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jueves, 29 de septiembre de 2011

Día 3 sin ti

Salgo al jardín y no hago más que verte, Duna. Cuando me levanto a desayunar miro tras la puerta de cristal donde siempre te ponías para acompañarnos y me duele que hoy esté vacío ese espacio de vida que nos regalabas para empezar el día. Me voy a clase, y extraño las caricias que me pedías antes de cerrar la puerta, la mirada de cariño, esa que habla por sí sola. Regreso y me parte el alma que no me recibas como sólo tú sabías hacer, con ese amor desinteresado, ese que nunca pide nada y sin embargo lo da todo.

Almuerzo y lloro. Sigues sin estar ahí, tras el cristal de la puerta del porche, sin esperarme, sin mirarme, sin estar ahí acompañándome desde el otro lado. Llega la tarde y saber que no puedo ir a pasear contigo hace que mi mundo se derrumbe en mil pedazos.

Ceno. Todos te echamos de menos. Extraño darte el bocadillo que siempre te preparaba mi madre y que tanto disfrutabas. También oír la puerta en señal de que mi padre había salido a darte cenar o a sacarte al parque de atrás. En cualquier sonido, imagen o momento siempre estás tú.

Me acuesto. No puedo controlar las lágrimas que piden a gritos oír tus pasos por la ventana, o sencillamente, saber que estás ahí, que estás aquí.

Te echo tantísimo de menos, te extrañamos tanto, Duna, que ojalá supiera expresar mejor lo que siento, pero no puedo, por eso no te escribí antes. Te quiero Duna, y sé que tú también a nosotros, aunque tu amor siempre fue más grande.

Es lo que tienen los ángeles.

© María Beltrán Catalán

5 comentarios:

LadyLuna dijo...

En esta entrada firmo con mi nombre, porque así es como viví con ella. Siendo plenamente yo, sin rodeos, sin historias que leer entre líneas.
Te echo de menos Duna, te echo muchísimo de menos. Todos los que han llegado a compartir un solo momento contigo saben por qué. Gracias por haber existido en nuestras vidas, y gracias por todo aquello que ha hecho que sigas existiendo en nuestra memoria y en nuestros corazones.

Escritora Laura M.Lozano dijo...

Sólo aquél que pierde a un amigo tan puro como es un perro, puede entender tus palabras y compartir tus sentimientos desde la profundidad donde nacen. El corazón. Sólo quien convive con esos fantásticos seres de luz, almas puras y desinteresadas, comprenden el dolor que deja su partida y el vacío enorme que nunca se llena ni con la llegada de otro perro a tu vida.
Por eso, querida María, te doy mi más sentido pésame desde el conocimiento de tu dolor. Comparto tus sentimientos, porque ellos son míos demasiadas veces ya. Sólo queda la esperanza de que en ese cielo, que los ángeles de cuatro patas tienen, con toda seguridad, algún día nos dejen entrar para poderlos abrazar de nuevo.
Un beso muy sentido.

JUAN dijo...

Querida amiga María: no sabes cómo me he emocionado a leer tu carta a Duna.Se echan mucho de menos a estas criaturas.Ayer mismo miraba yo unos DVDs de años pasados para ver a mi nieta cuando de pronto apareció mi Lucero con una de mis zapatillas.Se me saltaron las lágrimas. Hace 9 meses que falta y no lo puedo olvidar. Te acompaño en el sentimiento, querida. Un beso

Kotei dijo...

No puedo imaginarme la tristeza que estas sintiendo ahora mismo. Nunca he tenido un animal de compañia, pero creo que son muchas las veces que ese amor que transmiten a sus dueños, es puro y bondadoso. Te mando mil besitos guapa.

Un beso

Xevixeis dijo...

Siento la pérdida María, es lógico que la heches de menos, aunque Duna siempre estarà contigo.
Supongo que servirá de poco, pero te envío un fuerte abrazo mimoso desde aquí!
Besos.