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Respuesta al lamento lunar

Este escrito es una respuesta de la Tierra al lamento lunar, el cual podéis leer haciendo clic " aquí. " Luna mía, querida, no te martirices con esos pensamientos que no hacen más que dañarte. No luces un brillo como las estrellas, eso es cierto; sin embargo, sabes captar lo mejor de ellas para compartirlo conmigo, con quienes gozamos del placer de tenerte cerca. Es eso lo que te hace especial, Luna, que ves más allá de ti para permitirle al astro Sol iluminar mis pequeños pensamientos, incluso cuando él mismo me da la espalda. Tú siempre estás, y es por eso que te quiero, que me gusta saberte cerca, a mi lado, que adoro mis noches y mis días contigo. No te he olvidado; nunca lo he hecho. A pesar de esa absurda costumbre tuya de callar tus lamentos tras ese rostro oculto que nunca me confías. La realidad es que aún no se aclaran con la enfermedad causante de esta alarmante despreocupación por ti. Algunos dicen que se trata de "materialismo", otros la llaman "e...

Pensamientos de un día cualquiera

Cansada de estrellas fugaces , busco una real y constante, que a mi lado aguarde cuando la oscuridad, apagada  en su plenitud, se cierna sobre la ciudad en la que vivimos las dos, los dos...  Amistades efímeras que se piensan eternas, que dañan el alma, el corazón y qué sé yo.

Lamento lunar

¡Tierra! ¡Mírame! ¿Es que no te das cuenta de que soy el único satélite real que vela tus sueños, quien te arropa con la marea de agua salada, quien mueve los vientos para que despejen tu bello rostro? Los demás no existen, son máquinas creadas por tu afán de conocerte en un espejo lo suficientemente preciso como para observar tus detalles en su plenitud. Mi atracción hacia ti es real, natural, y antes de que todas esas sensaciones invadieran tu cabeza, yo te amaba. Y te amo. ¿Por qué me has olvidado, oh Tierra mía? Anoche me escondí en una luna nueva y no añoraste mi presencia. ¿Es porque soy fría y estoy muerta? ¿Es porque ya no te vale que brille a través del astro Sol? ¿Le envidias por aquel eclipse? Sólo fue una noche, tú eres mi verdadero amor. Oh Tierra, dónde están tus versos y poetas, esos ojos con los que me adulabas... La Tierra ha respondido a este lamento, puedes leerlo haciendo clic " aquí ".

Libros con historia

He estado leyendo el primer libro de Cárceles de mujeres, de Sinclair Lewis. Pertenece a una colección de premios nóbeles que mi abuelo regaló a mis padres en su boda. Libros que mi abuelo ha leído y releído y que han pasado años adornando la estantería del despacho, junto a la entrada de mi casa. Cuando acabé los exámenes, tenía la necesidad de leer, de empaparme de letras novelísticas, de escaparme a otros mundos, otras épocas. A sabiendas de que mi pobre rincón de la Red requería una actualización, mis manos no eran capaces de coordinarse para enlazar las palabras y elaborar algo digno de ser compartido con tan grata compañía como es la de vuestros ojos lectores. Al azar, cogí el libro antes mencionado, con la sorpresa siguiente: no sólo me cautivaban los fragmentos escondidos, que más que historias eran verdades poéticas dignas del silencio del alma; no sólo me enamoraba el hecho de seguir leyendo sus páginas... Ese libro tenía historia, y no era por estar ambientado a principios...

Eran maniquíes

Eran maniquíes. Esculturas de plástico condenadas a posar en los escaparates con prendas ideales. Objetos inanimados, decía la gente. Mauricio era uno de ellos, nuevo, pero preso de la misma tienda. Fue al instante de llegar cuando se fijó en ella, en Adelaida.  Mauricio era joven, inexperto, desconocedor de las reglas inquebrantables de cada puesto de ropa. Así que al caer la noche, suspiró y buscó a la bella silueta que había robado su atención desde el primer momento. Allí estaba ella, inmóvil, perfecta, luciendo un sencillo traje primaveral, o veraniego, eso no importaba: la esencia era ella. Se acercó con el torso al descubierto, sus vaqueros rotos y una gorra.  -¿Qué haces aquí? Si te pillan pueden acabar contigo en menos que... -¡Hola! -Estás loco. -Por ti. Cásate conmigo, vayamos a la sección de bodas. Ella rió ante la ocurrencia disparatada del nuevo chico. Entonces, alguien encendió la luz del pasillo.  Mauricio corrió a esconderse entre la ropa, cui...

Promesas, sueños y risas de una triste amapola

Su amistad duró lo que tardó en cruzar mi jardín. Llegó desorientado, sin saber con quien hablar; se había quedado solo. Yo, encantada, le ofrecí sombra en los veranos y refugio en los inviernos. Promesas, sueños y risas que eran nuestras, especiales, de nadie más. Mi corazón se impregnó de sus manías, de todo aquello que le hacía diferente. Mi cabeza, algo más sensata, sabía que algo no iba bien; pero ella también deseaba pensar que aquello era verdad. Empezó a irse al jardín de la casa de al lado. Las amapolas y las margaritas no nos llevamos bien. Él decía que nada cambiaba entre nosotros. Palabras vacías que se clavaban en mi frágil tallo para ir lastimando poco a poco mi alma. A mi pregunta "¿y si te quedas conmigo?" mintió con su afirmación. Un día se fue y no volvió. Se olvidó de mí. Como si todas las promesas, sueños y risas no hubieran existido en su memoria. Yo me quedé aquí, esperándola, como una tonta flor que espera lluvia en agosto. Le envié mensajes: el vient...

Demetrio, un sapito agradable

¡Hola! Hoy os voy a contar una historia bastante curiosa sobre un sapito llamado Demetrio. Demetrio era muy grande, verde y con manchitas más oscuras en su piel. Tenía unos enormes ojos, aunque siempre estaban cansados y los párpados quedaban a mitad de sus pupilas casi. Su boca era grande, muy grande, y sus patas, cuando se estiraba, larguísimas. Había salido a pasear por el parque cuando un niño pequeño le vio. Entonces, corrió hacia él, alejándose de su padre, para darle un beso fugaz y volver a los brazos de quien había abandonado por un instante. Sus mejillas se hicieron redonditas. Os estaréis preguntando ¿No se puso colorado? Pues no; le crecieron las mejillas. Sí. Cosas de sapos. Resulta que esa mañana yo también había salido a dar una vuelta por el mismo sitio que él, y me lo encontré echado en un banco, suspirando. Se me ocurrió pensar que igual se sentía triste, así que le saludé. -Hola señor sapo. -Hola señora humana. -Puede llamarme Toñi. -Demetrio. -¿Por...