libros que mi abuelo ha leído y releído y que han pasado años adornando la estantería del despacho, junto a la entrada de mi casa.

Cuando acabé los exámenes, tenía la necesidad de leer, de empaparme de letras novelísticas, de escaparme a otros mundos, otras épocas. A sabiendas de que mi pobre rincón de la Red requería una actualización, mis manos no eran capaces de coordinarse para enlazar las palabras y elaborar algo digno de ser compartido con tan grata compañía como es la de vuestros ojos lectores.

Al azar, cogí el libro antes mencionado, con la sorpresa siguiente: no sólo me cautivaban los fragmentos escondidos, que más que historias eran verdades poéticas dignas del silencio del alma; no sólo me enamoraba el hecho de seguir leyendo sus páginas... Ese libro tenía historia, y no era por estar ambientado a principios del siglo XX.

A medida que avanzaba la trama novelística, me fui fijando en los detalles físicos del libro. Marcas realizadas con un bolígrafo sin punta, esquinas dobladas cuidadosamente para una posterior retoma de la lectura. Entonces, dejé de ver a Ann Vickers, la protagonista de Sinclair Lewis, para contemplar a mi abuelo, sentado en su sillón, o en su despacho, leyendo hacía años ese mismo libro, el libro que yo tenía en ese momento entre mis manos. 

Inevitablemente, me vi entrando por la puerta de su piso, con mis padres y mi hermano. Ir corriendo a su despacho para encender el flexo, coger aquel lápiz con doble punta, una azul y otra roja, y dibujar para él, a veces para ella, a veces para ambos.

Le eché de menos. 

Recuerdo que me daba besos en la frente, porque no me gustaban los besos en la cara. Le recuerdo callado, a veces serio, a veces cantando la canción de "Bartolito" mientras hacía cosquillas a mi hermano. También le recuerdo sentado, viendo la televisión, mientras mi hermano comía galletas a su lado y yo dibujaba en su despacho, para luego ir a jugar con mi abuela. Recuerdo a Bobi, el primer perro que conocí con ellos. Su historia. Y a Caru, que apareció en el bolsillo de la chaqueta de mi tío Jose Manuel.

Contemplé de nuevo las páginas del libro, amarillentas por el paso de los años, pero perfectamente conservadas, cuidadas, respetadas. Imaginé de nuevo a mi abuelo, leyendo el mismo libro, las mismas letras. Y continué su lectura.

Ya he terminado el primer libro y me dispongo a comenzar el segundo. Una de las cosas que he aprendido durante este tiempo de lectura, es que un libro guarda mucho más que la historia descrita en sus páginas, mucho más que el mensaje que el lector/a haya querido entender... En cierta manera, cuando leemos un libro, dejamos parte de nosotros en él, al igual que él en nosotros. Por eso, cuando un libro tiene historia, ha pasado por otras manos, por otros ojos, por otro corazón, esa historia sigue viva, igual de viva que las letras mecanografiadas en sus páginas, igual de viva que la persona que la lee, la descifra, la imagina, la siente, e incluso la recuerda.

12 comentarios:

Liam dijo...

Holaa
me has dejado hipnotizado en la pantalla con cada letra, hasta me dió pena cuando llegué al final :P
me pasaré a menudo ^.^

Anónimo dijo...

No he podido evitar emocionarme y que alguna "lagrimilla" me dificultara la lectura del texto, porque yo tambien, he hecho ese recorrido contigo.
Eres un privilegio de persona
¡Felicidades!

And remember...

Xevixeis dijo...

De nuevo por aquí LadyLuna, es todo un placer!
La vida está llena de muchos de esos detalles, lástima que tan a menudo pasamos a toda prisa o despistados con nuestros repetitivos pensamientos y no observamos nuestro entorno con la suficiente atención.
No pierdas esa capacidad de observación y atención, es la clave para todos nosotros de llegar a conectar más a menudo con la magia de la vida.
Un fuerte abrazo mimoso!^^

JUAN dijo...

Hola, My Lady, has vuelto, ¡y con qué entrada!Me has emocionado, chiquilla, es el mejor que te he leído, aunque es difícil elegir entre tantos textos buenísimos que has publicado. Se nota la madurez como persona y como escritora: de un gesto banal como es coger un libro para leer, has sacado una maravillosa historia familiar llena de ternura que atrapa al lector desde el inicio. Esa clase de literatura sólo se da en las personas sumamente sensibles, observadoras y con una gran capacidad narrativa. Te felicito una vez más y te invito a continuar escribiendo.¡Y no te ausentes tanto, por favor! Un besito

Isa. dijo...

Me encantan las historias que hay tras las que se narran en los libros... :)

Ted dijo...

A mi me pasa! Me encantan tus historias!

Sese dijo...

Es que los libros son cosa aparte, capaces de emocionarnos, son como un amigo común, compartir mismas vivencias, mismas lecturas...

Kate dijo...

1. Gracias por la versión móvil, me facilita muchísimo leer y comentar ^^
2. Me ha sorprendido que alguien regale libros por una boda, ahora que la gente pone su número de cuenta o una lista con sus caprichos, no se me había ocurrido que si algún día me casase podría poner en la lista libros xDD Me guata la idea (:
3. Centrándome más en la esencia del escrito, yo también subrayo frases que me llaman la atención en mis libros, nunca si son prestados, sólo en los propios, y todavía lo hice hoy hasta las 6 y pico con el libro que me estoy leyendo para hacer volar mis horas de trabajo xD
4. No me enredo más en esta entrada para así darme tiempo a leer alguna cosilla más xDD

TORO SALVAJE dijo...

Si, tiene historia ese libro.
Y muy entrañable.
Es conmovedor lo que has explicado.

Besos.

Escritora Laura M. Lozano dijo...

Querida María, maravillosa entrada, maravilloso sentir, maravilloso recuerdo...
A medida que mis ojos se deslizaban por tus palabras, tan escogidas, tan salidas de tu corazón; te he sentido yo y yo me he sentido tú. He descubierto que compartimos muy similarmente esa parte sensible del corazón que ve más allá de unas páginas o unas frases, que percibe la huella dejada por otros seres (queridos, en este caso)que han pasado por ese mismo lugar dejando esa estela de la que tan magistralmente hablas. Lo haces también que he imaginado a tu abuelo, he percibido hasta el olor de las paginas amarillentas de un libro viejo y he notado el rastro caliente de sus manos en él .
¡Genial, María! Sigue escribiendo como sabes hacerlo y dejándonos estos retazos de vida en nuestras vidas de vez en cuando.
Un beso muy afectuoso =))

Cyrvs dijo...

Increíble manera de redactar, de expresar y de ver la vida, no tenía ni idea de qve tenías vn don especial para esto, pero ahora qve sé, tendré qve pasarme a menvdo por aqví.

Fdo.: Cyrvs, The Virvs

David Garcia Felis dijo...

Gracias por estos textos que escribes y podemos leer. En este has conseguido que, a partir de ahora, me fije en detalles que antes no me fijaría.
Es curioso como en este texto consigues que sienta lo mismo que tú sientes al leer el libro que describes. Me gusta mucho como expresas lo que sientes y como haces que el lector se sienta, al igual que tú, recordando la historia del libro.
Conmovedora la historia, María.
¡Besitos!