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Regreso Fugaz.

La noche ya abrazaba la ciudad cuando regresé. Se me hace extraño caminar, a solas, bajo la tenue luz procedente de las estrellas. Mis pasos tranquilos eran el único sonido que violaba el silencio a esas de la madrugada. El traje que vestía, negro cual cielo nocturno en un frío invierno, mecía ligeramente su tela, a la vez que avanzaba por tu calle. Nuestra calle. Mi pálida piel contrastaba con el negro y rizado de mi cabello, el cual no llegaba a la altura de los hombros. Me detuve frente a tu bloque, de viejos ladrillos y abandonada apariencia. Esbocé una sonrisa, antes de comenzar a subir las escaleras que llevaba al primer piso, con la maleta azul marino, que tu misma me regalaste, a cuestas. Busqué veloz, en mis bolsillos galanes, hasta encontrar la llave, la cual introduje en la cerradura de la puerta para abrirla lentamente. Con sigilo, entré, dejando la maleta tras la puerta, ya cerrada de nuevo.

Jazmín. Tu fragancia predilecta había inundado el hogar, provocando una sonrisa en mis finos labios.

Me deslicé, cual vampiro, en silencio, por el corredor, hasta llegar al dormitorio que una vez fue nuestro. Y allí estabas tú, sumida en un profundo sueño, semidesnuda, en una cálida noche de Agosto.

No pude evitar una sonrisa, al comprobar que aún dormías abrazada al osito de peluche que yo misma te regalé.

Tus carnosos labios, entreabiertos, y tu suave tez angelical, realzaban tu belleza de una manera sobrenatural. La tenue luz procedente de la luna penetraba en la habitación sin turbar tu dulce sueño.

Me acerqué, embelesada, hacia ti, y fijé la mirada en tu rostro, del cual aparté un mechón de pelo, uniéndolo al resto de tu castaño, rojizo y largo cabello, que se hallaba revuelto sobre la almohada.

Acaricié con ternura tus mejillas, provocando una sonrisa inconsciente en tus carnosos labios.

- ¿Recuerdas tus palabras, ángel eterno? – Susurré. – Despierta, temo perderte… ¡Duerme!

Aunque lo hiciera, nunca quise marcharme. Y tú lo sabes. Tanto como yo comprendo que mereces a alguien que sepa ofrecerte algo más que una relación clandestina.

Desvié la mirada a la cómoda de madera, situada a los pies de la cama, sobre la cual descansaba, enmarcado, tu cuerpo entregado a los brazos de aquel al que llamabas amigo... Ahora soy yo, quien ni siquiera juega con ese papel en tu vida.

Retorné mis pasos, volviendo la vista atrás, para contemplarte por última vez.

- Dormida, realzas tus encantos... ¡Despierta!

Y, mientras le abrazas de nuevo, sonriendo, sé que te echaré de menos.
Mi dulce princesa y eterno ángel. Mi único y verdadero amor.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
No se como aces estas cosas,pero otra vez solo puedo decir q es im-presionante.Pero aun asi...¿no crees q son un poco dramaticos tus textos?A ver si aces uno q acabe bien,q si no...Sniff,sniff...en fin,q sepas q este tambien ma encantao y q lo dicho,q a ve si aces uno un poco mas alegre...Plaf,plaf(charcos xD)
Anónimo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Rafa! El primero:P (y siempre, para mí^^) Gracias por el comentario; mis textos no son dramáticos... ¿no? Te dedicaré alguno más alegre, mi angelito ;)

Primo! Yo también estoy de examenes, hoy mismo he tenido 4 globales T.T A ver si acaban ya las clases;) Estaré esperando tus comentarios! Suerte:P

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