Ir al contenido principal

Amanecer: cree, crea y vive

Amanecer, de color naranja, cantos de ave y arena en los pies descalzos. El mar simula compartir su tenue luz con el resto del mundo, acariciando superficies vivas e inertes. Avisando, con sigilo y delicadeza, de un nuevo comienzo y una nueva oportunidad.

Dibujo de un atardecer, hecho por la autora de este blog, con lápiz de grafito y lápices de colores
Las huellas de (haber) Pasado no han de ser imborrables, no están talladas en piedra inmune a la erosión. Están sobre arena, a expensas de la vida, el viento y el oleaje. El rumor de las olas trae consigo preguntas al aire, a un Presente que tal vez sepa escuchar, sepa entender.

A ti, Presente, Hoy, Ahora, ¿qué te apetece? ¿Qué te haría realmente feliz? ¿Qué te divertiría? ¿Qué te daría paz? ¿Qué pensamiento, sentimiento, problema... quieres soltar? ¿Cómo lo estás soltando? ¿Qué callas o reprimes? ¿Qué querrías contar, cantas o gritar a pleno pulmón?

Y el rumor continúa. Cuenta un cuento o una realidad. Dice que aquí eres libre, que respondas, una a una, a esas preguntas. Que en esta playa, en esta orilla que puedes recrear mentalmente, diseñes el mundo a tu medida. Sueña como lo hace un niño, una niña. Imagina sin filtros ni limitaciones. Observa los detalles de ese mundo a tu medida. 

Vaya, el sol está saliendo y la unión de agua, sal y vida desea retirarse. Aún se oye una especie de eco... ¿Qué puedes hacer diferente para que tu Presente sea más cómo deseas? Estás a tiempo todavía, añade el aire que respiras. El día apenas acaba de comenzar.

Cree, crea y vive.

Texto y dibujo: María B.C. - LadyLuna

Comentarios

Toni ha dicho que…
Sencillo y al mismo tiempo complejo texto.
Un amanecer de un nuevo día, un nuevo rumbo, una nueva ilusión, solo tenemos pocos minutos para planificar o saltar al abismo... antes que la realidad del día a día se extienda como cada mañana cubriendo todo el horizonte.
Es magnifico como haces pensar y meditar con cada uno de tus escritos.
Maravilloso María.
TKM

Entradas populares de este blog

La boina mágica

— ¡Hola chicos! —Toñi, la joven cuentacuentos, llegó a la zona de juegos en la que los pequeños se divertían.  — ¡Buenos días Toñi!—contestaron varios, mientras el resto avisaba a los demás de que había llegado ya. No tardó en hacerse un corro en derredor de ella. Todos la miraban expectantes, sonriendo. También se acercaron padres curiosos y algún adolescente intrigado. La joven se había sentado en uno de los bancos de piedra, en el Parque de los Pinos. — Mmm... ¿Sabéis qué es esto? —La joven señalaba con su mano derecha un objeto que sostenía con la izquierda. — ¡Un sombrero! —Dijo Irene enseguida. — ¡Una gorra de abuelo! —Exclamó Rafael. La risa general de los más mayores hizo sonrojar al chico. — Tal vez usted pueda responder a la pregunta que he hecho —se dirigió a uno de los padres que contemplaban la escena. — Es una boina. — Exacto. Una boina. Es el nombre que tienen los sombreros planos con los que solemos identificar a las personas mayores. ¿A qui...

El cuento del jardinero

Indira era pedagoga en un centro educativo y, Mario, un profesor de primaria recién licenciado que había entrado a trabajar en el mismo colegio. El joven empezó sus clases con mucho entusiasmo, volcándose en todas y cada una de sus explicaciones. Llegó el culmen del año académico e Indira vio a Mario en su despacho, con la cabeza oculta entre sus manos y los codos sobre la mesa. -¿Puedo? Mario se frotó los ojos y asintió con la cabeza. -¿Qué te ocurre? -preguntó la joven con delicadeza. -No sé. No sé qué es lo que he hecho mal. Indira entró en el despacho, cerrando la puerta tras de sí, y tomó asiento frente a su compañero, que prosiguió: -Hay de todo: alumnos que empezaron bien y han acabado igual de bien, alumnos que empezaron mal y han acabado igual de mal, alumnos que empezaron bien y conforme ha ido avanzando el curso han ido empeorando, alumnos que empezaron mal y conforme ha ido pasando el curso han ido mejorando... Si hiciera bien mi trabajo, todos de...

Mi Navidad

Apenas faltaban unas horas para la Noche Buena. Mis vecinos habían insistido en invitarme a las cenas con sus respectivas familias, para celebrarlo, pero yo hacía tiempo que no tenía nada por lo que brindar. Mi familia se había ido reduciendo cada año, pasando de ser veinte personas alrededor de la mesa, a verme completamente sola. Supongo que es normal; una anciana como yo, sin hijos ni nietos. La gente parece feliz, incluso quienes no lo son, lo fingen. Las calles se visten de luces de colores para recordarme que el mundo está de fiesta, que yo no estoy invitada a ella. Es triste. Aquella noche ni siquiera preparé la cena. Echaba de menos la sencillez de la que preparaba mi hermana; en paz descanse su alma. Me acosté, intentando mantener la mente alejada de los villancicos navideños. Al día siguiente me levanté, como siempre. Mientras desayunaba, pensé en el consumismo masivo de estos días festivos. La gente no se planteaba si creía o no en la historia de Jesús, en los Reyes Magos,...