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Tonta

13 de Oct, a las 16:53 Hoy has vuelto a colarte donde no debías, te has reído conmigo, nos hemos abrazado, todo estaba bien entre las dos. Entonces me he despertado. Y ahora me pregunto por qué, por qué sigo pensando en ti, soñando contigo, echándote de menos y odiándote a la misma vez, por qué a ti te resultó tan fácil olvidarlo todo y por qué a mi me cuesta tanto. Pero nadie responde. Es frustrante.

Reconciliación

Hace días que las lágrimas entorpecen mi intención de coger el bolígrafo, deslizarlo por las páginas de mi cuaderno, y descubrir así la razón de esta profunda tristeza mía. Un intenso vacío golpea mi corazón. Los errores cometidos crecen en mi memoria de manera vertiginosa. ¡Ay, si pudiera...! Me equivoqué muchas veces: pronuncié puñales que nunca quise lanzar contra quienes más amé, desconfié de las personas que me aceptaron tal y como soy, hice rebosar sus vasos de paciencia con gotas de orgullo, celos y qué se yo. Y lo siento, lo siento en el alma, en lo más hondo de mi ser. Hoy, en la cama de este hospital donde la única visita que recibo es la del señor arrepentimiento, sé que lastimé los brazos que me arropaban en invierno, los besos que llenaban mis primaveras, las risas que refrescaban mis veranos, la mirada que alejaba la melancolía del otoño. Todo eso forma parte de mi pasado, un recuerdo que extraño, que añoro, que echo de menos. Un rincón de mi mente me culpa cons...

Sigo caminando

El sol del mediodía le otorga al mar un azul eléctrico que, embelleciendo su relieve, se extiende hasta el horizonte donde se funde con un cielo, libre de nubes, que no parece del todo inalcanzable. Algunas gaviotas sobrevuelan la playa mientras la gente se entretiene, de alguna manera, a sendos lados de mi paseo por la orilla. Las olas visten mis pies y tobillos con un particular brillo. Palabras ininteligibles, risas y llantos de los más pequeños, llamadas de los mayores, el mar, la brisa, es todo cuanto se oye. Cierro los ojos e inspiro, los abro y empiezo a caminar. Dos jóvenes se han metido en el agua, una salpica a la otra con las manos, quien le responde de la misma forma. Ríen. Bucean mar adentro y salen para continuar con el juego. Un niño pequeño ha excavado en la arena seca, junto a la sombrilla que da cobijo a quien, supongo, será su madre, y se dedica a transportar agua del mar a su hoyo con un cubo. Hago memoria y cruzan mi mente imágenes similares en las que soy yo la pr...

Versos en el rumor de las olas

Escribiré, en la arena de la playa en la que juntos veamos amanecer, versos que hablen de los dos, palabras llenas de amor, letras que señalen al horizonte... Porque lo nuestro es tan verdadero como infinito. Y el mar con sus olas se llevará la poesía, la rima, las reglas, y entonces te besaré ante el Sol que desde lejos envidie nuestro cuento perfecto. Las palabras no seguirán allí al día siguiente, pues el mar, las guardará en lo más profundo de su esencia para así poder dedicárselas a la luna cuando caiga la noche. Dicen que sólo algunos logran descrifrar esos versos en el rumor de las olas; será que lo bello, lo realmente hermoso, es invisible a los ojos de quien no ama como nosotros.

¡Viva España!

Hoy el mundo es de LA ROJA. ¡Sí, señores, campeones de Europa, campeones del mundo! Bonita manera de recordarnos que la unión hace la fuerza, que no hay quien pueda con nosotros, que juntos (seamos del sur, norte, este, oeste, centro o de las islas) somos ESPAÑA ¡¡¡y que este ha sido NUESTRO MUNDIAL!!!

Para siempre

Al día siguiente te ibas de mi lado. Dos meses, nos habíamos dicho, sólo son unas semanas y volveremos a vernos. Sin embargo, ya te echaba de menos. Sabía que me faltarían tus buenos días, los besos antes y después de hacer cualquier cosa, tus desayunos extraños pero bellos en ti, tus brazos y abrazos, tu respiración, tu voz, tus caricias, tus buenas noches... Y no quería. No pude evitarlo. Las lágrimas desnudaron mi fragilidad ante tus ojos que, sencillos, imitaron a los míos. No sé cuánto tiempo pasamos abrazados tomando con lentitud las granizadas de limón demasiado ácidas y caras que habíamos comprado. Tus manos tendrían mi sabor salado y mis dedos, el tuyo. Jamás me he sentido tan unida a una persona ajena a mi familia, tan querida por alguien que no lleve mi misma sangre. Mi mejor amigo antes que todo y, ahora, mi más sincero amor. Aquello era real, verdadero, nuestro. La felicidad que sentía en tu regazo era plena, llena, de ensueño, como cada momento que compartí contigo. Termi...

Castillo de arena

No solía ir a la playa y, cuando lo hacía, las ganas de jugar con la arena y crear castillos se escondían, tímidas, en sus ojos oscuros. "Yo no sé hacerlos, nunca los he hecho" se decía para justificarse a sí misma, sin embargo, llegó una mañana y se enteró de que aquella tarde habría una especie de exposición de esculturas de arena, ¿por qué no iba ella a construir su castillo? Al fin y al cabo, no era algo tan raro. En un par de horas y media Almudena había terminado su obra. Había quedado bastante bien, un edifico pequeñito, con un par de ventanas y dos torres a los lados. La puerta era grande. Aplaudió para sí, riéndose. Es lo que ocurre cuando se tienen cuatro años: saben encontrar la felicidad en cualquier parte. Se imaginó entrando en él, caminando por una alfombra roja para llegar al trono de su padre y al de su madre. Luego subiría unas escaleras a una de las torres y se asomaría a un balcón. A lo lejos, divisaría a su príncipe azul galopando veloz para casarse con e...