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Tiemblan las paredes

Olivo. Pintura de Elidon Hoxha

Tiemblan las paredes de mi habitación, tiritan de frío los recuerdos; éstos, asustados, corren al presente en un intento desesperado de detener lo que no tiene remedio.


Qué amargo es el sabor de la urbanización innecesaria de zonas verdes. Esos olivares que ya no existen, pero estuvieron ahí, en los que me subía con amigos para conversar tranquilamente, para reír, jugar o contemplar la luna entre pequeñas ramas y aceitunas. Ahora sólo queda asfalto, un centro deportivo y edificios vacíos, fríos y desolados. Abandonados. Una realidad ya asumida, por la que paso de lado para que no me roce la nostalgia. Sin embargo, ahora es diferente, hoy tiemblan las paredes de mi casa.

Inmensas máquinas expertas en destrucción y borrado arrancan los olivos que me vieron crecer, con los que compartí momentos de alegría, de tristeza, de admiración y frustración. Esos escondites de piedras preciosas que no eran más que piedras amarillas, de tierra. Esos caminos por los que corrían los perros, mi Duna. Ese cementerio de amistades peludas más allá del tercer olivo...

Ya no queda nada. La copa de los árboles están en la tierra y las raíces en la superficie. Ya no hay coordenadas para localizar aquellos lugares especiales que solo quienes vivimos aquí, al otro lado del muro que separa nuestra casa del parque de olivos, conocemos. Los gorriones, desahuciados, han buscado refugio en los vestigios verdes que quedan todavía en los jardines de las casas vecinas. Pían sin descanso.

Tiemblan las paredes de mi habitación, tiritan de frío los recuerdos; éstos, asustados, corren al presente en un intento desesperado de detener lo que no tiene remedio. Y duele, sí. Es como una espina que se clava en el corazón y que repite incansable que ya no podré volver allí, que ya no es nuestro parque de atrás, el de los perros, el de los paseos, el de recogidas de aceitunas, el de los recuerdos que se hacen.

Ya no. Ahora, los recuerdos son para recordar, no para ser creados. Al menos allí, donde pronto solo habrá asfalto, donde ahora sólo hay ruido, temblores de una tierra que no comprende, de unos cimientos que saben que pierden la otra mitad de sí mismos.

Escrito el 23 de febrero de 2016.
Por María B. C. (LadyLuna)

Comentarios

Samuel Sopeña ha dicho que…
¡Precioso me ha encantado!
La civilización se abre paso, destruyendo todo lo que encuentra a su paso, no se debería permitir.
Siempre nos quedaran los recuerdos, pero no para las futuras generaciones que no lo verán.
Esta expresión de sentimientos me han puesto la carne de gallina.
Toñi ha dicho que…
Para bien o para mal las cosas, los lugares , las personas, todos..., van cambiando. En ocasiones añoramos lo que fue o lo que fuimos y en otras huimos de lo que no queremos recordar. De una forma u otra lo que siempre debemos tener presente es que se nos va abriendo nuevas oportunidades de vivir nuevos escenarios.
Disfruta cada minuto de todo lo que te rodea, ya no tendrás tus olivos, ni ese parque lleno de tantos recuerdos pero seguro habrá nuevos lugares donde dentro de unos añitos podrás volver a deleitarnos con tus fantásticas historias (quien sabe lo mismo discurre por esa nueva avenida que ha sido el motivo de tu añoranza). No dejes nunca de escribir. TKM
JUAN PAN GARCÍA ha dicho que…
El Hombre con su progreso es el mayor depredador del planeta, el único que destruye su propio habitat. Algún día pagará la factura.
El tema es triste, muy triste, pero me ha encantado cómo lo escribes. Un beso, Lady.

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