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Se está bien aquí

Se está bien aquí, tumbada en el césped junto a Duna, mi perra, que juega revolcándose en él después de un intenso riego. Es muy temprano, el sol apenas empieza a salir y ya siento su calor acariciando mi cuerpo semidesnudo bajo las nubes sonrojadas que huyen lentamente hacia el Oeste. Se está bien aquí; la perfecta imperfección del silencio que me acompaña me fascina. Paz. Tranquilidad. Serenidad. Vida. Mariposas que vuelan, insectos que saltan y pájaros que cantan. Sonidos fundidos en una melodía nunca escrita en partituras. Se está bien aquí, sin agobios, trabajos ni deberes que cumplir. No tengo planes, no los quiero para hoy; un día que decido apartarme de la monotonía para encontrar este momento. Se está bien aquí, sin embargo, sé que no durará siempre. El tiempo mide la vida con sus minutos y no regala ninguno. Creces y te condenas a dejar de ser un niño. Maduras porque es lo correcto, porque todos lo hacen. Pero yo no anhelo la ansiada libertad e independencia, no deseo alcanza...

Ahora me toca a mí.

Érase una vez un payaso que, tras divertir con su presencia a los niños en un parque sin pedir nada a cambio, tomó asiento en un banco, suspiró y una lágrima manó de sus ojos tristes descendiendo hasta sus labios pintados. Ella estaba allí, observándole con atención y curiosidad desde lejos. Dudó antes de acercarse a él, sentarse a su lado sin mediar palabra, y pensar... Los payasos también son humanos, se caen y necesitan lo que ofrecen, pero ¿quién hace reír a la sonrisa que llora cuando nadie la ve? Él se giró para mirar a la joven que le acompañaba, que alzó una mano, le quitó la nariz roja postiza para colocarla en la suya, y dijo: "ahora me toca a mí." Y es que las personas somos seres débiles, todos necesitamos un payaso en nuestras vidas que nos haga olvidar los problemas que atormentan nuestra calma y bienestar. Pero ellos también. Ellos también son humanos, también tienen problemas, se caen, se levantan y, por supuesto, también necesitan un rostro sonriente que les ...

El protagonista del metro.

Ya me encontraba en el vagón cuando ella entró, radiante, acompañada por quien parecía ser su pareja. Era joven, una adolescente que apenas tendría cumplida la mayoría de edad, delgada, de estatura media, sencilla. El cabello castaño revuelto por el día feriante enmarcaba el rostro de ojos dulces y labios carnosos, mirada tierna y sonrisa perfecta. Vestía, a diferencia de las demás mujeres, con un pantalón ancho, claro, y una camiseta oscura que rezaba alguna frase en inglés que no recuerdo. La rebeca marrón colgaba de su cintura. El metro se puso en marcha y ella se apresuró en apoyarse en uno de los salientes del vehículo, quedando semi sentada. Su acompañante permanecía a su lado, con una tortuga azul de peluche que ella recogió con la ilusión de una niña pequeña de su regazo. Él era un poco más alto que ella, de tez clara y pelo dorado, corto. Se percibía en su presencia la ausencia de frialdad, pues rebosaba magia, como ella. Las puertas se abrieron y la gente salió dejando paso a...

¿Quieres casarte conmigo?

Por fin había llegado el día en el que, hasta Dios, sería testigo de nuestro amor. Un velo blanco, semitransparente, caía por tu espalda cubriendo los dorados cabellos que conseguían hacerse notar con sus rizos definidos. La tez clara resaltaba aún más tus carnosos labios, tan sensuales como tú. El sonrojo de tus mejillas adornaba la belleza de tus ojos azules, color que competía con el cielo sin nubes que se cernía sobre la ciudad. Tu cuerpo, perfecto, lucía sus curvas bajo el vestido blanco, sencillo y hermoso escogido para la ocasión. Los zapatos de tacón hacían aún más esbelta tu figura escultural. Te amaba. Jamás había estado más seguro que en aquel momento. Me sabía dispuesto a darlo todo por ti, a convertirme en uno de esos príncipes que protagonizan tus cuentos de hadas. Haría lo imposible por verte feliz y poder gozar de tu sonrisa, porque nadie más que tú me ha enseñado a vivir para amar y amar para vivir. A no hacer del sueño una vida, sino de la vida un sueño. A no...

¡18 añitos!

¡Chi! Hoy día 16 de marzo cumplí 18 añitos y, aunque de momento no he podido celebrar nada debido a la inmensa cantidad de exámenes a la que nos enfrenta el colegio, quise hacer un video incluyendo a la mayor parte de las personas que han marcado mi vida (aunque me faltan bastantes... Espero que sepan que también va por ellos). Porque antes de ser quien soy, era una sombra sentada en el pupitre de la esquina, al fondo de la clase. Ni mi compañero de mesa sabía mi nombre. Y vosotros me habéis dado un lugar en vuestro corazón, en vuestra vida... Algo que jamás olvidaré. Gracias por contar conmigo, por vuestros detallitos, siempre tan hermosos. Por confiar en mí, por estar ahí. Nadie dijo que la vida fuera fácil... Solo prometieron que valdría la pena vivirla. Gracias por existir. A todo esto, debo agradecer a todos los que me leen y comentan, por hacer que este blog siga adelante, por invitarme a seguir escribiendo. ¡Os quiero a todos!

Tú, mi protectora; yo, tu refugio.

Hoy ha venido llorando al refugio de mis brazos. Acurrucada, me ha confesado cuán cansada está ya de fingir ser fuerte para proteger a los demás, porque en este momento se siente frágil, cual muñequita de porcelana que teme caerse desde lo alto de una repisa al notar que tambalea su equilibrio. Te escribo a ti porque nadie merece los insultos que visten tu voz, empujones en la moral que la hacen dudar de su forma de ser, de sus posibilidades de superación, de todo. Ella siempre ha estado al lado de sus amigos, previniendo, comprendiendo, adivinando nuestros movimientos, y a pesar de ello pocas veces la escuchamos. Ella nos ayuda sin pensarlo si equivocamos nuestros pasos. Se ha hecho querer porque la necesitamos, se ha convertido en alguien importante para aquel que la conoce. Es grande, especial. No tienes derecho a hundirla, romper sus ilusiones o alejarla de sus sueños. Quiero que sueltes las palabras manchadas de envidia y egoísmo y hagas el intento de apoyarla y escucharla como el...

¡De concierto!

La noche del sábado 21 tuve la oportunidad de disfrutar del concierto del grupo heavy español que más me gusta: WarCry . Fue bastante curioso, bajarme del coche y unirme a la cola de gente vestida de negro que esperaba la apertura de las puertas de la Sala Q. Allí me encontré con mis amigas y, una vez dentro, con mis amigos. La música retumbaba en las paredes y la gente se concentraba frente al escenario, donde DarSun tocaba para ambientar la sala antes del verdadero concierto. Irene, Christian , Dani , mi hermano y yo, echamos un vistazo general antes de que Charlie viniera en nuestra busca y nos llevara hacia una posición cercana al escenario. Xanti , Almu y Aurora llegaron más tarde, justo en el momento que DarkSun recogía su presencia para dejar paso a... ¡ WarCry ! Su entrada fue extraordinaria y su saludo, la primera canción del último disco. Tardé en reaccionar, creer que verdaderamente me hallaba entre el público que saltaba, gritaba y unía sus cabellos a la locura. En cua...