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Naciste para volar

Se trata de una ilustración. Represente el vuelo de una mariposa monarca, de vivos colores naranjas. A la izquierda, plantas de algodoncillo y una mariposa sobre una de sus flores. Conforme se va haca la derecha, hay otras mariposas, como si fueran la misma, alzando el vuelo y alejándose. Los tonos son verdes y amarillos, simulando el atardecer en un campo.
(Texto y dibujo de María Beltrán Catalán)

La mariposa monarca es conocida por su patrón migratorio, de cuatro mil kilómetros. Pertenece a la familia de los lepidópteros, es decir, tiene dos pares de alas, una boca en forma de trompa y una metamorfosis completa.

Nacen de huevos que son depositados en hojas de la planta de algodoncillo. Esa planta es el único alimento de la oruga hasta completar su transformación en la mariposa monarca, de brillantes alas naranjas y diez centímetros de tamaño. Curiosamente, la planta de algodoncillo es tóxica, y es el motivo de que la mariposa monarca sea venenosa para algunos de sus depredadores, como las aves.

Cada otoño, antes de que llegue el frío, estas mariposas han completado su metamorfosis y alzan el vuelo de forma masiva para ir desde el norte de Estados Unidos hasta los bosques de México, donde hibernan. Aunque dos generaciones no llegan a conocerse, la mariposa monarca conoce el camino.

Cuando alzan el vuelo, juntas, usan el sol para mantener el rumbo. En días nublados, no obstante, siguen volando: tienen una brújula magnética para guiarse. Según National Geographic, un gen especial altamente eficiente les da una ventaja para vuelos de larga distancia.

Lo que me llamó la atención de esta mariposa es cómo pasa de vivir siempre solo en una planta, de la cual, además, se alimenta, a volar "de repente" de cuatro a cinco mil kilómetros de distancia. Humanizándola, me la imagino acostumbrada a una vida monótona y tranquila, tal vez sintiéndose diferente a otras mariposas del lugar.

Me la imagino, también, dándose cuenta un día de que unas mariposas grandes y brillantes alzan el vuelo. Me la imagino girándose y percatándose de que ella también tiene alas como esas. Me la imagino con miedo, timidez, nervios y ganas de volar. Y alzando el vuelo junto a las mariposas que, como ella, pueden realizar ese patrón migratorio tan espectacular.

Eso es lo que he querido reflejar en el dibujo. La mariposa monarca alzando su vuelo, con el simbolismo que le añado y que he compartido aquí.

Algunas personas sienten que no encajan, que son diferentes, que no hay lugar cómodo para ellas. A veces, sin embargo, es cuestión de tiempo y de alzar la vista al cielo. Y, por qué no, atreverse a dar el paso, batir las alas y echar el vuelo.

Espero que os haya gustado el dibujo y el texto. 

¡Un abrazo cálido y amoroso para quienes me leéis!

María

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Actualización Diciembre 2022/Enero 2023

Tal vez no lo sepas. Quizá sientas, de vez en cuando, que el mundo no es para ti. Que eres, sientes o te comportas demasiado diferente. Es posible que en los momentos más complicados llegues a pensar que no encajas o perteneces a ningún sitio, que tú estás fuera de lugar, que no eres suficiente o no estás a la altura. Y por si llega ese día, quiero que tengas esta carta contigo.

Me gustaría hablarte de la mariposa monarca. Es una mariposa de diez centímetros de tamaño, en el límite de lo que le permite alzar el vuelo. Su oruga nace, se alimenta y vive en una planta de algodoncillo. En toda su vida no conoce más que eso. Alrededor, las demás mariposas no se comportan, no son, como ella.

Sin embargo, un día de otoño antes de que haya llegado el frío y tras haber completado su metamorfosis, la mariposa monarca alza el vuelo. De repente, sin periodos de aprendizaje, sin referentes. Y junto a ella, muchas más mariposas como ella, con vibrantes colores naranjas y su tamaño espectacular echan también a volar. Recorren, juntas, entre cuatro y cinco mil kilómetros.

Según National Geographic, un gen especial altamente eficiente les da una ventaja para vuelos de larga distancia. Cuando alzan el vuelo, juntas, usan el sol para mantener el rumbo. En días nublados, no obstante, siguen volando: tienen una brújula magnética para guiarse. 

Algunas personas hemos sentido en algún momento que no encajamos, que somos diferentes, que no hay lugar cómodo para nosotras. A veces, sin embargo, es cuestión de tiempo y de alzar la vista al cielo. Y, por qué no, atreverse a dar el paso, batir las alas y echar el vuelo. A veces, en el proceso, se descubren otras mariposas a nuestro lado.

María

Comentarios

Samuel Sopeña ha dicho que…
Me encanta yo quiero ser Mariposa
¡Me alegro de que te haya gustado, Sami!
Toñi ha dicho que…

Me encanta el dibujo y me encanta el escrito.

Un empujoncito en la vida que nos lance al mundo al que pertenecemos aunque nos de miedo.
TKM
¡Me encanta que te guste, mami!

Y me encanta la belleza de lo que has escrito, ese empujoncito que nos lance al mundo al que pertenecemos.

Yo también te quiero mucho.

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