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¿Sabías que...?

¿Sabías que... ...todos somos torpes en algo... ...todos tenemos dificultades en alguna cosa... ...todos tenemos rarezas y manías... ...todos tenemos nuestras aficiones, que no tienen por qué coincidir con la persona de al lado... ...todos tenemos nuestros miedos... ...todos tenemos prioridades en la vida, aunque sean distintas... ...y que, en definitiva, todos somos igual de diferentes? © María Beltrán Catalán

La fuente y sus historias

-No puedo describir con palabras las sensaciones que vivo cuando vengo aquí. Los tiempos, la gente, las calles... todo ha cambiado -dijo el anciano, saboreando un aire de nostalgia al respirar profundamente. -¿Por qué sonríes, pues? La Font de Dins, Onda (Castellón) -Esa fuente, la Font de Dins. Las risas, las bromas, todo sigue ahí, con ella. ¿No es fantástico saber que hace ochenta años alguien veía lo mismo que tú ves ahora? Puedes imaginar la historia que quieras; es posible que encierre alguna realidad. -Al hablar, parecía estar en otro mundo, en otra época, en otros ojos, ¡quién sabe dónde! -Por ejemplo... ese trío de ancianos de aquella mesa, que beben y charlan. Dos de ellos son primos y solían jugar a cubrir con sus manos los orificios de la fuente cuando alguien se disponía a beber, de manera que, cuando el sediento ya tenía un pie en la fuente, otro fuera y agachaba la cabeza, el agua salía con tanta fuerza de repente que perdía el equilibrio y caía al agua. ...

El cuento del jardinero

Indira era pedagoga en un centro educativo y, Mario, un profesor de primaria recién licenciado que había entrado a trabajar en el mismo colegio. El joven empezó sus clases con mucho entusiasmo, volcándose en todas y cada una de sus explicaciones. Llegó el culmen del año académico e Indira vio a Mario en su despacho, con la cabeza oculta entre sus manos y los codos sobre la mesa. -¿Puedo? Mario se frotó los ojos y asintió con la cabeza. -¿Qué te ocurre? -preguntó la joven con delicadeza. -No sé. No sé qué es lo que he hecho mal. Indira entró en el despacho, cerrando la puerta tras de sí, y tomó asiento frente a su compañero, que prosiguió: -Hay de todo: alumnos que empezaron bien y han acabado igual de bien, alumnos que empezaron mal y han acabado igual de mal, alumnos que empezaron bien y conforme ha ido avanzando el curso han ido empeorando, alumnos que empezaron mal y conforme ha ido pasando el curso han ido mejorando... Si hiciera bien mi trabajo, todos de...

Qué ingenuidad

Supongo que, a veces, hay personas que nos lastiman. Pasa el tiempo y nos decimos que "aquello quedó atrás", sólo porque podemos vivir sin pensar continuamente en ello. Incluso llegamos a creer que hemos perdonado... Qué ingenuidad. Por causalidad del que manda, un día, te encuentras con alguna de esas personas y te vuelves a sentir exactamente como entonces. Y duele. ¿Qué ha pasado? ¿No habíamos superado ya todo esto? Los miedos, las tristezas, son como espinas... que no dañan si no se tocan, pero son desgarradoras si se mueven tan solo un poco. La única manera de sanar esa herida es sacando esas espinas, mirando al pasado que nos persigue y enfrentándonos a él. Sólo así seremos libres, sólo así podremos verdaderamente perdonar de corazón y sólo así podremos seguir adelante en el camino de la felicidad, sin malos sentimientos al mirar hacia adelante... o hacia atrás. © María Beltrán Catalán (LadyLuna)

Aprender del mundo

Vivimos en un mundo maravilloso. No tenemos más que salir a la calle, alzar la vista al cielo y ver cambiar los colores con los que el sol tiñe las nubes. Si paseamos, hay árboles que con su oxígeno permiten que sigamos aquí. La hierba, los animales, los insectos. La magnificencia de la naturaleza, de todo lo que está vivo. Dicen que el ser humano es inteligente. Sin embargo, no sólo oprime, satura y abusa de este mundo hermoso que se nos ha regalado por alguna razón que no conocemos, sino que además se autodestruye a sí mismo. No tenemos más que salir a la calle, volver la vista a un lado, para ver que hay gente tirada en el suelo, que es su casa. Si paseamos, muchos comercios han cerrado. La desgracia del ser humano, la tristeza, la ira, la intolerancia, los prejuicios, el poder, la avaricia, la pereza e incluso el odio existe entre las personas. El mundo no es nuestro, sólo somos parte de él, y sin embargo nos creemos los dueños. Esto ocurre a todas las escalas, inclus...

Hoy es diferente

La gente entra y sale de la facultad. Todo sigue igual. Un día más. El sol brilla para unos y para otros son las nubes grises las que toman el protagonismo. Cada persona es un mundo, aunque a veces parece que se olvida la pertenencia a un mismo universo. Jóvenes risueñas acceden al edificio hablando de temas de efímera importancia. Y, a la vez, allí está ella, entre un par de motos y un coche, de espaldas al reloj de la vida. Nadie se ha dado cuenta de que hoy es diferente. Está sola. No ríe. Está quieta. No grita, saludando, como de costumbre. Y, sin embargo, nadie se ha dado cuenta de que hoy es diferente, de que algo no va bien, de que algo ha cambiado en su mundo y, por consiguiente, en el universo de esa calle. Una mirada. Un abrazo. Y lágrimas terribles. Una soledad que ha sido compartida durante años, más de los que yo poseo, se ha convertido en un vacío desgarrador por quien se ha marchado para siempre. Un vacío a vivir en solitario, si se sobrevive a él. Un vacío q...

Un deseo

A veces desearía ser invisible; otras, formar parte de ese vestido amarillo que cubre la tierra del campo, contrastando con el triste gris de este cielo inglés que no me deja ver el sol. Ahora lo pienso y me resulta curioso: un extremo u otro; pues me encuentro en ese incómodo intermedio de ser visiblemente distinto. Aquellas flores son como modelos hermosas, con sus pétalos perfectamente dibujados y sus tallos altos y esbeltos. Y yo, un solitario diente de león, un pequeño copo de nieve que no se deshace en primavera. Un deseo, eso es lo que soy. Un anhelo imposible, un sueño de los que no se recuerdan al despertar. En conjunto, somos una fotografía congelada en el tiempo, un cuadro de esos que se exponen en los museos, que la gente mira sin ver, en realidad, más allá de las extrañas pinceladas. De repente, una mano me separa de mis raíces, paraliza mis pensamientos. ¿Qué ocurre? Oh, una niña. Más bien, una joven. Detrás de ella aguarda un chico algo mayor que ella. -Cuando era pe...