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Inevitable

Un abrazo tierno, fuerte, cálido, seguro. Una mirada. Una sonrisa. Una lágrima. Un beso, otro, y otro. De nuevo un abrazo seguido de un beso, cada vez de manera más pasional, desesperad a, romántica, única, de película. Fue inevitable darse cuenta. Se querían.

Sueños de papel

Escrito el 01/04/09 a las 14:52 Llevaba días observándote, paciente, arreglado con una amable sonrisa y unas gafas de sol. No tendrías más de sesenta años. El pelo cano sobresalía del viejo sombrero que cubría tu cabeza. Cada tarde me preguntaba por qué comprabas el periódico y arrancabas una a una las hojas del mismo para hacer figuras de papel que luego te arrebataban los niños: barcos, grullas, mariposas, aviones, flores, conejos... Así que no pude evitarlo, me acerqué a ti. - ¿Por qué lo haces? - Disfruto. - ¿Qué sentido tiene? - El que desees darle. - Pero, ¿por qué? Gastar dinero todos los días para nada es absurdo. Esbozaste una sonrisa antes de responder. - ¿No es maravilloso el sonido de sus risas? - se refería a los niños.- ¿Y el tenue calor del sol sobre las mejillas? - ¿Qué tiene que ver eso, viejo? - No leo las noticias porque ya sé lo que me van a contar: más guerra, más hambre, más muertes, más discusiones políticas, más crisis. Todo desagradable. En cambio, ¿qué son e...

Perdona

Has de darte cuenta que de nada sirve guardar el rencor o el orgullo bajo el brazo, es mejor cuidar el perdón: él te hace libre, humilde, mejor persona y un poquito más feliz.

En estos tiempos que corren...

Había abierto las ventanas y colocado las persianas de tal manera que permitían al Sol dejar caer sus destellos dorados sobre los pupitres dispuestos en fila. Estaba tan entusiasmada explicándole a nadie lo que habíamos estudiado hasta el momento que no se percató de mi presencia. La verdad es que yo, que siempre he sido un negado para las letras, aprendí en aquellos cinco minutos lo que en horas no había conseguido. Y no fue más tiempo porque, pronto, oí voces de compañeros acercarse, por lo que salí del aula y volví a entrar llamando antes de hacerlo. Ella bajó de la tarima y tomó asiento en la primer fila, junto al pasillo, como si nada hubiera pasado o acabara de llegar también. Creo que fue en ese momento cuando me enamoré de ella, de sus ganas, sus sueños, su ilusión, su boca callada y sus ojos parlantes. Es hermoso encontrar a alguien que estudia algo con y por vocación. Me hice amigo de ella y la animé a trabajar en aquello para lo que había nacido; no me costó convencerla. Aho...

Tonta

13 de Oct, a las 16:53 Hoy has vuelto a colarte donde no debías, te has reído conmigo, nos hemos abrazado, todo estaba bien entre las dos. Entonces me he despertado. Y ahora me pregunto por qué, por qué sigo pensando en ti, soñando contigo, echándote de menos y odiándote a la misma vez, por qué a ti te resultó tan fácil olvidarlo todo y por qué a mi me cuesta tanto. Pero nadie responde. Es frustrante.

Reconciliación

Hace días que las lágrimas entorpecen mi intención de coger el bolígrafo, deslizarlo por las páginas de mi cuaderno, y descubrir así la razón de esta profunda tristeza mía. Un intenso vacío golpea mi corazón. Los errores cometidos crecen en mi memoria de manera vertiginosa. ¡Ay, si pudiera...! Me equivoqué muchas veces: pronuncié puñales que nunca quise lanzar contra quienes más amé, desconfié de las personas que me aceptaron tal y como soy, hice rebosar sus vasos de paciencia con gotas de orgullo, celos y qué se yo. Y lo siento, lo siento en el alma, en lo más hondo de mi ser. Hoy, en la cama de este hospital donde la única visita que recibo es la del señor arrepentimiento, sé que lastimé los brazos que me arropaban en invierno, los besos que llenaban mis primaveras, las risas que refrescaban mis veranos, la mirada que alejaba la melancolía del otoño. Todo eso forma parte de mi pasado, un recuerdo que extraño, que añoro, que echo de menos. Un rincón de mi mente me culpa cons...

Sigo caminando

El sol del mediodía le otorga al mar un azul eléctrico que, embelleciendo su relieve, se extiende hasta el horizonte donde se funde con un cielo, libre de nubes, que no parece del todo inalcanzable. Algunas gaviotas sobrevuelan la playa mientras la gente se entretiene, de alguna manera, a sendos lados de mi paseo por la orilla. Las olas visten mis pies y tobillos con un particular brillo. Palabras ininteligibles, risas y llantos de los más pequeños, llamadas de los mayores, el mar, la brisa, es todo cuanto se oye. Cierro los ojos e inspiro, los abro y empiezo a caminar. Dos jóvenes se han metido en el agua, una salpica a la otra con las manos, quien le responde de la misma forma. Ríen. Bucean mar adentro y salen para continuar con el juego. Un niño pequeño ha excavado en la arena seca, junto a la sombrilla que da cobijo a quien, supongo, será su madre, y se dedica a transportar agua del mar a su hoyo con un cubo. Hago memoria y cruzan mi mente imágenes similares en las que soy yo la pr...