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Promesas, sueños y risas de una triste amapola

Su amistad duró lo que tardó en cruzar mi jardín. Llegó desorientado, sin saber con quien hablar; se había quedado solo. Yo, encantada, le ofrecí sombra en los veranos y refugio en los inviernos. Promesas, sueños y risas que eran nuestras, especiales, de nadie más. Mi corazón se impregnó de sus manías, de todo aquello que le hacía diferente. Mi cabeza, algo más sensata, sabía que algo no iba bien; pero ella también deseaba pensar que aquello era verdad. Empezó a irse al jardín de la casa de al lado. Las amapolas y las margaritas no nos llevamos bien. Él decía que nada cambiaba entre nosotros. Palabras vacías que se clavaban en mi frágil tallo para ir lastimando poco a poco mi alma. A mi pregunta "¿y si te quedas conmigo?" mintió con su afirmación. Un día se fue y no volvió. Se olvidó de mí. Como si todas las promesas, sueños y risas no hubieran existido en su memoria. Yo me quedé aquí, esperándola, como una tonta flor que espera lluvia en agosto. Le envié mensajes: el vient...

Demetrio, un sapito agradable

¡Hola! Hoy os voy a contar una historia bastante curiosa sobre un sapito llamado Demetrio. Demetrio era muy grande, verde y con manchitas más oscuras en su piel. Tenía unos enormes ojos, aunque siempre estaban cansados y los párpados quedaban a mitad de sus pupilas casi. Su boca era grande, muy grande, y sus patas, cuando se estiraba, larguísimas. Había salido a pasear por el parque cuando un niño pequeño le vio. Entonces, corrió hacia él, alejándose de su padre, para darle un beso fugaz y volver a los brazos de quien había abandonado por un instante. Sus mejillas se hicieron redonditas. Os estaréis preguntando ¿No se puso colorado? Pues no; le crecieron las mejillas. Sí. Cosas de sapos. Resulta que esa mañana yo también había salido a dar una vuelta por el mismo sitio que él, y me lo encontré echado en un banco, suspirando. Se me ocurrió pensar que igual se sentía triste, así que le saludé. -Hola señor sapo. -Hola señora humana. -Puede llamarme Toñi. -Demetrio. -¿Por...

¿Punto final?

−Se acabó la función. −No habrá punto final en nuestra historia mientras me acuerde de ti. Todo ese tiempo te estaré esperando, por si vuelves. −Segundas partes nunca fueron buenas. −Siempre nos han gustado los retos. −Y llevarle la contraria al mundo. Tienes razón. −Quédate esta noche. −Si lo hago, no podré marcharme. −Entonces no te vayas. María Beltrán Catalán (Lady Luna)

Quiérete

Alicia era una joven pedagoga que había encontrado trabajo como orientadora en un colegio de su barrio, concretamente, el mismo donde ella estudió. Le había pedido al director, a mediados de curso, la posibilidad  de estar una hora de cada clase como observadora. Durante este tiempo, Alicia iba anotando en su libreta cuanto creía de interés para su propósito. Después, el docente le facilitaba alguna fotografía para que pudiera identificar a los alumnos que considerase. Tras realizar dicha labor en las aulas de primero y segundo de secundaria, estuvo un par de semanas paseando por el recreo, con su cuaderno y bolígrafo. Y más tarde, citó en su despacho, a veces de forma individual y otras en grupo, al alumnado. La primera reunión la tuvo con un grupo de chicos. −Sentaos, por favor. Los jóvenes obedecieron, con alguna sonrisa burlona. −¿Sabéis por qué estáis aquí? −No –respondió uno de ellos. −Me gustaría proponeros algo. Os voy a narrar una situación, y vosotros imaginaréis...

Juliette

Era mi quinto cumpleaños. Mi madre, junto a mi padre, ocultaba tras su sonrisa una extraña expresión que no supe descifrar. Había llegado el momento de crecer, me dijeron, de iniciar un proceso que me convertiría en una mujer de provecho. Obtuve el visto bueno tras vestirme con las prendas menos gastadas que guardaba en el baúl; momento en el que salí de casa, siguiendo a mi madre. El rumbo lo desconocía. Mientras caminábamos, la intriga me hizo querer imaginar mi destino, llevándome entonces a recordar una conversación que había mantenido tiempo atrás con Evangeline, mi hermana mayor. −Nos van a separar, pero tú no debes temer nada, ni ponerte triste; yo estaré contigo aunque no me veas. −Me estás asustando, Evangeline, no quiero distanciarme de ti. −A nuestra madre no le gustará que te lo cuente, pero... –susurró –verás, te van a llevar a una especie de internado donde llevan a los niños y niñas al cumplir los cinco años. No salen hasta los once y doce años. Allí enseñan a ser...

A veces ocurre

© David y María A veces ocurre. Llega sin avisar. Un sentimiento de mutua complicidad, un alma rendida al deseo de otra, un cuerpo confuso que teme acercarse demasiado. A veces ocurre. Llega sin avisar. Yo no lo sabía y, sin embargo, me enamoré de ti.

Mi Navidad

Apenas faltaban unas horas para la Noche Buena. Mis vecinos habían insistido en invitarme a las cenas con sus respectivas familias, para celebrarlo, pero yo hacía tiempo que no tenía nada por lo que brindar. Mi familia se había ido reduciendo cada año, pasando de ser veinte personas alrededor de la mesa, a verme completamente sola. Supongo que es normal; una anciana como yo, sin hijos ni nietos. La gente parece feliz, incluso quienes no lo son, lo fingen. Las calles se visten de luces de colores para recordarme que el mundo está de fiesta, que yo no estoy invitada a ella. Es triste. Aquella noche ni siquiera preparé la cena. Echaba de menos la sencillez de la que preparaba mi hermana; en paz descanse su alma. Me acosté, intentando mantener la mente alejada de los villancicos navideños. Al día siguiente me levanté, como siempre. Mientras desayunaba, pensé en el consumismo masivo de estos días festivos. La gente no se planteaba si creía o no en la historia de Jesús, en los Reyes Magos,...