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Entradas

Háblame

Háblame de las montañas, de la brisa, de los ríos, del color de las mañanas, del perfume de los lirios... Las montañas siempre son hermosas. A veces visten de verde; a veces, de blanco, como si fueran a contraer matrimonio con el invierno. Cuando duermen no se ven, pero se oyen, y ese sonido es hermoso. Los insectos se reúnen y cantan, creando una melodía en la que todos los músicos de la orquesta parecen saber cuándo han de tocar su instrumento. La brisa es fresca, especialmente por la noche. Se respira aire puro, del que no existe ya en las ciudades. Allí el color de las mañanas es un cuadro de múltiples colores que se funden en un bello amanecer. El comienzo de un día. El nacimiento de un río que desembocará lejos, pero que siempre sigue, que no se detiene y sin embargo calma a las personas que junto a él se sientan, dejándose envolver por el perfecto perfume de los lirios. Háblame como si fueras la que inventa los amores. Y es en esa magia donde nacen los primeros amores, las se...

Lo que cuentan las palabras

Anoche, hablando por teléfono con David, recordé la entrada que publiqué hace un tiempo " ¿Qué ven ustedes? ", en la que a partir de una fotografía os pedía que dejarais volar vuestra imaginación. La experiencia fue realmente bonita: de una fotografía salieron muchas historias diferentes. Pues ahora bien, se me ha ocurrido que, para amenizar un poco más el blog, que lleva unos meses bastante apagado, voy a proponer tres palabras, y escucharé lo que tengan que decirme. Lo que oiga, lo escribiré y lo compartiré con vosotros, como haré en esta entrada. La idea es que, después, además de comentar vuestra opinión sobre mis relatos, si os ha gustado alguno más en concreto y por qué, etc., como soléis hacer; los que queráis, escojáis una de las tres palabras propuestas e intentéis escribir una pequeña escena o relato de apenas unas líneas con esa palabra. ¿Qué os parece? He pensando que puede ser divertida, ¡así que os invito y animo a probarlo! Palabra 1: Micrófono La música esca...

Día 3 sin ti

Salgo al jardín y no hago más que verte, Duna. Cuando me levanto a desayunar miro tras la puerta de cristal donde siempre te ponías para acompañarnos y me duele que hoy esté vacío ese espacio de vida que nos regalabas para empezar el día. Me voy a clase, y extraño las caricias que me pedías antes de cerrar la puerta, la mirada de cariño, esa que habla por sí sola. Regreso y me parte el alma que no me recibas como sólo tú sabías hacer, con ese amor desinteresado, ese que nunca pide nada y sin embargo lo da todo. Almuerzo y lloro. Sigues sin estar ahí, tras el cristal de la puerta del porche, sin esperarme, sin mirarme, sin estar ahí acompañándome desde el otro lado. Llega la tarde y saber que no puedo ir a pasear contigo hace que mi mundo se derrumbe en mil pedazos. Ceno. Todos te echamos de menos. Extraño darte el bocadillo que siempre te preparaba mi madre y que tanto disfrutabas. También oír la puerta en señal de que mi padre había salido a darte cenar o a sacarte al parque de atrá...

Miradas distintas

Una pareja de jóvenes se había reunido bajo la Cruz de la Cerrajería, en el Barrio de Santa Cruz de Sevilla y, sentada, bebía, reía y conversaba discretamente. Sólo les vimos tras las rejas de la base que sostenía el monumento. Él llevaba un pendiente en la oreja izquierda, el cabello oscuro, corto, y hablaba con la delicadeza de quien, enamorado, intenta mantener el encanto de una conversación para ellos mágica. Ella, también morena, con el pelo liso y largo, reía cuidando que ésta fuera suficiente; en volumen, duración y entonación había una armonía que sólo se consigue con los nervios de las primeras citas, esas que nos hacen querer suavizar y resaltar, a la vez, nuestros encantos. Estimé entonces que no llevarían más de un mes y medio saliendo juntos. Les dibujé con la mente miradas capaces de tocar al otro, que se aferraban a los ojos por temor a la posibilidad de intimidar a tan grata compañía. Caminábamos ya por el Callejón del Agua, para salir del encanto permanente de las cal...

El duende de la chaqueta roja

Cuenta la leyenda, que un escritor anduvo por el sendero de Salburúa durante mucho, mucho tiempo. Escribía fantásticas historias en las que paseantes se encontraban con su personaje principal, su protagonista favorito, el duende de la chaqueta roja. La historia narra que al morir el artista, el duende de la chaqueta roja habría de escaparse de sus letras para cobrar vida entre los árboles de Salburúa. Esta fotografía me la hizo David G. Felis Dicen que sólo quienes son niños de espíritu pueden verle. Aparece de repente, entre los árboles, y ríe hasta llamar la atención de quien quiere. Se miran a los ojos mientras el personaje se acerca canturreando sílabas sin sentido en una melodía preciosa y divertida. Entonces, se agacha o salta, según la persona, para ponerse a la altura de la misma, y le susurra algo al oído. El efecto es inmediato y una sonrisa nace en los labios de ambos, justo en el momento en el que el duende de chaqueta roja desaparece entre los árboles otr...

Respuesta al lamento lunar

Este escrito es una respuesta de la Tierra al lamento lunar, el cual podéis leer haciendo clic " aquí. " Luna mía, querida, no te martirices con esos pensamientos que no hacen más que dañarte. No luces un brillo como las estrellas, eso es cierto; sin embargo, sabes captar lo mejor de ellas para compartirlo conmigo, con quienes gozamos del placer de tenerte cerca. Es eso lo que te hace especial, Luna, que ves más allá de ti para permitirle al astro Sol iluminar mis pequeños pensamientos, incluso cuando él mismo me da la espalda. Tú siempre estás, y es por eso que te quiero, que me gusta saberte cerca, a mi lado, que adoro mis noches y mis días contigo. No te he olvidado; nunca lo he hecho. A pesar de esa absurda costumbre tuya de callar tus lamentos tras ese rostro oculto que nunca me confías. La realidad es que aún no se aclaran con la enfermedad causante de esta alarmante despreocupación por ti. Algunos dicen que se trata de "materialismo", otros la llaman "e...

Pensamientos de un día cualquiera

Cansada de estrellas fugaces , busco una real y constante, que a mi lado aguarde cuando la oscuridad, apagada  en su plenitud, se cierna sobre la ciudad en la que vivimos las dos, los dos...  Amistades efímeras que se piensan eternas, que dañan el alma, el corazón y qué sé yo.