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Y él, con un monopatín

El viento ondeaba su cabello negro, el cual enmarcaba un rostro afable y usualmente sonriente. Podría haber sido hasta entonces, para él, un día tranquilo o ajetreado, suave o intenso; en cualquier caso, una jornada normal. Pedaleaba acompañado de dos amigos, cruzando la ciudad que le acogió cuando emigró buscando un trabajo digno acorde a su preparación académica. Sin embargo, había algo diferente en aquella calle. No pudo evitarlo, se detuvo y contempló la escena. Había terror, la armonía estaba en ruinas, como todo lo que toca quien vive, o más bien muere y mata, con el odio.  La anciana todavía recordaba que una mujer gritaba. Yo, aspirante a periodista, tomaba nota veinte años después del suceso. Mencionó entonces la velocidad con la que aquel joven bajó de su bicicleta y se introdujo en aquellas tinieblas. No era presuntuoso. Allí no había público para aplaudir, solo un hombre armado atacando a una mujer, y él, con un monopatín, decidido a detenerlo. A sus amigos no les ...

Polvo y humo

Tiembla el suelo, relámpagos suenan por todas partes, el polvo y el humo inundan el aire. No puedo ver, ni oír, apenas puedo respirar. Tengo que encontrar a mi hermana. No sé cómo. Me agarra el pie. Ya no puede caminar. La tomo en brazos. Avanzo en cualquier dirección, sin saber qué sentido tiene. He de salir del ruido. Debo escapar del polvo. Nos pondremos a salvo. Autora: María Beltrán Catalán (LadyLuna)

El valiente descalzo

-Nos hemos perdido. Y encima me he dejado un zapato por el camino, con mi calcetín. Me duele el pie. -Sigamos adelante. En algún momento nos encontraremos, ya verás. -Es inútil. Llevamos horas dando vueltas. -¿Y qué propones, si no? Mira, allí parece que hay algo. -Quiero irme a casa... El sonido de las hojas secas retumbaban en el silencio de aquel laberinto. Armando seguía a Candela como un animal de compañía, sin plantearse por qué o para qué. -Parece un túnel -exclamó ella en voz baja, con cierta expectación. Aquella frase hizo reaccionar a Armando. Se trataba de un conducto creado con ramas, cuyo interior y destino eran desconocidos e inciertos. -Yo ahí no entro, Candela. -Pues ya nos veremos... Candela se colocó a cuatro patas y se introdujo en el túnel. Escuchó la voz de Armando, frustrado y resignado, cada vez más cercana. -Lamentarse solo te hace más infeliz, Armando. Disfruta. -¿Y si nos come un animal? -Al menos habrás disfrutado los minutos anteriores. ...

El lienzo de los recuerdos

Anna apoyó sus manos en los brazos de su butaca y se dejó caer suavemente. Luego, esbozó una sonrisa mientras su mirada se perdía en algún punto de la mesa que tenía justo frente a ella, llena de libros. Había pasado más de medio siglo y todavía lo seguía haciendo: aparecía sin más, como un eco de lo que fue y no llegó a ser, de las ganas que se quedaron paralizadas porque no había alternativa o, quizá, porque era lo correcto. Ella sabía que la memoria no siempre recuerda los hechos tal y como ocurrieron, que siempre hay un tinte que depende de las circunstancias, emociones, experiencias y decisiones. Probablemente ensalzaba demasiado a una persona que no era más que eso, y en aquel entonces apenas un adolescente, pero jamás olvidaría los momentos más significativos que vivió con él y lo que significaron para ella. Del mismo modo, nunca sabría si él se acordaría de ella alguna vez, si sus tintes teñían de intensidad o difuminaban el lienzo de aquellos días que compartieron.  ...

Porque era tarde

Anoche llamó a mis brazos desde el otro lado de la habitación, mientras la recorría en diagonal para alcanzarme; acababa de llegar de trabajar, así que miré el reloj, impaciente, porque ya era tarde. Pronunció mi nombre con un amor que no cabe en este renglón, pero yo miré el reloj... porque era tarde. Levantó sus manos con ese aura infantil lleno de ternura que la envuelve y yo, sin embargo, miraba el reloj porque era tarde. Ni siquiera m e perdí en su mirada del color de la tierra mojada; estaba mirando el reloj porque era tarde. Noté su beso en mi mejilla y supe que se había subido a una silla para ponerse a mi altura, pero yo, que miraba el reloj, le dije que ya era tarde. Melting Watch, Salvador Dalí Anoche se escondió al apagar las luces en el otro lado de la cama y empezó a hacerme cosquillas. Me enfadé, la reñí, miré el reloj y le recordé que era tarde. Susurró un "te quiero, papá" y mi respuesta fue "tengo que dormir, mañana madrugo". Hoy, por e...

La llave

Key #7, pintura deTodd Bonita El anciano encontró la llave. Contempló a su nieto, cerró y apretó sus manos. El niño dormía plácidamente mientras utilizaba la llave a modo de peluche. El anciano parecía debatirse entre alzar la voz y despertarle con un grito, arrancarle la cadena de bisutería de repente o golpear la pared hasta que ésta se derrumbara y él consiguiera tranquilizarse. Optando por la última de las opciones, el ruido hizo que su hija se apresurara a aparecer por la puerta del dormitorio. -Padre, ¿qué ocurre? -Ese niño al que tú llamas hijo y yo llamo nieto me ha quitado... -dio un nuevo golpe -mi llave. Otra vez. -Respira, padre, como hemos practicado otras veces -dijo ella, acercándose con la ligereza de una gacela a su padre para tomar sus manos y mirarle a los ojos. -Es mi llave. -Lo sé, es tu llave... ¿y qué abre? -Mi mueble. -¿Y qué hay en tu mueble? -Todo. -No, padre, responde a mi pregunta. El anciano se zafó de su agarre con brusquedad y ...

Tiemblan las paredes

Olivo. Pintura de Elidon Hoxha Tiemblan las paredes de mi habitación, tiritan de frío los recuerdos; éstos, asustados, corren al presente en un intento desesperado de detener lo que no tiene remedio. Qué amargo es el sabor de la urbanización innecesaria de zonas verdes. Esos olivares que ya no existen, pero estuvieron ahí, en los que me subía con amigos para conversar tranquilamente, para reír, jugar o contemplar la luna entre pequeñas ramas y aceitunas. Ahora sólo queda asfalto, un centro deportivo y edificios vacíos, fríos y desolados. Abandonados. Una realidad ya asumida, por la que paso de lado para que no me roce la nostalgia. Sin embargo, ahora es diferente, hoy tiemblan las paredes de mi casa. Inmensas máquinas expertas en destrucción y borrado arrancan los olivos que me vieron crecer, con los que compartí momentos de alegría, de tristeza, de admiración y frustración. Esos escondites de piedras preciosas que no eran más que piedras amarillas, de tierra. Esos cami...