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El bosque

Era un sonido sereno y dulce que me invitaba a adentrarme en aquel bosque. Llevaba tanto tiempo confinada en aquella cueva, en el silencio de la soledad, que me sobrecogió distinguir aquella voz. Era una persona. Una persona cantando.

Caminé entre los árboles sin sendero que seguir. Hacia frío y sol al mismo tiempo. Creo que, por primera vez en tanto tiempo, tuve ganas de comer algún fruto del bosque. Me di cuenta de que me había abandonado tras la tragedia que nos obligó a marcharnos y escondernos.

Bueno, me había abandonado mucho antes. Incluso antes de que lo hiciera ella. Me atrevería a decir que incluso la abandoné yo a ella antes. Sin darme cuenta. La abandoné con mi forma de ser, de hacer, de exigirle lo que yo no sabía darme a mí misma.

Llevaba los pies descalzos. La tierra húmeda me producía escalofríos. O, quizá, era el sonido de las ramas y hojas secas al quebrarse.

La voz iba y venía de todas partes. No sabía a dónde dirigirme. ¿Era el viento entre los árboles? ¿No había persona, ni canción?

Los espejismos podían ser más crueles que las realidades. Las últimas son, pero los primeros te engañan sin piedad.

Comentarios

Toñi ha dicho que…
Llevaba tiempo sin leerte y ha merecido la pena la espera, como siempre maravilloso escrito

TKM
¡Ay, gracias, mami!
Yo también te quiero mucho.

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