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Entradas

Sueños de un escritor

- ¿Samuel? El joven de cabellos dorados y ojos verdes asintió con una sonrisa en sus finos labios. Acerqué lenta la yema de mis dedos a sus mejillas sonrojadas para descender en forma de caricia por su pequeña barbilla y detenerme al llegar a sus firmes hombros. Era tan real. Fantásticamente imposible, como su presencia, se elevó del suelo tomando mi cintura con sus fuertes brazos. - ¿A dónde me llevarás? - Es una sorpresa. Vendó mis ojos y pude notar cómo nos alejábamos de la ventana de mi habitación. Sentir el calor de su aliento en un susurro erizó los vellos de mi piel provocando también un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. Cuando descubrió mi visión, un paisaje hermoso e idílico se mostraba ante mí. Le dediqué una mirada incrédula al joven que asintió a la vez que confirmaba mi suposición diciendo: - Sí, es el paraíso que describiste en una de nuestras conversaciones. Me depositó con delicadeza en la hierba de un monte que me permitía alcanzar con la vista la montaña que se ...

Violinista

Había pasado toda la tarde escuchando las notas que hacías bailar entre la gente despreocupada que caminaba de un lado a otro de la ciudad. No era la primera vez que nos veíamos, hablábamos, reíamos o me regalabas una pequeña alegría. Se me había hecho tarde, debía irme si no quería perder el último viaje de metro; lo sabías. Dejaste a medias tu canción habitual para tocar mi favorita tras una sonrisa que te devolví encantada. Cerré los ojos, pude sentir tu mirada deslizándose por la partitura creando magia a su vez. Solo tenía oídos para tu instrumento y mi respiración; lo demás no importaba. Disfruté cada segundo como si fuera el detalle más hermoso que recibiría en toda mi vida. La melodía llegó a su fin. Una mirada tuya me invitó a abrir los ojos y repetir tu gesto sonriente. Me acerqué, besé tus pálidas mejillas y eché a correr después del vistazo al reloj del móvil. Al día siguiente volvería a verte donde y como siempre, pero jamás olvidaría aquellos momentos de sincera felicidad...

Primavera

¡Hola! Hace apenas unos días terminé un pequeño cuento de título homónimo a esta entrada y he pensado en publicarlo aquí pues, entre otras personas, lo escribí para vosotros que seguís mis letras de lejos y de cerca^^ Trata la historia de una joven diminuta que se despierta encima de un cuaderno sin recordar nada de sí misma; todo, hasta su nombre, deberá averiguarlo junto a su único y mejor amigo. Es entretenido y se lee rápido; es muy sencillo, tanto en vocabulario como en la trama (está pensado para un público más infantil) pero me encantaría que tomaran diez minutos de su tiempo para leerlo y darme su opinión (¡sin ser muy duros por fi!). Yo disfruté escribiéndolo, espero que vosotros también lo hagáis leyéndolo. Para ello solo tenéis que pinchar en la imagen de abajo... Un beso, un abrazo y una sonrisa a todos los que hacéis que este blog siga en pie con vuestros comentarios, ¡gracias, de verdad!^^

Maravillas en tu piel

Descálzate y siente la arena mojada bajo tus pies, el agua salpicando tus rodillas. Camina, sabiendo que gozas de piernas para ello. Déjate acariciar por el tibio sol del atardecer, siendo la envidia de quien no presta su tiempo a maravillas como el propio cuerpo. Ayuda al pequeño que resbala jugando, usando tus manos para algo más que el trabajo. Abraza con tu delicadeza natural el aire que peina tus cabellos; él se encargará de hacérselo llegar a los que amas. Escucha la canción del oleaje, guarda su aroma en tus pulmones, saboréalo. Aprende a ver más allá de la orilla, contempla la inmensidad del horizonte, imagina su principio, su trama. Disfrútalo. Sonríe. Lo tienes todo, estás vivo, ¿no es maravilloso?

Se está bien aquí

Se está bien aquí, tumbada en el césped junto a Duna, mi perra, que juega revolcándose en él después de un intenso riego. Es muy temprano, el sol apenas empieza a salir y ya siento su calor acariciando mi cuerpo semidesnudo bajo las nubes sonrojadas que huyen lentamente hacia el Oeste. Se está bien aquí; la perfecta imperfección del silencio que me acompaña me fascina. Paz. Tranquilidad. Serenidad. Vida. Mariposas que vuelan, insectos que saltan y pájaros que cantan. Sonidos fundidos en una melodía nunca escrita en partituras. Se está bien aquí, sin agobios, trabajos ni deberes que cumplir. No tengo planes, no los quiero para hoy; un día que decido apartarme de la monotonía para encontrar este momento. Se está bien aquí, sin embargo, sé que no durará siempre. El tiempo mide la vida con sus minutos y no regala ninguno. Creces y te condenas a dejar de ser un niño. Maduras porque es lo correcto, porque todos lo hacen. Pero yo no anhelo la ansiada libertad e independencia, no deseo alcanza...

Ahora me toca a mí.

Érase una vez un payaso que, tras divertir con su presencia a los niños en un parque sin pedir nada a cambio, tomó asiento en un banco, suspiró y una lágrima manó de sus ojos tristes descendiendo hasta sus labios pintados. Ella estaba allí, observándole con atención y curiosidad desde lejos. Dudó antes de acercarse a él, sentarse a su lado sin mediar palabra, y pensar... Los payasos también son humanos, se caen y necesitan lo que ofrecen, pero ¿quién hace reír a la sonrisa que llora cuando nadie la ve? Él se giró para mirar a la joven que le acompañaba, que alzó una mano, le quitó la nariz roja postiza para colocarla en la suya, y dijo: "ahora me toca a mí." Y es que las personas somos seres débiles, todos necesitamos un payaso en nuestras vidas que nos haga olvidar los problemas que atormentan nuestra calma y bienestar. Pero ellos también. Ellos también son humanos, también tienen problemas, se caen, se levantan y, por supuesto, también necesitan un rostro sonriente que les ...

El protagonista del metro.

Ya me encontraba en el vagón cuando ella entró, radiante, acompañada por quien parecía ser su pareja. Era joven, una adolescente que apenas tendría cumplida la mayoría de edad, delgada, de estatura media, sencilla. El cabello castaño revuelto por el día feriante enmarcaba el rostro de ojos dulces y labios carnosos, mirada tierna y sonrisa perfecta. Vestía, a diferencia de las demás mujeres, con un pantalón ancho, claro, y una camiseta oscura que rezaba alguna frase en inglés que no recuerdo. La rebeca marrón colgaba de su cintura. El metro se puso en marcha y ella se apresuró en apoyarse en uno de los salientes del vehículo, quedando semi sentada. Su acompañante permanecía a su lado, con una tortuga azul de peluche que ella recogió con la ilusión de una niña pequeña de su regazo. Él era un poco más alto que ella, de tez clara y pelo dorado, corto. Se percibía en su presencia la ausencia de frialdad, pues rebosaba magia, como ella. Las puertas se abrieron y la gente salió dejando paso a...