A veces el mundo es tan cruel como en los libros donde el protagonista no hace más que pasar penurias. Hay personas que realmente desean, porque necesitan, desaparecer del mundo aunque sea un rato. Volver a respirar, poder descansar. Este objeto está pensado para ellas, para que, independientemente de la edad, puedan teletransportarse a una casa invisible donde nadie más pueda verlas ni hacerles daño. Una casa donde solo se mira con amor, cuando quien es mirado tiene él ánimo de dejarse ver. Un espacio seguro, tranquilo y paciente, que permita a toda persona esconderse para, cuando sea posible, seguir adelante.
— ¡Hola chicos! —Toñi, la joven cuentacuentos, llegó a la zona de juegos en la que los pequeños se divertían. — ¡Buenos días Toñi!—contestaron varios, mientras el resto avisaba a los demás de que había llegado ya. No tardó en hacerse un corro en derredor de ella. Todos la miraban expectantes, sonriendo. También se acercaron padres curiosos y algún adolescente intrigado. La joven se había sentado en uno de los bancos de piedra, en el Parque de los Pinos. — Mmm... ¿Sabéis qué es esto? —La joven señalaba con su mano derecha un objeto que sostenía con la izquierda. — ¡Un sombrero! —Dijo Irene enseguida. — ¡Una gorra de abuelo! —Exclamó Rafael. La risa general de los más mayores hizo sonrojar al chico. — Tal vez usted pueda responder a la pregunta que he hecho —se dirigió a uno de los padres que contemplaban la escena. — Es una boina. — Exacto. Una boina. Es el nombre que tienen los sombreros planos con los que solemos identificar a las personas mayores. ¿A qui...
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TKM
¡Besitos!