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Regreso Fugaz.

La noche ya abrazaba la ciudad cuando regresé. Se me hace extraño caminar, a solas, bajo la tenue luz procedente de las estrellas. Mis pasos tranquilos eran el único sonido que violaba el silencio a esas de la madrugada. El traje que vestía, negro cual cielo nocturno en un frío invierno, mecía ligeramente su tela, a la vez que avanzaba por tu calle. Nuestra calle. Mi pálida piel contrastaba con el negro y rizado de mi cabello, el cual no llegaba a la altura de los hombros. Me detuve frente a tu bloque, de viejos ladrillos y abandonada apariencia. Esbocé una sonrisa, antes de comenzar a subir las escaleras que llevaba al primer piso, con la maleta azul marino, que tu misma me regalaste, a cuestas. Busqué veloz, en mis bolsillos galanes, hasta encontrar la llave, la cual introduje en la cerradura de la puerta para abrirla lentamente. Con sigilo, entré, dejando la maleta tras la puerta, ya cerrada de nuevo. Jazmín. Tu fragancia predilecta había inundado el hogar, provocando una sonrisa e...

Esas Palabras.

Allí estabas tú, durmiendo plácidamente, con tu largo y oscuro cabello, dispersado por la almohada, sobre la que posas tus sueños de princesa que quedaron atrás. Esbozo una sonrisa; has cambiado tanto desde que me fui. Ya tienes trabajo fijo, aprendiste bien cómo defender tus ideales, y te levantaste sola en cada caída; cómo dolía. Tu recuerdo, tan nítido como el presente, contrasta notablemente con lo que ahora ven mis ojos, desde la ventana que, como antaño, dejas abierta al anochecer. La habitación solo estaba iluminada por el leve brillo de las estrellas que se escapaban del cielo para contemplarte. Todo, igual que ayer. Sé cuántas veces le gritaste a la Luna mi nombre, preguntando una y otra vez el porqué de mi partida. Mas ésta, no respondía. Yo he estado allí, en cada caída, rasguño, lamento, he estado allí; mi mano siempre estuvo atenta para ofrecerte mi ayuda... Y nunca me viste. Soy yo, no la luna, la que vela cada noche tu sueño y escucha cada lágrima que mana de tus lindos ...