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En Ese Momento.

En el momento que te sientes solo, que no queda nada en el mundo que te ayude a fingir siquiera una triste sonrisa. En el momento que cierras los ojos porque piensas que ya viste suficiente, y no sabes en qué direccion mirar. En el momento que admites tu realidad, esa que odias y soportas en silencio desde hace tanto. En el momento que decides afrontar la verdad, en la que sus dedos señalan hacia cada uno de tus defectos, y sus risas se alimentan de tus llantos. En el momento que pierdes tu rumbo y no encuentras una mano amiga que esté dispuesta a ayudarte a encontrar el camino. En el momento que sabes que vas a caer, y no crees poder evitarlo... En ese momento: confía. No estás solo, nunca lo has estado. Siempre hay alguien dispuesto a darlo todo por lograr una sonrisa tuya; no es imposible ser feliz. En el momento que pienses lo contrario, solo en ese momento: Recuerda. Recuerda quién cogía tu pequeña mano cuando diste tus primeros pasos, quién ha discutido contigo y ha vuelto a tu l...

Tu guitarra.

Silencio. Ninguna nota, ningún sonido. Nada. Sólo han pasado unos días, y añoro la melodía de tu guitarra, acompañada de tu voz, cantando cualquier canción. Silencio. Aún quedan semanas de ausencia. Y duele. Duelen mis manos al pasar los dedos por las cuerdas que hacías vibrar sentado junto a mí. Mis oídos, porque no se hacerla sonar como tú. Mi voz, mi boca, mis labios, porque no saben pronunciar más que tu nombre, esperando una respuesta que no sucede. Silencio. Él teléfono parece dormir desde que agosto te llevó de mi vera para que la arena y el mar disfrutaran de tu presencia. Silencio... Te echo de menos. Los celos asaltaron mi alma, muy pacientes fueron. La arena y sus amigas, todas adormando tu mirada de niño inocente, ella recorriendo poro a poro tu piel. Y yo estoy aquí, lejos de tí, anhelando el momento de volver a tenerte entre mis brazos, a veces con el temor de no sentirte mío cuando tu regreso suceda. Lo siento, pero no puedo remediarlo: TE ECHO DE MENOS. No dudes, no te ...

Mi Cajita De Música.

"Y abres la cajita de música que te regalé" justo antes de que te marcharas. Comienzas a oír la pausada melodía de un latir que ya conoces; suspiras. Ahora comprendes por qué dije: Tómala, ahí me tienes. Una lágrima cristalina cae en el interior de la caja, sobre mi corazón, aquel que te entregué con total y plena devoción. Tu nombre se dibuja en él... ¿Aún te sorprende? Podrías cerrarla, guardarla para siempre, o tirarlo en algún rincón olvidado de tu pequeño mundo. O, tal vez, dejarla abierta, mostrarle a otros ojos lo que una loca enamorada ha llegado a entregarte. Podrías, quizás, guardarla en ese cajón donde descansan las cartas que mi sinceridad fue escribiendo mientras nuestros dedos entrelazados unían nuestras almas al pasear por el parque, nuestra primera tarde, para después, al caer la noche, abrirla, escuchar mis latidos, sonreír al saber que aún vivo, porque me cuidas tú, situarla en la repisa, junto a la cama en la que posas tus sueños, y dormirte escuchando mi m...

¿Qué Has Hecho?

Entro en tu casa, la puerta estaba abierta, todo esta oscuro, frío, vacío... Ya se donde estás, me cuesta creer la manera en la que ahora destrozas tu vida. El salón, aparentemente normal para un quinceañero desordenado, paso al corredor, la luz del cuarto de baño está encendida, parece mentira, la manera en la que ahora desperdicias tu vida. Tú ahí, tirada en el suelo, y éste con gotas recientes de sangre... El lavabo también tiene manchas, y no me extrañó ver restos de lo que yo llamo estupidez, y tú llamas droga. Dime, ¿quién te metió en esto a lo que tu llamas mundo, y yo llamo infierno? Dime, ¿qué te hizo pensar que no te podías levantar cuando te caíste? Dime... ¿qué te hizo pensar que estabas sola? ¡Dime! ¿Quién borró de ti la ilusión de vivir? ¡¿Quién te haría pensar que estabas en un abismo, metiéndote así en él...?! Salgo de la habitación, llevándote conmigo, estás inconsciente... Te llevo a tu dormitorio, hasta tu cama, y me siento en el suelo, a tu lado... Las persianas est...

Semana Santa

El cielo amenazaba con sus nubes las calles de Sevilla , donde el gentío trajeado caminaba apresurado en busca de alguna cofradía. Algunos se guiaban por folletos o mapas, otros ya sabían su destino, y el resto probaba suerte siguiendo a la multitud. Habían comenzado a sonar los tambores, trompetas y demás, aún en la lejanía. El aire, impregnado de diversos aromas de caros perfumes, fue adoptando un olor a incienso, a medida que la música se hacía más audible, y la imagen de Cristo, tallada en madera, se acercaba balanceándose ligeramente al paso de los costaleros que lo elevaban. Ella lo admiraba expectante y emocionada. Su mirada se volvió acuosa cuando la esbelta cofradía se detuvo frente a ella, que hacía la señal de la cruz y rezaba. Él la miraba sin comprender tanta pasión por una imagen tallada en madera. Retomando su camino, el paso saltó majestuosamente antes de comenzar de nuevo a balancearse. Los nazarenos, bajo su capirote, caminaban en acto de penitencia acompañando a las...

El Libro.

Hoy el antojo me llevó al parque, donde una niña de apenas seis años logró hacerme sonreír. El verde había inundado los jardines que rodeaban el camino por el que paseaba, tranquila. Respiré hondo. Un respiro después de duros días de estudios para la universidad. Decidí sentarme en un banco de piedra, frente a un tobogán y otros juegos para niños, en el que se hallaban jugando... Recuerdo cuando mi mayor preocupación no era más que esconderme bien para que uno de mis amigos no me encontrase; jugando al escondite. Qué tiempos aquellos. Abrí mi cuaderno, éste, precisamente, y me dispuse a escribir cuando una niña, de apenas seis años, posó su delicada mano sobre mi rodilla. Era muy linda, su mirada inocente y su dulce sonrisa, en un rostro de tez clara y suave, enmarcado en un oscuro y largo cabello que se mecía ligeramente con el viento, la hacían parecer un pequeño angelito. Vestía cual muñequita de porcelana, con un vestido de terciopelo cuidadosamente planchado, granate. Sus negros z...

Regreso Fugaz.

La noche ya abrazaba la ciudad cuando regresé. Se me hace extraño caminar, a solas, bajo la tenue luz procedente de las estrellas. Mis pasos tranquilos eran el único sonido que violaba el silencio a esas de la madrugada. El traje que vestía, negro cual cielo nocturno en un frío invierno, mecía ligeramente su tela, a la vez que avanzaba por tu calle. Nuestra calle. Mi pálida piel contrastaba con el negro y rizado de mi cabello, el cual no llegaba a la altura de los hombros. Me detuve frente a tu bloque, de viejos ladrillos y abandonada apariencia. Esbocé una sonrisa, antes de comenzar a subir las escaleras que llevaba al primer piso, con la maleta azul marino, que tu misma me regalaste, a cuestas. Busqué veloz, en mis bolsillos galanes, hasta encontrar la llave, la cual introduje en la cerradura de la puerta para abrirla lentamente. Con sigilo, entré, dejando la maleta tras la puerta, ya cerrada de nuevo. Jazmín. Tu fragancia predilecta había inundado el hogar, provocando una sonrisa e...